Migraciones | nº 54 [ 2022] [ISSN 2341-0833]
DOI: https://doi.org/10.14422/mig.i54y2022.005
Identidad, inmigración y adolescencia. Una propuesta de componentes identitarios para adolescentes de origen inmigrante en España

Identity, Immigration and Adolescence. A Proposal for Identity Components for Adolescents of Immigrant Origin in Spain
Autor
Andreu Mir Gual
Universitat de les Illes Balears
E-mail: andreu.mir@uib.cat
Resumen

El artículo pretende establecer una propuesta de componentes identitarios para adolescentes de origen inmigrante en España. Concretamente, se ha trabajado con personas relacionadas con tres nacionalidades diferentes como son Argentina, Marruecos y China. El proceso de recogida y análisis de los datos se ha desarrollado siguiendo el marco que plantean los modelos de investigación cualitativa, todo ello utilizando tres estrategias principales de recogida de información: la observación, entrevistas semiestructuradas y los grupos de discusión. La presencia de significados identitarios del país de origen, tiende a entremezclarse con otros más propios de la sociedad de acogida, lo cual suma una cierta complejidad a unos procesos de construcción identitaria ya de por sí marcados por la propia adolescencia. Es a partir de esta doble transición (la cultural y la vital) desde donde se enfoca la presente investigación.

The article is presented with the objective of establishing a proposal of identity components for adolescents of immigrant origin in Spain. Specifically, we have worked with people from three different origins such as Argentina, Morocco and China. The process of data collection and analysis has been developed following the framework established by qualitative research models, using three main information collection strategies: observation, semi-structured interviews and discussion groups. The presence of identitarian meanings from the country of origin tends to be intermingled with others more typical of the host society, which adds a certain complexity to identity-building processes already marked by adolescence itself. It is on the basis of this double transition (cultural and vital) that this research focuses.

Key words

Identidad; inmigración; adolescencia

Identity; immigration; adolescence

Fechas
Recibido: 25/11/2020. Aceptado: 16/07/2021

1. Introducción

En el avance de estas últimas décadas, España se ha convertido en un escenario de continuo cambio social. Desde finales de la década de 1990, principalmente entrado el siglo XXI, la inmigración exterior se ha ido normalizando y ha crecido la movilidad interior de corta, media y larga distancia, tanto para la población nacional como para los residentes extranjeros (González y López, 2019). A partir de 2008, se observa un punto de inflexión como consecuencia de la crisis económica, de hecho, las llegadas de personas procedentes del extranjero se fueron suavizando y una parte de los inmigrantes llegados al país retornaron a sus lugares de origen o se marcharon hacia terceros países. A medida que los indicadores económicos fueron mejorando, se produjo una recuperación de las llegadas de personas procedentes del extranjero. En el trascurso del año 2020, el impacto generado por la epidemia del covid-19, está repercutiendo directamente en los procesos migratorios en una doble dirección: reduciendo las llegadas por el cierre de fronteras e incrementando las llegadas irregulares debido a la creciente precariedad económica de los países de origen migratorio.

Es en medio de esta atmósfera en la que está creciendo una nueva generación de adolescentes que va tejiendo su perfil identitario entre dos culturas: la propia del país de origen y la de la sociedad de acogida. Se trata de jóvenes que, por un lado, se ven presionados por los familiares para que mantengan un compromiso étnico con sus orígenes y, por el otro, sienten la necesidad de ir asumiendo nuevas competencias culturales que les permitan sobrevivir en el contexto social que los rodea. No es una tarea sencilla ya que nos referimos a personas que no solo tienen que hacer frente a una transición cultural (propia de la migración), sino que también deben encarar el cambio vital inherente a la propia adolescencia.

Todo ello nos sitúa frente a procesos de construcción identitaria singulares, que pueden condicionar activamente el futuro de estas personas y, en efecto, también la fisonomía identitaria de la sociedad en la que viven. El hecho de conocer y analizar los elementos susceptibles de modificar la identidad de estas nuevas generaciones, se convierte en una herramienta primordial a la hora de avanzar escenarios futuros de convivencia. Los episodios recientes protagonizados por segundas generaciones en ciudades de países con una mayor tradición migratoria que España1, demuestran la importancia que pueden tener estos procesos en cuestiones tan esenciales como la estabilidad social del entorno urbano, su salud cultural o su porvenir económico.

Para avanzar en esta línea de análisis, se propone el estudio de tres colectivos muy diferentes: el de marroquíes (grupo con una cierta tradición migratoria, muy visible y representado, con lazos históricos con la sociedad de acogida, de alta vulnerabilidad si nos fijamos en sus indicadores socioeconómicos y con tensiones sociales constantes), el de argentinos (colectivo con fuertes lazos culturales con la sociedad de destino migratorio, cuantitativamente significativo, sin ser el grupo más frágil en lo que se refiere a los datos socioeconómicos) y el de chinos (colectivo con escasa tradición migratoria en España, poco visible, sin lazos históricos con la sociedad de acogida, sin carencias económicas significativas y sin aparentes tensiones sociales). En definitiva, esta reflexión pretende dar luz a las incógnitas que se esconden tras los paisajes sociales contemporáneos, todo ello con una clara intención de ser un instrumento útil para poder interpretar con mayor nitidez la realidad que nos atañe, permitiendo intuir realidades futuras.

2. Marco teórico

El proceso migratorio, más allá de representar un acto puramente físico, incorpora de manera inherente un movimiento inmaterial que acerca a la persona a una nueva cultura (Arámbulo, 2018). Entre la comunidad científica, existe una cierta tendencia a la hora de contemplar el sujeto contemporáneo como un sujeto en movimiento, fijando su interés en la migración como proceso de una gran actividad identitaria (Rodes y Rodríguez, 2018). Todas y cada una de las personas que pisan el planeta cuentan con alguna clase de identidad porque, a diferencia del resto de especies que cohabitan en la Tierra, el género humano es capaz de tener una conciencia nítida de su propia existencia, como entidad independiente de lo que le rodea. Guamán, Espinoza, León, Ugarte y Peña (2020) identifican el fenómeno de la interrelación entre sujeto y su sociedad como la base para la formación, fomento y desarrollo de las identidades individuales y colectivas. En efecto, en el proceso de esta asimilación de la presencia del “yo” resulta fundamental el reconocimiento del entorno, de hecho, rara vez somos capaces de descubrir nuestras características esenciales y diferenciales si no es a través del contacto con los demás individuos (Márquez, 2005). Esta necesidad, patentada por la Humanidad, no solo se pone de manifiesto en la dimensión individual de la persona, sino que también se vierte en su ámbito colectivo ya que todas las culturas, de una manera o de otra, reconocen alguna forma de identidad y trabajan en su desarrollo (Sayad, 2010).

