Migraciones | nº 57 [2023] [ISSN 2341-0833]
DOI: https://doi.org/10.14422/mig.2023.012
Visados para soñar: expectativas y emociones de adolescentes y jóvenes que migran solos/as

Visas to Dream: Expectations and Emotions of Adolescents and Young People Migrating Alone
Autores
Mabel Segú Odriozola
Universidad de Deusto
E-mail: msegu@deusto.es

ORCID: https://orcid.org/0000-0002-0185-5946

Juan David Gómez-Quintero
Universidad de Zaragoza
E-mail: jdgomez@unizar.es

ORCID: https://orcid.org/0000-0002-2036-7817

Elena Casado Patricio
Universidad de Málaga
E-mail: elenacasado@uma.es

ORCID: https://orcid.org/0000-0002-3299-0913

Maite Aurrekoetxea-Casaus
Universidad de Deusto
E-mail: maurreko@deusto.es

ORCID: https://orcid.org/0000-0003-3047-7355

Resumen

La mayor parte de las investigaciones sobre los/as adolescentes y jóvenes que migran solos/as se focalizan en las causas y condiciones de su viaje migratorio y su asentamiento en las sociedades de destino. Sin embargo, hay pocos trabajos que aborden sus expectativas de futuro y, especialmente, las emociones que suscitan sus proyectos venideros. El objetivo de la investigación es identificar sus expectativas y analizar las emociones que estas provocan. La metodología consiste en el análisis cualitativo de 118 entrevistas realizadas en siete CC. AA. del Estado español a partir de categorías de análisis tales como expectativas de la migración, proyectos de futuro y emociones experimentadas. Los resultados señalan la existencia de tres conjuntos de expectativas: materiales-funcionales, simbólicas-ideales y afectivas-territoriales. Así mismo, el estudio señala que, a pesar de la emergencia de un amplio espectro de emociones, las más recurrentes son el sufrimiento, la incertidumbre y el sentimiento de orgullo por lo que han sido capaces. Este estudio contribuye a ampliar la mirada de las migraciones juveniles desde una perspectiva cualitativa que permite comprender el complejo entramado de sueños, proyectos, miedos y sufrimientos experimentados por adolescentes y jóvenes que han migrado solos/as a España.

Most research on adolescents and young people who migrate alone focuses on the causes and conditions of their migratory journey and their settlement in destination societies. However, there is little work that addresses their expectations for the future and, especially, the emotions aroused by their future projects. The aim of the research is to identify their expectations and analyse the emotions linked to them. The methodology consists of the qualitative analysis of 118 interviews carried out in seven Autonomous Communities in Spain, based on categories of analysis such as expectations of migration, future projects and emotions experienced. The results point to the existence of three sets of expectations: material-functional, symbolic-ideal and affective-territorial. The study also points out that, despite the emergence of a wide range of emotions, the most recurrent are suffering, uncertainty and a sense of pride in what they have been able to do. This study contributes to broadening the view of youth migration from a qualitative perspective that allows us to understand the complex web of dreams, projects, fears and suffering experienced by adolescents and young people who have migrated alone to Spain.

Key words

Migración juvenil; menores extranjeros/as no acompañados/as; expectativas de futuro; emociones; adolescentes y jóvenes

Youth migration; unaccompanied foreign minors; future expectations; emotions; adolescents and young people

Fechas
Recibido: 19/09/2022. Aceptado: 13/04/2023

1. Introducción

Se pueden investigar las migraciones juveniles sin considerar los sentimientos y sueños de sus protagonistas. Sin embargo, este conocimiento es limitado e incompleto. Hay un volumen significativo de estudios que describen los factores que inciden en esta tipología de migración si bien buena parte de esas miradas desconocen la diversidad de motivaciones y, especialmente, las particularidades de su naturaleza. La desigualdad socioeconómica entre la frontera sur de Europa y la frontera norte de África son el marco que caracteriza este tipo de movimiento poblacional, pero es imprescindible preguntarse por el sentido que estas migraciones tienen para sus protagonistas y cómo interpretan, desde sus propios recursos cognitivos e interpretativos, estas desigualdades y qué les mueve, además de querer solventarlas en el plano individual y familiar.

Por ello, en esta investigación abordamos los factores subjetivos que caracterizan estas migraciones, considerando los testimonios de los/as protagonistas, focalizando sus aspiraciones y expectativas de futuro. Estas migraciones suelen estar motivadas, tal y como señala Arocas (2017), principalmente por tres circunstancias: la conciliación entre trabajo y estudio que los y las jóvenes realizan para ayudar económicamente a sus familias; el sistema tradicional de escasa libertad y control social; y las referencias migratorias vecinales que pudieran tener. Estas situaciones se dan en edades tempranas y coinciden con el proceso de construcción de la identidad de la persona adolescente, etapa vital de profundas transformaciones e importantes cambios en las estructuras mentales. Muchos/as adolescentes migrantes conciben la movilidad transfronteriza como un ritual de paso hacia la adultez. En consecuencia, el primer objetivo de la investigación es identificar las expectativas de futuro de las y los adolescentes que migran solos/as. Así, pretendemos conocer las construcciones discursivas que incluyen sus deseos, bienes, ideas y metas esperadas en el horizonte de su migración.

