Estados fallidos

  • José Carlos Rodríguez Soto

Resumen

Si uno decide entrar a cualquier hora en uno de los dos bancos de la ciudad de Goma, en el Este de la República Democrática del Congo, lo más probable es que no tenga que hacer cola. En ninguno de los dos suele haber clientes. La razón es muy sencilla: a casi nadie se le ocurriría abrir una cuenta corriente en este rincón del mundo que parece dejado de la mano de Dios. Para qué, si depositar los ahorros es arriesgarse a perderlos, y además prácticamente ningún empleado del gobierno recibe su salario. Ni funcionarios de ministerios, ni maestros, ni policías, ni –lo que es más peligroso– soldados suelen recibir sus remuneraciones.
Publicado
2018-11-27
Sección
Artículos