La intensificación en las migraciones durante siglo XXI ha generado impactos evidentes en las estructuras identitarias de las sociedades de destino. En el ámbito del contexto europeo, en España el incremento en el número de llegadas de personas a España2 se ha ido complementando con significativos procesos de diversificación en el origen de sus inmigrantes3. Tanto es así que, desde finales de la década de 1990, España se ha convertido en un punto de destino de los circuitos migratorios internacionales, a la vez que ha crecido la movilidad interior, tanto para la población nacional como para los residentes extranjeros (González y López, 2019).

A partir del 2008, se observa un punto de inflexión como consecuencia de la crisis económica, de hecho, las llegadas de personas procedentes del extranjero se suavizaron y una parte de los inmigrantes llegados al país retornaron a sus lugares de origen o se marcharon a terceros países. En el avance de esta etapa recesiva, sumó protagonismo la emigración entre la población autóctona hacia el exterior del país y hacia las comunidades autónomas más dinámicas del Estado. A medida que los indicadores económicos fueron mejorando, ya iniciada la década de 2010, se produjo una recuperación de las llegadas de personas procedentes del extranjero. En 2017, las cifras de inmigración en España registraron un incremento del 28,4% (INE, 2017) respecto a los datos recogidos en 2016. Fue en ese mismo año, 2017, cuando se recuperaron volúmenes cercanos a los del 2008. Más recientemente, el impacto generado por la epidemia del Covid-19, ha repercutido directamente en los procesos migratorios que, según apunta González (2020) a corto plazo han disminuido substancialmente a causa del proteccionismo de las fronteras, pero que a largo plazo pueden acentuar las desigualdades y, en consecuencia, pueden incentivar activamente los desplazamientos de poblaciones extracomunitarias hacia países europeos.

Sea como fuere, el resultado del balance migratorio de estos últimos 30 años en España nos muestra un país en el que los residentes extranjeros representan el 11,06% de la población residente, cuando solo 30 años atrás esta misma cifra no superaba el 2,1% del total de la población del país (INE, 2020). En este sentido, el principal efecto de los flujos migratorios de las últimas décadas va más allá de lo estrictamente demográfico y nos muestra una importante transformación de la sociedad española, que ha ganado en volumen, diversidad y riqueza cultural.

Esta nueva realidad se debe asociar a la consolidación de una nueva cultura global, impulsada a través de las nuevas fórmulas de comunicación. Esta nueva mirada global, en mayor o menor medida, está reformulando el valor de las llamadas “culturas nacionales” como motor identitario. Según Marín (2005), la globalización ha redefinido las relaciones entre culturas y, este hecho, nos obliga a reprogramar los principios identitarios. Cuando los mercados incentivan las relaciones entre personas de distintas culturas, nuestra identidad ya no se puede entender únicamente a través de la cultura nacional. Resulta interesante tener en cuenta que actualmente convivimos en atmósferas social y culturalmente heterogéneas, en las cuales interactúan procesos identitarios que no siempre siguen un mismo sentido:

Por un lado, se está avanzando hacia un modelo de homogeneización cultural, de tal modo que caminamos decididamente hacia lo que podríamos llamar la dimensión global de la postmodernidad o el neoliberalismo global (Oñate, Escuita y Fleitas, 2020). Este proceso se está nutriendo de la actual debilidad de las identidades propuestas desde el Estado-nación, tal y como hemos señalado anteriormente. Precisamente, esta misma nueva cultura “global” nos obliga reiteradamente a poner en duda el valor que desde tiempos pretéritos se ha dado a determinadas tradiciones que, si bien no se eliminan totalmente, se ven obligadas a revisiones continuas fruto del relativismo característico de estos tiempos (Giddens, 2000). En este sentido, tanto los individuos como los propios colectivos, deben convivir con ciertos sentimientos de inseguridad como consecuencia de estos continuos cuestionamientos de aquellas fuentes que, hasta entonces, habían dado sentido a sus identidades.

Paralelamente a este proceso de estandarización cultural, están surgiendo potentes movimientos de resistencia identitaria ligados a culturas y tradiciones locales. Según Touraine (1997), lo que buscan los integrantes de estos movimientos es un retorno a la seguridad que proporcionaban los valores y las conductas tradicionales, todo ello sin tener la necesidad de someterlos a la mirada crítica que impera en las sociedades hodiernas. Este mismo autor francés califica estos grupos como agentes de “desmodernización”, haciendo mención a su voluntad expresa de distanciamiento de los elementos simbólicos dominantes. Tanto es así, que a partir de estas dinámicas es desde donde se pueden entender, por ejemplo, determinados movimientos de resistencia anticapitalista orientados a una reafirmación de valores que interpretan en clave de propiedad y a los que otorgan un origen ancestral.

El panorama resultante es la existencia de un choque frontal entre las tendencias de carácter universal y las que presentan un talante más local que, de manera habitual, pueden inducir a una cierta desorientación e incluso a un cierto grado de conflicto interior en la persona. En el caso de los migrantes, el carácter traumático inherente a los procesos de construcción identitaria actuales se ve acentuado por el hecho de tener que (re)construir una identidad entre varias culturas. Especialmente singulares son los procesos de construcción identitaria en los adolescentes de origen inmigrante, ya que es en esta etapa vital cuando la persona se sitúa frente al reto de descubrir y modelar su identidad. Erikson (1990) subraya que es en esta fase de la vida cuando el individuo inicia por primera vez una tarea de profunda introspección y, ya alejado de la inocencia infantil, se plantea por primera vez cuestiones tan trascendentes como ¿quién soy?, ¿quién debería ser? o ¿quién me gustaría ser? De alguna manera, este proceso podría ser interpretado como una especie de migración hacia el interior del propio individuo. En relación a esto, Erickson (1968, p. 164) califica la propia adolescencia como proceso de “moratoria psicosocial”.