Este paso fundamental en la vida de las y los adolescentes no está exento de conflictos, logros y fracasos. El abanico de emociones y sentimientos involucrados es complejo y muchas veces paradójico. Sin embargo, existe escasa producción científica al respecto. Por tanto, el segundo objetivo de esta investigación es explorar el mundo de las emociones que afloran antes, durante y después del viaje migratorio. Por todo ello, y debido a la relevancia del ciclo vital de la adolescencia, de la consecuente construcción identitaria y del proceso de transición hacia la vida adulta, describiremos y analizaremos las principales emociones asociadas a sus expectativas de futuro.

2. Marco Teórico

2.1. Sueños y expectativas de futuro en la construcción identitaria de migrantes menores no acompañados/as

La identidad es siempre creada, recreada e imaginada en un proceso continuo (Concha y Pagnotta, 2012) y consiste en los rasgos propios que caracterizan a un individuo o sociedad frente a los/as demás desde una perspectiva subjetiva emocional (Krauskopf, 2003). Toda identidad involucra la proyección y reproducción social. La construcción identitaria se desarrolla en un contexto sociopolítico y económico determinado y se va fraguando a lo largo de toda la etapa evolutiva del ser humano, tardando años en consolidarse y reconocerse por la propia persona. La adolescencia es una etapa clave para el desarrollo de la identidad personal que, según Mangado et al., (2005), se construye como una etapa esencial, turbulenta y conflictiva.

La identidad personal incluye la concepción y la expresión que tiene cada persona acerca de su individualidad y su pertenencia a diferentes grupos sociales. Entre estos grupos destaca la familia y el círculo de amigos/as, que ejerce una presión sobre la persona a través de la construcción de expectativas. Lo que se espera de un individuo incide en la forma de proyectarse a futuro, frustrando en ocasiones la libertad individual de elección. Según Moreno (1991, p. 13), la identidad posee tres componentes básicos: la étnica, la de género y la de clase-profesional. “Estas tres identidades forman parte, cada una de ellas, de sendos sistemas en los que funcionan la diferenciación, la contraposición, el nosotros/as-ellos/as”.

Siguiendo a Rivero (2013), las expectativas con relación a la identidad tienen dos etapas vinculadas al pasado y al presente. El “yo puedo”, hace referencia a un futuro cercano y es la capacidad de reconocer definiciones y valoraciones de la identidad para plantear posibles cambios. Y el “yo quiero”, hace referencia a un futuro más lejano en el que ya se han aplicado estrategias y es el momento en el que se empezarán a visualizar los logros y satisfacciones que tiene la identidad en relación con las expectativas.

La actitud que una persona tiene sobre sí misma (la autoestima vinculada al autoconcepto) está influenciada por las percepciones y actitudes que las demás tienen hacia ella, por la proyección social de su imagen y por el grado de pertenencia hacia el grupo de referencia. Por estas razones, la adolescencia es el tiempo vital en el que se van forjando estas construcciones psicológicas. Este hecho es clave para entender tres cuestiones centrales en esta investigación: las expectativas que el entorno familiar tiene sobre los/as adolescentes migrantes, las que estos últimos atribuyen al primero, y las preocupaciones sobre la aceptación o discriminación que tienen hacia el contexto de destino.

De este modo, las posibilidades de un viaje simbólico y onírico se materializan en un viaje físico y real. El proyecto migratorio que trazó imaginariamente un grupo familiar o el propio individuo, está caracterizado por los contextos, los deseos y las condiciones de quien lo va a emprender. En un primer plano, la motivación de un viaje migratorio se sitúa en la voluntad de romper con una situación de estancamiento estructural y objetivable, como podría ser la pobreza en el país de origen, la incertidumbre económica, la guerra o los conflictos familiares (Bermúdez Rico, 2014). En un segundo plano, los/as jóvenes buscan huir de un estancamiento subjetivo, que con espíritu aventurero muy propio de la adolescencia emprenden la huida de las constricciones culturales y sociales, en un alarde de reivindicación autoidentitario, siendo esta última dimensión la más subjetiva de los fenómenos migratorios (Mezzadra, 2016).

La expectativa de la migración juvenil se presenta como una idealización construida en la que intervienen elementos subjetivos, simbólicos y culturales. La idealización del proceso migratorio puede estar sobredimensionada y, en muchas ocasiones, no ajustarse a la realidad experimentada en la llegada e instalación al lugar de destino, requiriendo que el/la joven realice algunas conjeturas emocionales que influirán en la construcción de su identidad.

El desencuentro entre las imágenes construidas antes de la partida al destino migratorio y la realidad encontrada, así como el choque cultural e idiomático con las que el/la joven se encuentra, pueden conllevar una fractura identitaria (Echeverri, 2005). Además, cuanto mayor sea el contraste entre lo idealizado y lo experimentado, más abrupto puede ser el choque emocional negativo. Este hecho moldeará su construcción identitaria y reconfigurará las expectativas migratorias que poseía. Las personas adolescentes que migran están, por tanto, sometidas a una doble exigencia: minimizar los lazos con la cultura de referencia sin distanciarse de sus orígenes familiares.

Frente a esta situación de mestizaje y de construcción de nuevas identidades complejas hay que tener en cuenta cuatro factores en la persona (Moro et al., 2021): a) la (in)vulnerabilidad o sus capacidades de defensa pasiva; b) la competencia o las capacidades de adaptación activa al entorno; c) la resiliencia, es decir, los factores internos o ambientales de protección; d) la creatividad, que da cuenta de la potencialidad para inventar nuevas formas de vida a partir de la alteridad o del trauma.