Figuera, Freixa, Massot, Torrado y Rodríguez (2008, p. 15) utilizan el concepto de “transiciones simultáneas” para referirse a la realidad con la que crecen los adolescentes inmigrantes, que deben hacer frente de manera paralela a dos intensos procesos de cambio: la adolescencia y la migración. Los autores De Prada, Actis y Pereda (2005) asocian la familia de origen, el sistema escolar, la relación con los familiares, la gestión del tiempo de ocio y la esfera relacional como los condicionantes que más pesan a la hora de entender estas transiciones. En el transcurso del artículo, veremos cómo estos elementos aparecen como variables significativas en el proceso de construcción identitaria de los adolescentes inmigrantes residentes en España.

3. Metodología

3.1. Enfoque

Este trabajo se ha desarrollado siguiendo el marco que plantean los modelos de investigación cualitativa. Se ha escogido esta metodología porque ofrece mayor riqueza en el análisis de los datos, siendo una propuesta muy útil para desarrollar visiones sistémicas en una realidad tan transversal como es la identidad, todo ello teniendo en cuenta los diferentes vértices del fenómeno desde una perspectiva holística. Estos planteamientos permiten una comprensión significativa de los fenómenos y una interpretación motivacional de la conducta de los participantes y, por este motivo, permanece orientada a la producción e interpretación del propio discurso (Valles, 2003). En esta misma dirección, Lucas y Delgado (2020) se refieren a esta metodología como aquella que produce datos descriptivos, globales e interpretables. Estos mismos autores recuperan una cita de Wax (1971) que recuerda que la metodología cualitativa es tan antigua como la historia escrita.

3.2. Objetivos

Siempre con el enfoque cualitativo de trasfondo, el análisis que aquí se presenta se ha propuesto como objetivo principal establecer una propuesta de componentes identitarios de los adolescentes de origen inmigrante en España. Para todo ello, ha sido necesario asumir toda una serie de acciones que se concretan en los siguientes puntos: (a) revisar la documentación existente relacionada con el fenómeno que estructura el estudio, (b) identificar los componentes identitarios clave de los jóvenes de origen inmigrante, (c) diseñar estrategias de recogida de información relativa a aspectos que configuran los procesos de construcción identitaria de adolescentes de origen inmigrante, (d) definir los principales componentes que afectan al devenir identitario de estos grupos de jóvenes e (e) identificar la influencia de cada uno de los componentes en el proceso de construcción identitaria de los adolescentes de origen inmigrante.

3.3. Criterios de elección y perfiles de participantes

El proceso de elección de los participantes de la investigación se ha realizado teniendo en cuenta los siguientes criterios de selección: edad, origen étnico, sexo, años de residencia en España, lugar o zona de residencia, entorno educativo y, finalmente, contexto socioeconómico. A la hora de seleccionar participantes, para cada una de estas variables, se ha tenido como prioridad atender a la mayor casuística posible. Partiendo de esta premisa, se ha buscado una participación equitativa de chicas y chicos, así como la presencia equilibrada de personas con apenas meses de trayectoria en España con otros ya nacidos en el país. En lo que hace referencia al lugar de residencia, la mayoría de los participantes (77%) procede de zonas o barrios modestos o marginales, si bien la presencia de jóvenes residentes en distritos de clase media o alta también forma parte del estudio. La edad de los participantes va de los 13 años a los 21 y se han realizado un total de 40 entrevistas en profundidad a adolescentes originarios de tres continentes distintos: África (personas de origen marroquí), Asia (jóvenes de origen chino) y América (adolescentes de origen argentino). A pesar que buena parte de estos jóvenes han vivido en otros puntos del país, las entrevistas se han realizado en Mallorca lugar de residencia actual de los participantes. Paralelamente, se han desarrollado 2 grupos de discusión y diversas observaciones, todo ello teniendo como protagonistas a jóvenes de estos mismos orígenes étnicos.

Respecto al entorno educativo, se ha trabajado con un perfil muy variado de centros con el fin de llegar a un perfil amplio de casos. Forman parte de la muestra personas que cursan la ESO, estudiantes de Enseñanzas postobligatorias (Bachillerato o ciclos formativos), estudiantes universitarios o personas que no estudian a estas alturas. En referencia al entorno socioeconómico de los participantes, el grupo más numeroso de personas consultadas vive en entornos condicionados por la ausencia de recursos, de hecho, aproximadamente el 75% de los jóvenes consultados responde a este perfil. Se trata de un atributo común entre los adolescentes de origen marroquí, si bien no es exclusivo de este grupo. Las rentas medias representarían cerca del 20% de las consultas y solo un 5% corresponde a rentas altas. En general, se observa una correspondencia entre lo que planteaban los criterios de selección y los perfiles que después han definido los participantes reales de la investigación. Las dificultades de acceso a determinados grupos4 han hecho readaptar algunas de las intenciones estipuladas por los criterios previos que, en cualquier caso, se han cubierto ampliamente.

3.4. Estrategias y límites en la recogida de información

El proceso de recogida de información se ha desarrollado utilizando tres estrategias distintas. En primer lugar, la observación en el comportamiento de los jóvenes de origen inmigrante en ámbitos diversos5 y que se ha ido registrando periódicamente durante todo el proceso de estudio. En segundo lugar, las entrevistas semiestructuradas efectuadas a 40 adolescentes de origen inmigrante. Finalmente, los grupos de discusión que han servido para validar las conclusiones recogidas en fases previas del proceso. Una vez recogidos los datos, ha sido necesario un cruce de cada categoría analizada con el resto de las que forman parte de la unidad hermenéutica. De este modo, ha sido posible detectar categorías muy relacionadas con el universo y otras que no tenían prácticamente conexiones con el resto. A partir de esta relación ha sido posible identificar un nuevo orden de categorías que ha dado paso a una serie de metacategorias o componentes identitarios. En todo este proceso, se ha trabajado con algunas limitaciones. En referencia al marco teórico, la escasez de investigaciones similares6 ha sido un condicionante a la hora de poner las bases previas en el estudio. Ya en el trabajo de campo, el acceso a los centros educativos y a determinados participantes también ha sido dificultoso en ocasiones.

4. Resultados

Cuando hablamos de componentes de la identidad nos referimos a aquellos atributos o categorías que tienen una gran influencia en el perfil identitario de los participantes. Los componentes identitarios no coinciden en su totalidad en el caso de los adolescentes de origen chino, los de origen marroquí y los argentinos, si bien es posible que algunos de ellos sean los mismos. El procedimiento utilizado ha demandado una reinterpretación de cada una de las entrevistas, ahora ya observadas desde la perspectiva que ofrece el mapa de componentes identitarios.

Este proceso de reencuentro con las entrevistas ha discernido dos acciones: (1) la lectura y el análisis preciso de cada entrevista en la que la identificación del comportamiento del participante hacia los componentes identitarios se ha convertido en el centro del trabajo interpretativo y (2) un estudio integrado de todos los discursos con el objetivo de trazar similitudes entre las entrevistas que permitieran identificar perfiles comunes de comportamiento y, por otro lado, detectar diferencias a partir de las cuales contrastar perfiles diferentes. En este último tramo del estudio se ha planteado una caracterización de cada perfil a partir de los componentes trabajados anteriormente. Esta caracterización ha sido validada a través de dos técnicas: (a) la comprobación de que cada una de las entrevistas registradas tienen una correspondencia con un determinado perfil y (b) la reflexión recogida en los grupos de discusión. Con todo, los componentes que han mostrado una mayor influencia identitaria en estos grupos de adolescentes son los que a continuación se presentan y se analizan en tres bloques: componentes pertenecientes a la esfera pública, privada y los propios de la esfera personal.

Tabla 1. Componentes de mayor influencia identitaria
Componentes de la esfera públicaComponentes de la esfera privada
Racismo

T

I

E

M

P

O

Familia
Convivencia escolar, origen de los amigos (segregación), lengua, percepción de la integración, autoconcepto y autoimagenProceso migratorio, contactos con la familia de origen, estructura familiar, roles y tareas familiares, percepción de la diferencia familiar, relaciones familiares subordinadas
Actividad en líneaEntorno económico
Tipos y frecuencia de contacto, intereses en origen y destino migratorio, amistades en línea, juegos en red, identidad digitalCausa de la migración, capacidad de consumo, lugar de residencia y centro educativo, autoimagen y expectativa de vida
Entorno no escolarReligión
La escuela en el origen, la experiencia en destino no migratorio, rendimiento académico, convivencia, autoimagen y autoconceptoCelebraciones, posicionamientos familiares, influencia en alimentación, tareas de casa y en la manera de vestir, diferencia con otras familias, autoimagen
Relaciones con igualesComponentes de la esfera personal
Amistades que se mantienen del origen, grupos de amigos en destino, la amistad en redes sociales, la pareja, expectativas de vidaAutoconcepto, autoimagen, aspectos comportamentales, historia de vida, autoidentificación, percepción de su integración, la vida que esperan

4.1. Componentes identitarios de la esfera pública

4.1.1. Racismo

De todos los componentes estudiados, sin duda el racismo es aquel que incorpora mayores connotaciones negativas. El análisis de los discursos registrados ha hecho ver que se trata de un componente determinante en el proceso identitario de los participantes. Van Dijk (2019), advierte de la dificultad existente a la hora de estudiar un fenómeno que, habitualmente, tiende a camuflarse entre la normalidad. Dependiendo del origen de los participantes, se perciben algunas diferencias: los marroquíes asocian el racismo a aspectos culturales o religiosos (Mijares, 2009), en el caso de los chinos lo relacionan más con la competitividad empresarial de sus negocios y, finalmente, los argentinos manifiestan escasos índices de racismo.

Atendiendo a los discursos recogidos, el racismo se asocia generalmente a dos aspectos: el cultural y el económico. Ha sido a partir del conflicto intercultural que se ha ido reproduciendo en el transcurso de la historia (el cual ha tenido como trasfondo las tensiones vividas, por ejemplo, entre el cristianismo y el islamismo) desde donde se han levantado parte de estas diferencias que, de algún modo, se proyectan todavía en la actualidad. En el plano económico, cabe recordar que la mayoría de las familias de los participantes avanzan en medio de situaciones de escasez de recursos económicos, lo que les acerca a estos escenarios de exclusión. En coyunturas de crisis económica como la generada en 2020, es cuando emergen con mayor solidez los discursos discriminatorios, lo que demuestra el estrecho vínculo que siempre conecta racismo y economía.

Me pusieron de mote musul porque soy musulmán. No me gusta nada y me cabreo, pero bueno, casi todos tienen mote. (Entrevista a chico de 17 años, de origen marroquí - 2019)

La diversificación que los canales de comunicación han experimentado estas últimas décadas ha facilitado el avance de determinados mensajes discriminatorios. Van Dijk (2019) desgrana de manera concisa los mensajes de algunos medios de comunicación españoles a la hora de difundir discursos racistas. Todas estas acciones, de alguna manera, han ido cristalizando en inercias sociales que marcan la cotidianidad de estos jóvenes. En muchas entrevistas se observa como los prejuicios con los que se enfocan determinadas amistades, altera el protagonismo de estos jóvenes en el marco de sus relaciones; es muy habitual que recuerden situaciones concretas en las que se han sentido heridos como consecuencia de actitudes racistas de compañeros o de otras personas. El racismo también condiciona la presencia de los chicos y chicas en la escuela. No en vano, muchos de los problemas de convivencia que tienen estas personas tienen su razón de ser en ataques discriminatorios, lo que afecta a sus procesos de integración en el grupo, sus rendimientos académicos, autoconcepto, etc.

Recuperando la primera idea del apartado dedicado al racismo, se ha percibido que el racismo puede debilitar la autoestima de la persona y puede incrementar sensaciones como la inseguridad. En el grado de sufrimiento, en la asimilación y en la respuesta mostrada por los mismos adolescentes se perciben señales del perfil identitario que dibujará sus vidas.

4.1.2. Actividad en línea

De la actividad que los adolescentes tienen en la red también se pueden extraer datos sustanciales para dibujar su perfil identitario. En este sentido, el compromiso o la distancia con los orígenes de estos colectivos, se evidencia cuando se analizan los intereses que estas personas tienen cuando navegan por internet. La voluntad de priorizar (o no) en redes sociales los contactos con otros adolescentes de su mismo origen, el jugar o apostar en red con personas residentes en su país de procedencia o seguir los episodios de series que están de moda allí, son solo algunas de las actitudes que demuestran la influencia que proyecta el origen en la vida digital de estas personas. Los intereses y las prioridades que demuestran en internet los participantes, de alguna manera se muestran influenciadas por la familia que, siguiendo una intensidad variable, va incentivando unas áreas de interés y van restringiendo otras.