Los/as adolescentes se encuentran, en consecuencia, en un tránsito identitario, lo que supone incorporar pautas transculturales y transnacionales. Este tránsito requiere conciliar los parámetros culturales vinculados a su mundo cercano y conocido (el de su familia) con el mundo de fuera y, hasta ahora, desconocido (el de la sociedad de acogida). El impacto de esta situación transcultural sobre la construcción de la identidad va a requerir, paradójicamente, modalidades desarraigadas de vinculación.

2.2. Expectativas de futuro y aspiraciones en el tránsito hacia la vida adulta

Las expectativas de futuro son un conjunto de bienes, acciones o situaciones que las personas esperan obtener y experimentar en un periodo de tiempo determinado. Las expectativas influyen en la planificación y en la formulación de objetivos, guiando así su conducta y su desarrollo (Sánchez-Sandoval y Verdugo, 2016). Estudios como el de Díaz Morales y Sánchez López (2002) muestran que el logro de los objetivos que la persona se plantea contribuye a la realización del proyecto de vida y, por tanto, a elevar su sensación de bienestar o satisfacción. En este sentido, la satisfacción de necesidades, deseos o la obtención de metas, proporciona emociones altamente positivas que revierten en la autoconfianza de la persona.

La transición a la vida adulta supone la materialización de estas expectativas en la realización de planes concretos para la obtención de los bienes y la vivencia de las situaciones deseadas. Para las personas jóvenes que han vivido un proceso migratorio, esta etapa puede resultar aún más compleja, pues se les suma la dificultad de enfrentarse a una cultura diferente desde su autopercepción de grupo minoritario. Además, supone una construcción identitaria transcultural que integre, al menos, dos culturas, la de procedencia y la de destino. Este término hace referencia a la vivencia síncrona de culturas, que, debido a la tecnología, los medios digitales de comunicación y la facilidad de los desplazamientos, permiten mantener los lazos culturales de origen a pesar de que la persona pueda estar establecida en un territorio geográfico y cultural diferente (Hidalgo Hernández, 2017).

A las/os adolescentes migrantes no acompañadas/os, la sociedad les exige un desarrollo madurativo precoz y una responsabilidad no acorde con su edad, debiendo asumir situaciones complejas y estilos de vida propios de las personas adultas, pero sin los recursos personales y sociales necesarios (Melendro y Rodríguez, 2015) para emanciparse. Por tanto, no son reconocidos socialmente como adultos, ni pueden desarrollar el modo de vida que les pudiera corresponder, por edad, preparación y expreso deseo (Tomás, 1998).

Estas/os adolescentes sienten una enorme responsabilidad con su familia de origen y, llegado el caso, actúan como adultos, conteniendo sus emociones al omitir aquello que les provoca dolor o miedo y evitando la imagen de fracaso para proteger a sus familias (Gimeno, 2013). Tal y como indican Rojas y Gil (2012) la emancipación implica una toma de conciencia personal, la puesta en marcha de su proyecto vital y la concreción de sus expectativas de futuro, mediante el conocimiento y la gestión de recursos personales y externos.

Siguiendo a Jurado y Bernal (2013, p. 329), los ámbitos de incidencia más destacados para la participación como persona adulta y para facilitar los procesos emancipatorios de los/as jóvenes migrantes, son los que vienen recogidos en la tabla 1 que se presenta a continuación:

Tabla 1. Ámbitos de incidencia relacionados con el tránsito a la vida adulta y la emancipación de adolescentes y jóvenes migrantes
Ámbitos de accesoDescripción
Mundo laboralOferta de alternativas ocupacionales que abarquen desde el empleo con apoyo hasta la integración laboral completa.
Acceso a la viviendaVariedad de recursos para la vida autónoma y emancipada, que pueden ir desde la atención residencial y los hogares compartidos hasta el apoyo personalizado.
Acceso a la formación permanenteDiversificación de actividades que fomenten la formación continua personalizada y no restrictiva que permita la ampliación de los estudios de base.
Acceso a una vida familiar propia (pareja, hijos, etc.)Respeto social por las decisiones de carácter personal tomadas según las motivaciones individuales (p. ej.: matrimonio).
Acceso a la oferta de servicios de la comunidadFomento del apoyo que promueva la participación en la vida comunitaria (sanidad, transporte, espacios de ocio y tiempo libre, entre otros).
Fuente: Elaboración propia a partir de Jurado y Bernal (2013, p. 329)

La migración ofrece a muchos/as jóvenes la posibilidad de imaginar una vida digna para sus familias, acceder a oportunidades de estudio, contar con una vivienda y con las condiciones favorables para su desarrollo (Carrillo, 2003). El hecho de emigrar se presenta como esa posibilidad de cumplir un repertorio de expectativas materiales y funcionales, a través de la búsqueda de un empleo, de recursos económicos y del desarrollo de sus capacidades formativas (Jiménez Ramírez et al., 2022). Se presenta como visado para poder acceder a los sueños, esto es, a un conjunto de bienes simbólicos (Jiménez, 2010) que encarnan el deseo juvenil de “ser alguien”, de proyectar una identidad que se construye en un tiempo (el futuro) y en un espacio (fuera de su contexto de origen). Por tanto, además de las expectativas materiales y las simbólicas, muchos/as esperan del futuro poder formar una familia (Jurado y Bernal, 2013), iniciar un proceso de reagrupación familiar o regresar a su lugar de origen después de conseguir sus metas. Pero el camino para la consecución de sus aspiraciones es un complejo laberinto, donde se ponen a prueba su fortaleza física y emocional.