Amo las cosas de China... en casa tenemos distintos canales de televisión de China, tenemos internet y utilizamos un programa chino que se llama Qq que vendría a ser como el Insta aquí, pero para chinos. (Entrevista a chica de 19 años, nacida en China - 2019)

También se ha detectado que las plataformas digitales interconectadas, representan un instrumento potencialmente significativo en materia de racismo. Se trata de herramientas que permiten que estas personas se sientan afectadas por mensajes emitidos desde determinados sectores de la sociedad de acogida y, al mismo tiempo, que los adolescentes puedan consolidar y mostrar posicionamientos al respecto. Tal vez, las redes sociales sean la herramienta más utilizada para manifestar opiniones, si bien existe una variedad de instrumentos que evidencian actitudes de este tipo: diarios digitales, vídeos de Youtube, círculos digitales de opinión, etc.

Una vez tuve un problema en Instagram porque unas chicas del instituto me pusieron comentarios racistas en una historia, en plan morita o no sé qué comentarios más. Me sentó muy mal porque lo vio mi hermano y no me gustó. (Entrevista a chica de 19 años, nacida en Marruecos - 2019)

La actividad en red de muchos de estos adolescentes representa un espejo de la esfera personal. Algunos proyectos7 ya han puesto de manifiesto la utilidad que tienen las redes sociales para intuir y detectar determinadas inercias relacionadas con problemas de autoestima, dificultades de integración, entre otros aspectos. En el caso de los participantes con los que se ha trabajado, se ha percibido que de su actividad en red se puede extraer información relacionada con el entorno personal (manifestando, por ejemplo, actitudes relacionadas con la baja autoestima) y, a la vez, esta dimensión más interior determina directamente los movimientos que los jóvenes tienen en internet. De esta manera, nos encontramos ante una relación simbiótica.

4.1.3. Entorno escolar

Esquivel (2018) describe la función de la escuela como plataforma de integración social y cultural de todos sus alumnos, desde sus etapas iniciales hasta la finalización de sus itinerarios educativos. La trascendencia del entorno escolar, se podría matizar siguiendo el mismo esquema utilizado en las relaciones sociales ya que resulta vital entender la experiencia vivida en la escuela del origen y también en el destino migratorio. En cuanto a la experiencia en origen se observa que, a excepción de los recién llegados, no tienen un recuerdo muy nítido de estos procesos. A pesar de ello, son capaces de discernir algunas diferencias en relación a lo que se encuentran en España, sobre todo en cuanto a la disciplina, infraestructuras y carga horaria. En general, existe una preferencia por el modelo educativo de la sociedad de acogida.

El colegio de aquí me mola. En Argentina el colegio es más viejo y los maestros más estrictos. (Entrevista a chica de 14 años, nacida en Argentina - 2019)

Haciendo mención a la estancia de los participantes en centros de la sociedad de acogida, se observa que son normales los procesos conflictivos de integración causados ​​por dos realidades: el racismo y el idioma. En general, perciben que existe una mayor movilidad de los alumnos inmigrantes, si lo compara con los demás. En cuanto al interés de las familias hay una mayor presencia de los padres y madres en centros concertados que en centros públicos y en edades más tempranas que no en edades más adultas. Son frecuentes las ayudas recibidas por parte de hermanos en las tareas de la escuela y no es habitual recibir clases de repaso por otras personas. La mayoría no han hecho uso de programas escolares de integración, más aún aquellos que están matriculados en centros concertados. La única ayuda recibida, en muchos casos, ha sido la familiar.

La gran mayoría de los participantes avanzan en situaciones de fracaso escolar y a menudo huyen de responsabilidades: no quieren ser delegados, ni se reconocen como líderes dentro de la clase. Dependiendo de la nacionalidad de origen, se perciben algunas diferencias en el grado de integración escolar; los argentinos son los que muestran mayores cuotas de interacción positiva con el entorno, si bien en el caso de los marroquíes (que conviven con habituales climas de tensión) y de los chinos (que muestran poca relación con el entorno) la realidad es diferente. Son relativamente habituales los problemas de convivencia, especialmente notables en el caso de las personas de origen musulmán. En ambos casos, los adolescentes identifican el racismo de compañeros españoles (muy habitual) y maestros (más ocasional) como el motivo del conflicto. Los apodos, en muchas ocasiones, tienen una relación directa con el origen cultural y son más frecuentes en chicos de edades tempranas, siendo a menudo peyorativos. Aspiran a tener unos estudios que les permitan mejorar la calidad de vida, a pesar de que a menudo sus expectativas de vida tienden a alejarse del contexto económico y académico que les rodea. En general, el grado de satisfacción en este entorno también puede modificar elementos tan importantes como la autoestima o la autoimagen de la persona.

4.1.4. Relación con iguales

En el análisis de datos, se observa que las amistades representan una fuente de información sustancial en lo que representa a la identidad de los participantes. Cuando se ha preguntado sobre la significación que tiene para ellos la amistad, han acentuado la importancia que para ellos/as representan los amigos en su vida. Los valores que más asocian a este contexto son los de confianza y hermandad. En segundo término, destacan la solidaridad y la diversión.

Los amigos son personas importantes en mi vida. Están conmigo a muerte. (Entrevista a chico de 15 años, de origen marroquí - 2019)

Existe una correlación entre los adolescentes que mantienen un contacto frecuente con su grupo de amigos residentes en el país de origen y los que se muestran más identificados con la cultura de allí. A partir de los discursos de los participantes, se ha identificado que dos de los factores que fortalecen la identidad étnica de estas personas son los viajes al origen y estas relaciones de amistad a distancia. A pesar de lo dicho, también es posible que a través de estas relaciones se detecten distanciamientos entre lo que rodea en la actualidad al adolescente y el mundo con el que avanzan los amigos del origen. No es extraño que se califiquen estos amigos como personas “más cerradas y poco modernas”, atributos que no resultan sugerentes para los participantes. Esta posición la comparten muchos de los que, siendo de familia extranjera, ya han nacido en la sociedad donde residen. Sea cual sea el sentido, parece ser que la relación de amistad en la distancia se convierte en un elemento condicionante de la identidad.

Cuando fui me encontré amigas con la mente muy cerrada. (Entrevista a chica de 16 años, nacida en Argentina - 2019)

Las relaciones de amistad en España también representan un factor a tener en cuenta. Si bien las primeras amistades tienden a ser de la misma nacionalidad de origen, a medida que estas personas van avanzando en el tiempo pueden ir incorporando nuevos actores en su vida social. Atendiendo a los resultados de la investigación, se observa que los participantes conocen a sus nuevos amigos en tres esferas diferentes: en el centro educativo, en la calle y en las redes sociales. Son grupos de amigos de distintos países pero en todos los casos consultados hay españoles y personas de su país de origen. Sin embargo, los fragmentos que aparecen a continuación demuestran un amplio abanico de comportamientos.

Que mis mejores amigos sean marroquís es lo normal, ¿no? Eso no significa que en el cole también tenga amigos españoles y senegaleses. (Entrevista a chico de 17 años, nacido en Marruecos - 2019)

Los participantes tienen una mayor confianza con los amigos con los que comparten procedencia generalmente, si bien se trata de relaciones poco estables y aseguran tener pocos amigos, en general. Se ven a diario o con mucha frecuencia y combinan ocio de calle con actividades que implican pequeños gastos. Diariamente, aseguran usar redes sociales para hablar con amigos (que, en ocasiones, ni conocen físicamente) y, en menor frecuencia, comparten horas de trabajo o de estudio. Haciendo mención a la posición de los padres, se observa más preocupación en el caso de las chicas y una mayor libertad en el caso de los chicos, lo que subraya la distinción de género en estos entornos familiares. En general, se trata de adolescentes satisfechos con su grupo de amigos.

4.2. Componentes identitarios de la esfera privada

4.2.1. La familia

Si atendemos a los datos recogidos, observamos que es el entorno familiar el que marca la procedencia cultural de estas personas, pero también quien ha decidido poner en marcha la migración. Priegue (2009) asegura que, en la decisión de emigrar, la familia se convierte en el principal agente de apoyo en la organización y financiación del viaje. El entorno que rodea estos hogares normalmente describe situaciones de falta de recursos y, es por ello, que muchas de estas personas deciden migrar a Europa. La causa mayoritaria de la migración es económica, lo cual se manifiesta con mayor intensidad en el caso de las familias marroquíes si comparamos su situación con las argentinas o las chinas. En general, con el traslado no se mejora esta coyuntura de necesidad.

Cuando llegué estábamos cagados. Aquí tenemos buen futuro, pero allí en Argentina hay mucha gente que estudia y estudia y nada. (Entrevista a chica de 20 años, de origen argentino - 2019)

Entre los participantes, se observa que el proceso migratorio —desde la toma de decisión y hasta la finalización del duelo— se presenta muy condicionado por el posicionamiento de la familia. Es muy habitual que sean los padres y madres quienes tomen la iniciativa de los contactos con familiares residentes en el país de procedencia (sobretodo los telefónicos o por videoconferencia) o quienes organicen y paguen los viajes de visita al país de origen. Además, la fidelización con los orígenes también se va forjando a través de las conversaciones domésticas familiares, el mantenimiento de la lengua, el seguimiento de la religión, la comida, la decoración del hogar, las celebraciones, etc. Así, la identidad del adolescente permanecerá condicionada por la proximidad que quiera marcar la familia hacia sus propios orígenes.

Celebramos fiestas típicas de allí. Por ejemplo, el Ramadán lo hacemos los tres. Es fácil. La fiesta del cordero, que es una pasada. Allí la gente está mucho en familia. (Entrevista a chico de 14 años, nacido en Marruecos - 2019)

El contexto familiar también condiciona buena parte de la relación con el destino migratorio. Ya desde la infancia, la familia va tejiendo un entorno relacional y unos códigos de interacción con la sociedad de acogida. Cuando analizamos los perfiles identitarios, se observa que no hay una respuesta unitaria hacia esta circunstancia; si bien hay familias que suman argumentos a favor de la interacción con el entorno, otras se muestran mucho más reticentes. Aspectos tan diversos como el interés por el aprendizaje del castellano u otras lenguas (como el catalán), el grado de libertad que se da a la hora de elegir pareja de los hijos/as, el interés y la participación en la escuela por parte de los padres y madres o su entorno relacional, resultan ser determinantes a la hora de poder interpretar los comportamientos identitarios de estos jóvenes.

A mí me gusta el tipo de comida de aquí como el jamón, queso, bocadillo, pizza… pero a mis padres no les gusta ese tipo de comida. Les gusta la comida de China tipo arroz o verduras o pescados. Comemos siempre chino. (Entrevista a chico de 19 años, nacido en China - 2019)

Los participantes en el estudio han sido capaces de definir el modelo familiar que los rodea y trazar el grado de similitud o diferencia con el modelo de la sociedad de acogida. Los jóvenes de origen marroquí, por ejemplo, perciben diferencias entre su entorno y las familias de la sociedad de acogida y las asocian a la religión. Son críticos con la libertad que se da en España a los hijos, la falta de cohesión familiar y la superficialidad de las relaciones familiares. En el caso de los adolescentes de origen argentino, se sienten mucho más cómodos porque apenas detectan diferencias entre los entornos familiares predominantes en origen y destino migratorio. En lo que hace referencia a las personas de origen chino, interpretan como muy significativa la voluntad de los progenitores a querer (o no) mantener el modelo tradicional familiar chino ya que, este hecho, entienden que les altera las relaciones sociales con adolescentes españoles y, en definitiva, les acaba condicionando sus propias expectativas de futuro.

4.2.2. Entorno económico

A la hora de definir el perfil de los participantes, se ha identificado una presencia mayoritaria de jóvenes pertenecientes a contextos socioeconómicos marcados por rentas familiares bajas (especialmente en el caso de los marroquíes), con lo que nos situamos frente a un componente de máxima influencia identitaria. Si bien en la mayoría de los casos este entorno se asocia con la causa principal de la migración, no es menos cierto que, una vez en el destino migratorio, sigue siendo un elemento condicionante de la vida de estas personas. De hecho, parece que la realidad de estas economías domésticas no mejora demasiado con la migración y se muestran como las más débiles frente coyunturas económicas negativas, tal y como viene sucediendo desde 2020 como consecuencia de recesión causada por la epidemia por covid-19.

La situación económica que rodea los participantes condiciona de manera directa sus relaciones con los demás. Tal y como recuerdan publicaciones como la de Terán (2019), uno de los requisitos que demanda cualquier adolescente residente en Europa es tener una determinada capacidad de consumo. Como si fuera el prólogo de lo que les espera en el futuro, durante estos años muchos de estos jóvenes comienzan a tener necesidades que implican ciertos gastos económicos: comprar ropa que vaya en sintonía con la moda que impera en el grupo de amigos, tener dinero suficiente para salir a divertirse con los colegas, etc. Las presiones que reciben estos jóvenes no solo se limitan al consumo, sino que la necesidad de ser parte del grupo los obliga a emular e imitar a sus compañeros/as.