2.3. Emociones y salud psicosocial vinculadas al proceso migratorio

El proceso de construcción identitaria de cualquier persona está repleto de elementos psico-socio-contextuales que se van adhiriendo y moldean la personalidad, conforme se van experimentado distintos hechos. En todo el proceso de configuración identitaria, las emociones se activan a partir de la vivencia personal de acontecimientos y los significados emocionales que se les asigna a estos. En este sentido, el proceso migratorio se presenta como un acontecimiento que impactará ineludiblemente en la conformación identitaria de los/as jóvenes que lo realicen.

Las emociones se pueden definir como “procesos físicos y mentales, neurofisiológicos y bioquímicos, psicológicos y culturales, básicos y complejos” (Poncela, 2011, p. 4) y, tal y como señala Filliozat (1998), etimológicamente, “moción” evoca movimiento y el prefijo “e” indica la dirección de ese movimiento: hacia el exterior. La “e-moción” es un movimiento hacia el exterior, que nace en el interior de la persona y que puede ser suscitada por un recuerdo, un pensamiento o un acontecimiento exterior.

Este estudio parte de la premisa según la cual las emociones están determinadas por distintas normas sociales y culturales, asociadas y ubicadas en determinados contextos, donde se indica que las sociedades influyen sobre el individuo sin que éste lo sepa claramente, estableciendo una conformidad tácita, ajena a la reflexión consciente, entre las expectativas y significados sociales y la personalidad individual (Rebollo et al., 2006; Vicente y Lázaro, 2020).

Las emociones, por tanto, ocupan un espacio privilegiado en los significados y expresiones culturales en la vida de los sujetos (Reddy y Reddy, 2001). El hecho de analizar la dimensión emocional desde una perspectiva sociocultural, convierte a las emociones en variables de análisis, a través de las cuales se pueden interpretar y dotar de significado, las vivencias de los/las adolescentes que emprenden el proceso migratorio en solitario.

Atendiendo a las diferentes etapas del proceso migratorio, se experimentan distintas emociones:

2.3.1. Ideando el viaje

Aparece la renuncia y, con ella, las emociones vinculadas a la pérdida y el abandono (Vicente y Lázaro, 2020). El hecho de dejar atrás los paisajes materiales y simbólicos conocidos desencadena una infinidad de sentimientos: la angustia y la esperanza; la ambición y la culpa; la ansiedad y la quietud (Manzani, 2014). También se cristalizan emociones, a menudo contradictorias, que envuelven al conjunto de la familia frente a la emigración. Por un lado, el imaginario de emigrar pone en marcha ante la expectativa de una mejora en las condiciones de vida, de modo que genera sentimientos como la ilusión y la esperanza, tanto en quienes realizan el viaje como en quienes lo apoyan. Por otro lado, en esa misma etapa del proceso, la emigración también es percibida como una ruptura dolorosa que separa físicamente a las personas. La distancia dividirá a las familias por lo que no es de extrañar que predominen emociones de tristeza y desarraigo. Los sentimientos de incertidumbre ante lo desconocido, el desasosiego y la angustia son también características de la emigración y están especialmente presentes en el momento de la partida (Calderón, 2014).

El momento anterior al viaje migratorio puede verse rodeado de factores estresantes y de riesgo para la persona. El tiempo de espera para realizar el viaje es, además de un periodo de incertidumbre y ansiedad, una geografía empapada de amenazas, violencia y tráfico de drogas. Experiencias duras que pueden generar emociones de miedo, angustia y desamparo (Arriagada, 2021). En consecuencia, un posible deterioro psicofísico (Jiménez, 2010).

2.3.2. El viaje

Se puede constatar un choque entre las altas expectativas que adolescentes y jóvenes tenían cuando salieron de su país y la realidad con la que se encuentran al llegar. El imaginario social de lo que España representa (prosperidad material y consumo) entra en conflicto con algunas realidades jurídico-administrativas (centros de menores, irregularidad, burocracia). En este sentido, tal y como señala Esteso (2006), la llegada al país receptor activa un conjunto de dispositivos de control y rechazo que aumenta su vulnerabilidad psicosocial. Entre ellos, el racismo, la xenofobia, el desempleo, el desconocimiento del idioma, la situación administrativa irregular y la dificultad de acceder a los servicios socio-sanitarios. Todos estos elementos influirán de forma negativa en su salud psicosocial.

El viaje constituye un factor de riesgo para el equilibrio mental de la persona migrante, tanto si se siente vulnerable, como si el medio es hostil o, si ambas concurren simultáneamente. Entonces, las emociones negativas serán las derivadas de la expresión de una vivencia dolorosa y generadora de malestar (Boado y Aratani, 2020).

2.3.3. El asentamiento

Una vez que la persona migrante supera los obstáculos jurídico-administrativos y se establece en la sociedad receptora, aflora la nostalgia y el anhelo —sobre todo si se ha viajado en soledad, dejando atrás a la familia—; la alegría, si el objeto del viaje ha sido el reencuentro con un ser querido; el alivio, si existe una red de conocidos o familiares que puedan apoyar al recién llegado; el temor, cuando las sociedades de recepción expresan rechazo y xenofobia (Bjerg, 2020).