No puedo comprarme todo lo que quiero. Yo quiero un patinete mío. ¡Ah! Y aquí se compra más ropa que en Argentina. (Entrevista a chico de 17 años, nacido en Argentina - 2019)

Habitualmente, la propuesta de adolescencia a la que pueden aspirar queda limitada a los modelos dominantes de su entorno más próximo que, en general, avanzan en medio de la falta de recursos. En el trasfondo de esta segregación económica se esconden situaciones marcadas por la discriminación, de tal forma que es más habitual que el racismo se exagere a medida que la pobreza se agudiza. En menor medida, el contexto económico de los participantes también se hace presente a la hora de acceder a determinados recursos formativos y tecnológicos, lo cual acaba siendo trascendente en sus vidas.

Hay diferencias entre los (grupos de amigos) marroquíes y los que son españoles. Pues, los marroquíes no somos de ir a cenar o así. Los españoles, por dinero, sí son de cenar fuera. (Entrevista a chico de 18 años, nacido en Marruecos - 2019)

El componente económico —que nace en la esfera privada y que se evidencia en un contexto público— acaba teniendo consecuencias en la dimensión personal del individuo. En definitiva, el corsé que representa la limitación de recursos, reduce la diversidad de referentes identitarios a las realidades más cercanas; condicionando las posibilidades de avanzar en sus itinerarios formativos o limitando sus relaciones sociales. Sea como sea, la influencia ejercida por la coyuntura económica resulta ser dinámica y, en efecto, es susceptible de poder ir cambiando en el tiempo.

4.2.3. Religión

El grado de influencia de este componente en el perfil identitario de los participantes ha variado mucho dependiendo de la religión. En general, en el seno de familias musulmanas el protagonismo de la fe ha resultado ser mayor que en el contexto de otras opciones religiosas, como el cristianismo, en las cuales la influencia es menor o incluso nula. Por todo ello, en el análisis de este componente identitario diferenciaremos separando estos dos posicionamientos.

En el caso de jóvenes de origen musulmán, el campo de influencia que ejerce la religión en el entorno familiar es amplio hasta el punto de alterar las relaciones y la jerarquía entre los miembros, además de otros aspectos como las comidas, las celebraciones o la ropa que usan. Normalmente, la presión que ejerce la familia para que los hijos/as tengan comportamientos acordes con los pretextos que marca la religión, debe convivir con modelos de adolescentes cada vez más cercanos a occidente8 lo cual tiende a generar situaciones de tensión entre los miembros del entorno familiar. Se han registrado discursos de participantes que pretenden construir su identidad al margen de la religión (en este caso musulmana).

Mi padre siempre va a la mezquita. La madre reza en casa. Mis hermanas no van a la mezquita pero rezan en casa. Mi hermano no. Lo hace como yo. Por este motivo nos tiene rabia. Básicamente porque no hacemos lo que él dice. Me dice que tengo que rezar y no lo hago y se enfada. (Entrevista a chico de 15 años, de origen marroquí - 2019)

Más allá del entorno doméstico, la religión debe analizarse también en el ámbito público. Es a través de esta proyección que se pueden explicar buena parte de los problemas de integración de determinados colectivos, de hecho, a partir de los datos registrados por autoras como Fernández, Valbuena y Caro (2017) se puede percibir la religión como un elemento influyente para de interpretar las relaciones entre minorías de origen inmigrante (sobre todo en el caso de musulmanes) y españoles. En algunas ocasiones, se trata de aspectos más bien superficiales (como puede ser el uso del velo en el caso de las chicas o las comidas y celebraciones) o en otros aspectos más de interpretación de la realidad (percepción de las relaciones de pareja o de amistad). Sin embargo, la religión musulmana no solo condiciona la concepción del entorno de estos jóvenes, sino también altera la percepción que tiene el entorno de ellos mismos. Cuando se analizan categorías como la discriminación, la mayoría de los participantes consultados sitúan en superficie el origen religioso como un elemento capital de los ataques, todo con el trasfondo del conflicto latente entre la sociedad de origen y la del destino migratorio.

En el caso de adolescentes no musulmanes9, este componente identitario pretende mostrar que, además de una cuestión de fe, la creencia implica todo un universo de actividades y relaciones sociales en torno a la iglesia. Si en el caso de los participantes de origen marroquí, habitualmente no acuden a la mezquita o si lo hacen no es para ellos el escenario principal de su vida social, en el caso de otras minorías (por ejemplo, chinos o sudamericanos cristianos) sí puede serlo. Así, se percibe la religión como un elemento que nutre aspectos como las relaciones con iguales, la gestión del tiempo libre, el asociacionismo, la educación por parte de los padres o incluso el trato que puedan tener estas personas con la familia. Es interesante tener en cuenta que son habituales las actividades en comunidad, en las que las familias ven un excelente complemento a la educación que ofrecen a sus hijos/as.

¿Tus amigos son distintos a otros grupos de amigos? Sí porque aquí todos somos católicos y otros chinos son diferentes. (Entrevista a chica de 16 años, nacida en China - 2019)

4.3. Componentes identitarios de la esfera personal

Lapresta (2004) define esta dimensión más personal de la identidad como la capacidad de los individuos de tener una percepción y una concepción de sí mismos como entidad que dispone de identidad propia y diferenciada, coherente y que tiene una cierta continuidad temporal. Sin embargo, parece que se trata de una dimensión que se alimenta constantemente de la experiencia con el entorno, de tal forma que resulta difícil obviar la simbiosis existente entre esta esfera personal y las otras dos (tanto la vivida en ambientes públicos como también privados). En este sentido, de la valoración de aspectos como el autoconcepto o la autoimagen de cada uno/a, se podrán extraer informaciones que darán cuenta sobre el grado de satisfacción con la propia realidad que rodea a la persona (proceso de aculturación), como también sobre la relación con sus orígenes desde la distancia (compromiso étnico). Viendo los datos obtenidos, se observa que las personas que tienen un autoconcepto positivo y una autoimagen favorable tienden a ser aquellas que demuestran una mayor complicidad con el entorno. La inseguridad es más frecuente en perfiles de participantes instalados en estadios iniciales de integración.

Me corto un montón. Me cuesta mucho hablar con la gente. (Entrevista a chica de 13 años, de origen en chino - 2019)

En cuanto a la autoidentificación, cabe decir que solo una cuarta parte de los discursos recogidos no se identifican como marroquíes, argentinos/as o chinos/as. La casuística atiende a factores de atracción del origen (cultura, religión, idioma) o de rechazo hacia el destino (racismo). Algunos que han nacido en España aseguran sentirse de allí. Aunque decir que son del país de origen, muchos concretan con frases que evidencian su condición de persona de origen o familia inmigrante.

Soy de allí pero mi vida está aquí. Puede ser que mi origen esté en África pero estoy más integrada aquí. No veo mi vida allí, no podría vivir allí. Ahora en vacaciones tengo ganas de ir a ver a mi familia y volver. Mi vida está aquí. (Entrevista a chica de 19 años, nacida en Marruecos - 2019)

Este conjunto de elementos, condicionan la dimensión comportamental de la persona y, de hecho, parte de esta información también ha podido ser registrada a través de la actitud de los participantes durante la entrevista. Todo ello genera un cúmulo de circunstancias que alteran la percepción del presente y las expectativas de futuro. Los participantes no han apuntado una dirección concreta al respecto, de hecho, se han repartido equitativamente entre aquellos que querrían volver, aquellos que tienen pensado quedarse en España o aquellos a los que les resulta indiferente. Lógicamente, en función de la vida que se plantean estos adolescentes, también se puede deducir parte de su perfil identitario.

4.3.1. Tiempo de estancia en la sociedad donde residen

El último de los componentes a tratar en este apartado tiene una influencia evidente en las tres esferas desde las que se ha trazado el análisis: la privada, pública y la personal. Dependiendo de la trayectoria que acumulen estas personas como miembros de la sociedad donde viven, sus comportamientos identitarios variarán de manera evidente. La perspectiva con la que encaran el reto identitario los adolescentes nacidos en España no es la misma que la de jóvenes recién llegados. En el caso de los adolescentes de origen inmigrante nacidos en la sociedad de acogida o llegados en periodo de infancia, se observa un patrón identitario diferente ya que nos referimos a jóvenes que llevan un bagaje como ciudadanos de la sociedad donde viven, con lo que nos referimos a adolescentes que han recibido respuestas sociales, educativas y asistenciales desarrolladas en pro de lograr una integración más apacible, tanto para ellos como para sus familiares. En estos casos, aunque pueda parecer que la transición de la adolescencia sea similar a la del resto de personas de la misma edad —debido a que han crecido en el entorno que los acompaña—, es habitual que durante esta etapa de transición vital emerjan las tensiones, las precariedades y las dificultades vividas en etapas anteriores (Funes, 2000).

Distinta es la situación de los llegados en edades más avanzadas. Conviene recordar que se trata de personas que en plena etapa de cambio vital abandonan con sus familias (o solos para reunirse con ellas) el entorno que les ha visto nacer y crecer, para llegar a una sociedad nueva llena de incógnitas. En estos casos, se han observado dificultades significativas en algunos de los participantes, de hecho, se trata de jóvenes que aterrizan sin tener conocimiento de los códigos de conducta que aquí se manejan y que, en muchas ocasiones, no dominan siquiera el idioma que se utiliza en el nuevo lugar de residencia. La enorme magnitud de este cambio, a menudo va ligado a un proceso de duelo y aclimatación a las nuevas condiciones que puede resultar costoso. En definitiva, cuando nos referimos al tiempo de estancia en la sociedad de acogida atendemos a una variable significativa en el devenir identitario de los participantes.

No acabo de entender a la gente que vive aquí. Una mierda, una rabia... Me pongo muy rabioso y cabreado. Pierdo en control. (Entrevista a chico de 18 años, nacido en Marruecos - 2019)

5. Conclusiones

La segunda mitad del siglo XX supuso un cambio de tendencia migratoria en España que, más allá de consolidarse, se ha ido intensificando con la llegada del nuevo siglo. Esta evolución ha provocado que el país haya dejado de ser tierra de emigrantes para convertirse en un punto de llegada de inmigración exterior10, lo cual ha tenido una proyección evidente en su entramado sociocultural e identitario. Si bien el proceso migratorio ya incorpora de manera inherente una transformación cultural para quien la vive, especialmente notorios son estos cambios en los colectivos de adolescentes que, además de vivir un proceso de cambio cultural (intrínseco a la propia migración), han de hacer frente a un intenso proceso de cambio vital, siempre propio de la adolescencia.

Atendiendo a este punto de partida, la investigación se propone como objetivo central establecer una propuesta de componentes identitarios en las poblaciones adolescentes de origen inmigrante. Contrastando los resultados del presente estudio con la obra de componentes identitarios de Isajiw (1990), se observa una presencia de componentes internos (personales y privados) y externos (sociales). Coincidiendo con el discurso de este autor, se ha identificado la presencia significativa de ambos tipos de componentes, si bien a grandes rasgos se identifica una mayor influencia de aquellos componentes que forman parte de la esfera privada del adolescente.

El mapa de componentes que aparece en los resultados, plantea algunas similitudes entre colectivos; el entorno familiar, el escolar, el relacional o el económico aparecen en las tres nacionalidades. Del mismo modo, también se detecta la influencia del racismo y de los medios de comunicación. A pesar de estas coincidencias, a través del análisis se ha detectado una gran disparidad en la influencia ejercida por cada componente, dependiendo del colectivo. El factor tiempo en la sociedad de acogida merece una mención al margen. Aunque en ningún momento de la investigación se ha planteado el proceso de construcción identitaria como lineal, sí se han asociado muchos de los comportamientos descritos por los participantes con la trayectoria acumulada en la ciudad donde viven. A grandes rasgos y descartando que esta sea una realidad absoluta, se ha observado que la influencia identitaria de la familia y su entorno resulta muy significativo en etapas iniciales (justo después de la llegada al destino migratorio) y que, a medida que va avanzando el tiempo, este protagonismo se va compartiendo con actores que emiten significados identitarios más propios de la sociedad de acogida, como pueden ser los amigos o los medios de comunicación.

Sea como sea, la interpretación de la variable tiempo que propone este trabajo contrasta con los planteamientos de asimilación identitaria de Gordons (1964) pues no se entiende que cuando una persona llega a un nuevo escenario social, inicie un proceso que la conducirá a dejar atrás su identidad étnica en favor de adoptar la cultura de la sociedad que la rodea. La concreción de los perfiles pone de manifiesto itinerarios identitarios de ida y vuelta según los cuales las personas tienen la posibilidad de poner en marcha procesos de aculturación que no les convencen y, una vez conocida la nueva propuesta identitaria, pueden decidir un retorno a la identidad étnica.

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