Como es sabido, el duelo migratorio (Calvo, 2005), el estrés aculturativo (Berry, 2006) y el Síndrome de Ulises (Achotegui, 2009), son trastornos específicos de los procesos migratorios. Además, por otro lado, están aquellas alteraciones que son comunes a toda la población pero que poseen un interés especial en la población juvenil inmigrante por su vulnerabilidad, como son el trastorno por estrés postraumático, la ansiedad y la depresión (Mangado et al., 2005). Una amalgama de emociones que, según sean gestionadas, pueden llegar a generar un trastorno mental en estos/as jóvenes ya que se reflejan en sentimientos como el sufrimiento, el miedo, la incertidumbre, entre otras. Siguiendo a Achotegui (2009), la migración no es en sí misma una causa de trastorno mental, sino un factor de riesgo tan sólo si se dan dos situaciones. Si existe vulnerabilidad: la persona migrante carece de salud o padece algún tipo de discapacidad. Y, por otro lado, si el nivel de estresores es muy alto y el medio de acogida es hostil.

Como vemos, todas estas circunstancias se dan además en el momento vital de la adolescencia, una etapa de profundas transformaciones e importantes cambios en las estructuras mentales, por el intento de superar el estadio infantil —en un plano afectivo— y, en el social, por los difíciles ensayos de inserción en la sociedad adulta. La edad es entonces una variable importante a considerar cuando tratamos de entender las vivencias de estos/as jóvenes (Manzani y Martínez, 2014) y observar cómo estas emociones, pueden interferir en la consecución de sus sueños.

3. Metodología

La investigación que presentamos se encuadra dentro de un proyecto I+D del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades sobre Menores Migrantes no acompañados/as1 cuyo propósito fue analizar los diferentes modelos de intervención socioeducativa de las distintas comunidades autónomas del territorio español. Además, proponer un ajuste en los dispositivos de bienestar y de integración social que pudieran favorecer los itinerarios de emancipación exitosos. Se optó por una investigación cualitativa con diseño fenomenológico. Esta perspectiva ofrece la posibilidad de profundizar en los relatos de los/as protagonistas, con la voluntad de comprender y profundizar en sus vivencias, a partir de los significados que atribuyen a su proceso migratorio (Gual, 2022).

Para la fase de diagnóstico de dicho proyecto se realizaron 118 entrevistas a menores migrantes no acompañados/as y a jóvenes migrantes extutelados/as de las siete comunidades autónomas que participaron en la investigación. Las edades de la muestra abarcaban desde los 14 hasta los 21 años. Su procedencia era Marruecos (55%), Argelia (22%), Mali (9%), otros países de África Subsahariana (8%) y otros sin identificar (6%). El contacto con estos/as adolescentes y jóvenes fue mediante las asociaciones del tercer sector colaboradoras de prácticas de las universidades —y sus facultades o titulaciones de trabajo social— partícipes en el proyecto. Del total de la muestra, 12 personas eran mujeres menores de edad.

Las entrevistas estaban estructuradas en seis bloques temáticos, en los que se les preguntaba sobre el origen, trayecto, destino, emancipación —para los/as extutelados/as—, valoración de trayectoria y las expectativas de futuro. En este artículo se analiza únicamente el bloque correspondiente a las expectativas de futuro.

Tabla 2. Distribución del número de entrevistas a menores migrantes no acompañados (MMNA) y jóvenes migrantes extutelados (JMET) por comunidades autónomas
Comunidad autónomaN.º totalMMNAJMET%
Andalucía (AND)2922 (*7)724,6
Canarias (CAN)2017 (*3)316,9
Cataluña (CAT)8806,7
Ceuta (CEU)3126 (*2)526,2
Madrid (MAD)5504,2
País Vasco (PV)1812615,2
Valencia (VAL)7706,0
TOTAL11897 (*12)21100
Fuente: (*Mujeres)

El análisis de las entrevistas se ejecutó a través de un análisis de contenido cualitativo mediante el programa Atlas.ti 22. En una primera fase se realizó una codificación deductiva y, en una segunda fase, la codificación fue de carácter inductivo. En el proceso deductivo se categorizaron las emociones emergentes en los discursos y se encontraron las vinculaciones con las acciones, etapas o procesos vinculados a la construcción de expectativas y a los proyectos de futuro. El proceso inductivo de las expectativas de futuro se realizó a través de la codificación de los tipos de bienes, acciones o estados que los/as adolescentes esperaban obtener y las acciones promovidas para su consecución o realización.

Todos/as los/as adolescentes y jóvenes contaron con su participación voluntaria e informada, y con la autorización de los tutores o adultos encargados o en el caso de los/a menores.

4. Análisis de resultados y discusión

A continuación, se exponen los resultados estructurados en dos apartados: por una parte, la identificación y clasificación de las expectativas; por otra, el análisis de las emociones experimentadas por los/as participantes del estudio. En ambos apartados se contrastan los resultados con los hallazgos de otras investigaciones afines.

4.1. Abanico de expectativas de futuro

Según las entrevistas analizadas, los/as adolescentes y jóvenes migrantes no acompañados/as esperan del futuro tres conjuntos de bienes, acciones o situaciones que agrupamos de la siguiente manera: materiales-funcionales; simbólicas-ideales; y afectivas-territoriales.

Las expectativas materiales-funcionales integran el subconjunto más recurrente en los discursos de los/as jóvenes. Hay cuatro palabras que actúan como núcleos atractores que permiten articular el eje material-funcional: trabajo, dinero, “papeles” y estudio. Sin embargo, no todos tienen el mismo peso valorativo en las entrevistas. La centralidad del trabajo sí es unánime. De hecho, el trabajo es la llave que abre la posibilidad de acceder a dos conceptos muy valorados: el dinero y “los papeles”. El dinero aparece como el medio para la consecución de la autonomía económica, para “ganarse la vida”; mientras que “los papeles” o un contrato de trabajo son el medio para la estabilidad administrativa, económica y emocional. Muchos/as se autodefinen como “muy trabajadores” y reconocen que, mientras los/as españoles/as pueden elegir el trabajo, los/as jóvenes extranjeros/as harán lo que haga falta. Así lo expresa un joven extutelado:

Trabajo para ganar dinero, todo trabajo yo; hay cosas de las que no puedo trabajar, pero de la mayoría trabajo, no pasa nada; para los españoles eligen trabajar de lo que les gusta pero yo, que soy de otro país, da igual, trabajo y todo y ya está, porque no es mi país ¿sabe? (CAT 3 - Argelia)

Los papeles son vistos como una tabla de salvación en medio del naufragio de las migraciones juveniles. Muchas de las afirmaciones están acompañadas de expresiones que denotan, por una parte, el cultivo de virtudes personales como la paciencia, y por otra, la meta de conquistar la seguridad y la tranquilidad que proporciona tener un permiso de residencia vinculado al trabajo. Frases como “siempre me dice que tengo que ser paciente hasta cuando tenga los papeles” (VAL 5 - Joven extutelado, Marruecos) reflejan la preocupación por los papeles y su relevancia para conseguir la inserción en el mercado laboral, primer paso para tan ansiada emancipación.

Otros testimonios lo resumen de forma muy precisa: “Llegar a España, conseguir la documentación, conseguir un trabajo seguro con contrato y legal” (CAT 4 - Joven extutelado. Marruecos). La falta de los “papeles” es una barrera que impide el avance hacia la consecución de las metas propuestas. Requisito para poder desbloquear el camino de sus expectativas. Así lo refleja uno de los jóvenes entrevistados: “Yo solo quiero los papeles para cambiar y tirar para adelante, porque ahora mismo no tengo ni los papeles de Marruecos ni los papeles de España” (AND 3 - Joven extutelado, Marruecos).

Del conjunto de expectativas funcionales, la formación académica se sitúa en un segundo plano. De hecho, en algunos testimonios no aparece y, cuando lo hace, se aprecia que el estudio es una actividad circunstancial o inconexa del trabajo. Lo tienen presente pero no son conscientes de su importancia. En estos dos testimonios puede apreciarse que la formación no es, en sí, una de sus prioridades, al menos inicialmente. El testimonio de un menor tutelado (CAN 2 - Mali) sugiere opciones tan dispares como “estudiar Farmacia o estudiar idiomas y trabajar de camarero en un hotel”. De este modo, puede apreciarse que no está claro su camino formativo y que, además, tiene otra serie de preocupaciones que le hace dejar en un segundo plano su formación académica. Así se recoge en el testimonio de otro menor tutelado: (CAT 3 - Marruecos) “Un montón de cosas tengo en mi cabeza. . . . por ejemplo, un curso o algo, me voy a exigirlo”. Otros hablan de estudiar oficios como peluquería, cocina o mecánica, y que tengan un carácter eminentemente práctico con salidas laborales. Para algunos/as las prácticas son la vía de la inserción laboral.

En este sentido coincidimos con Jurado y Bernal (2013) cuando identifican los principales ámbitos que caracterizan la emancipación y la transición hacia la vida adulta, en especial, los ámbitos formativo, laboral y residencial; porque transitar por estas esferas supone una ruptura de la dependencia familiar y, en consecuencia, la adquisición de los recursos necesarios para su autonomía. Además, como señaló Moreno (1991), la construcción de la identidad personal se asienta, entre otros, sobre el componente básico de la pertenencia a una clase social y a una condición laboral-profesional.

El subconjunto de expectativas simbólicas-ideales está asociado a la palabra “sueños”. En tal sentido, esta metáfora aparece como una expectativa alejada de la realidad más cercana o como una representación fantasiosa que proyecta una identidad. De este modo, en sus discursos se observan perfiles proyectados de empresarios, futbolistas y profesionales (que han podido realizar estudios vocacionales). Este subconjunto no supone desplazar o competir con las expectativas materiales y funcionales. Pero reconocemos que la capacidad de agencia de los/as adolescentes trasciende la dimensión material y funcional para articularse con una idea futura que tienen de sí mismos/as, su autoconcepto. De este modo, existe un conjunto de expectativas simbólicas e ideales que refuerzan la motivación y disponen a los sujetos a emprender acciones que permitan verse y concebirse hacia un “yo ideal”.

Otros sueñan con volver al país de origen y montar una empresa. La condición de empresario está asociada a la capacidad de generar ingresos y acceder a bienes relevantes como la vivienda. La figura idealizada del empresario es más que una necesidad de autonomía económica. “A mí me gustaría trabajar con mi empresa ¿sabes? Trabajar en Argelia con mi dinero ¿sabes? Comprar con mi dinero, vender con mi dinero ¿sabes? Montar mi propio negocio” (CAT 3 - Menor tutelado, Argelia). Significa la posibilidad de culminar un proyecto para emprender una actividad económica, obtener reconocimiento social, en algunos casos retornar; pero, en la mayoría de los casos, acceder a recursos materiales como el dinero, la vivienda o un coche.

Porque es un sueño y siempre quise ir a la península... primeramente hacer feliz a mis padres y la forma de conseguirlo es llegar a la península, conseguir un trabajo y mi documentación y ver mi futuro resuelto. Mi sueño es conseguir un trabajo y mandar dinero a mi familia. (CEU 1 - Menor tutelado, Marruecos)

Las creaciones subjetivas han sido el fruto de la transmisión de información de amigos o migrantes pioneros que trasladan a los/as amigos/as en origen las posibilidades, muchas veces sobrevaloradas, de destacar en el ámbito deportivo. Aunque no aparezca en el siguiente testimonio de forma explícita, presuponemos la existencia de imaginarios mediáticos globales vinculados a futbolistas africanos que consiguen brillar en el fútbol europeo:

Mi sueño era ser futbolista. Mi amigo, el que me habló por primera vez de venir aquí, me dijo que quizás podría ser futbolista aquí y vine con esa idea en la cabeza. Tuve oportunidades, los entrenadores querían que fichara con ellos, pero no pude. Las cosas son así, hay que dejar los sueños y luchar por otras cosas también. (CAN 2 - Menor tutelado, Mali)

El siguiente testimonio refleja el sueño de la profesional vocacional, de la obtención del reconocimiento público a través de la fama y de la estabilidad económica y afectiva:

Me gustaría ser dentista, es mi sueño desde muy pequeña . . .  quiero cumplir ese sueño . . .  Me veo como una cantante famosa, que ha alcanzado su sueño . . .  Que se ha casado con la persona que quiere . . .  sobre todo con una vida tranquila y acomodada. (CEU 21 - Menor tutelada, Marruecos)

De estos testimonios podemos concluir que las expectativas simbólico-ideales están estrechamente relacionadas con la propia construcción identitaria y con la necesidad de reconocimiento social tal y como indicaba Echeverri (2005). Un reconocimiento que adquiere distintas expresiones que oscilan entre el orgullo familiar, el éxito deportivo y la fama mediática.

Algunas de las expectativas simbólico-ideales tienen que ver con la transmisión de imaginarios de jóvenes migrantes pioneros/as en España hacia migrantes potenciales en el norte de África. De esta forma, observamos creaciones subjetivas fruto de la transmisión de información tal y como documentó el trabajo de Gimeno (2013).

El tercer subconjunto de expectativas está delimitado por la posibilidad futura de generar o recuperar sólidos vínculos afectivos. En la mayoría de testimonios de los chicos tutelados o extutelados aparecen dos tipos de mujeres: la madre y la pareja (novia/esposa). Los afectos son una forma de expectativa porque responde a la esperanza real de obtener un bien intangible (el afecto) o de realizar una acción reafirmadora del vínculo afectivo (visitar a la madre o contraer matrimonio). De hecho, la afectividad familiar es uno de los ámbitos de incidencia más destacados en los procesos de emancipación de los/as adolescentes y jóvenes, tal y como hemos visto en el trabajo de Jurado y Bernal (2013, p. 329).

Algunos/as esperan un futuro en el que puedan formar una nueva familia y apoyar el cuidado de la familia de origen. La idea que muchos/as tienen de sí mismos/as está vinculada a la estabilidad de una pareja a través de la institución matrimonial. Se trata de una aspiración también compartida por las personas jóvenes autóctonas, y sin apenas diferenciación, tal y como se desprende del estudio realizado por Ferrer y Cebolla-Boado (2018). Esa institucionalidad es, desde su perspectiva, una expresión de responsabilidad individual:

Lo más importante es conseguir el amor de mi vida y casarme con ella y tener los papeles, conseguir una casa en mi país donde mis padres puedan vivir y si mi mujer es africana traerla y vivir juntos y volvemos a visitar a la familia. (AND 25 - Joven extutelado,Ghana)

Algunos/as esperan recuperar los vínculos con la familia, en especial, con la madre. La madre es una figura muy recurrente en sus discursos. La madre representa el núcleo en torno al cual orbitan buena parte de las relaciones afectivas con la sociedad de origen. “Entrevistadora: ¿Echas mucho de menos a tu familia en Marruecos? Menor: A mi madre. Mucho. Llevo dos años sin verla”. (VAL 2 - Menor tutelado, Marruecos).

Muy cercano a la dimensión afectiva aparece el territorio como un factor relevante en el futuro, sea por el anhelo de retorno o, por lo contrario, por el fuerte arraigo que se puede generar en España. La pertenencia y el arraigo son elementos recurrentes entre las expectativas de los/as adolescentes (Suarez-Navaz, 2006) y no es fortuito que territorio y familia aparezcan claramente entrelazados en sus narraciones: “Entrevistadora: ¿te planteas volver? Menor: La vuelta sí, puedo volver, voy a volver claramente, pero en plan visita, para visitar a mi madre. Prefiero traerme a mi madre y a mi hermana aquí mejor” (VAL 7 - Menor tutelado, Marruecos).

En sus relatos se aprecia la separación de los espacios a través de los adverbios de lugar “aquí” y “allá”. Esos recursos están acompañados de verbos que permiten trazar una opción comparada y decidida “traer aquí” a la madre y a la hermana, es mejor que “volver allá”. En ambos testimonios reconocen la vuelta bajo las condiciones de visita familiar o vacacional, pero no como parte de un proyecto de residencia permanente y formación de una familia.

Como hemos afirmado, la construcción identitaria es una proyección ideal y futura de la persona. Esa construcción está acompañada de emociones que caracterizan los distintos pasos del proceso migratorio mientras, paralelamente, caminan hacia la autonomía psicológica. En la segunda parte encontramos el análisis de las emociones experimentadas en las narraciones de las/os adolescentes que migran solos/as.

4.2. Análisis de las emociones sentidas

En un segundo momento de la investigación se abordaron las emociones experimentadas y vinculadas a las expectativas de futuro de los/as menores y jóvenes participantes del estudio. Como hemos visto, la emoción es un movimiento de exteriorización estimulado por un recuerdo, un pensamiento o un acontecimiento. En las narraciones de las personas entrevistadas hay un amplio repertorio de emociones, pero en este análisis nos centramos en las más frecuentes y significativas. En el gráfico 1 se representan las 10 principales emociones experimentadas por los/as adolescentes y jóvenes, según sus propias palabras.

Lo primero que se destaca es que el proyecto migratorio genera sentimientos y emociones ambivalentes. Como experiencia, los/as menores y jóvenes valoran positivamente el proceso a pesar de la dureza. Las emociones más destacadas son el sufrimiento, la incertidumbre y el bienestar.

Gráfico 1. Diez principales emociones vinculadas a las expectativas de futuro

Las emociones van fluctuando en intensidad y se van transformando en función de la fase del proceso migratorio en el que se encuentre el/la joven, así como con su capacidad de satisfacer las distintas necesidades que surgen en el transcurso del proceso.

4.2.1. Ideando el viaje

Con respecto a la primera etapa, que se sitúa en momento de toma de decisión familiar, las emociones están relacionadas con la alegría y la esperanza de poder contribuir a que la familia mejore sus condiciones de vida. Además, emergen, de forma entremezclada, otras emociones como el nerviosismo, la ilusión y la incertidumbre.

Sí, sí claro, con mi familia me llevo muy bien, pero… quieres salir de esa vida, ir a otra, intentar mejorar la vida de ellos, pues digamos que al principio el paso que he dado ha sido por ellos, para… para verlos mejor… (PV 12 - Menor extutelado, Marruecos).

4.2.2. El viaje

En la etapa del viaje sus emociones cambian. La alegría da paso a sentimientos más complejos. Observamos cómo el sufrimiento y el miedo son las emociones que emergen en sus discursos. Ambos están relacionados con las condiciones logísticas y físicas del viaje y la incertidumbre de llegar a un lugar donde perciben no ser bien acogidos. En los testimonios sobre la dureza del viaje aparece el miedo a la violencia física durante el trayecto y en la llegada.

El sufrimiento es originado por la violencia vivida en el itinerario de llegada a España, cuando les toca viajar solos/as, en pateras o a pie, quedando a merced de las mafias que abusan y se aprovechan de estas circunstancias de vulnerabilidad que presentan los/as jóvenes sin protección tal y como puede apreciarse en los siguientes testimonios:

Allá me hicieron mucho daño con la gente ¿sabes? Hay... Sabes que el sufrimiento del camino, de nosotros antes de llegar aquí… hombre, me pegaron y apuñalaron con un cuchillo y todo. Pero bueno… Bueno en Marruecos hay todo tipo de sufrimientos. Todo, allí te pueden hacer daño por tu dinero. Allá me hicieron mucho daño con la gente ¿sabes? Hay... ¿Sabes? que el sufrimiento del camino, de nosotros antes de llegar aquí. Todo, allí te puede pasar. (AND 10 - Menor extutelado, Mali)

4.2.3. El asentamiento

Una vez llegan a su destino, los/as jóvenes mayores de edad, que ya no pueden acceder a los recursos de protección a la infancia por ser mayores de 18 años, experimentan sufrimiento debido a que se ven obligados a vivir en la calle; donde buscan desesperadamente recursos para la supervivencia. Están y se sienten solos/as.

Sienten desconfianza hacia las personas autóctonas y constatan las barreras físicas, administrativas y simbólicas de su situación irregular. Empieza a emerger la desesperanza y la nostalgia que supone comparar la precariedad del antes con la miseria del ahora. Algunos/as se sienten como “perros callejeros”:

Desconfiaba de todos, me hicieron desconfiar en la gente. No tenía esperanza y podía hacer cualquier cosa para poder comer ese día. Vivir en la calle como un perro, eso no lo había pensado. En mi país era pobre pero aquí era un perro. (PV 15 - Joven extutelado, Marruecos)

El miedo también aparece en este momento. Miedo a la violencia que se vive entre personas migrantes que se encuentran en diferentes recursos de acogida de emergencia donde la ley del más fuerte y el abuso a los/as más jóvenes está con frecuencia presente entre diferentes grupos:

Me llevaron a La Montañeta. Era viernes. Cuando yo llegué allí, no me gustó nada porque eran chicos conflictivos. Nada más llegar, ya me pegaron y me decían de todo. Era todo superviolento. (CAN 1 - Joven extutelado, Marruecos)

Cuando algunas etapas o estaciones del proyecto migratorio no cumplen con las expectativas previstas, algunos/as piensan en el retorno. Sin embargo, pensar en la vuelta avergüenza y entristece. Para algunos/as es un fracaso no alcanzar los logros propuestos (León, 2005). Sienten incertidumbre por desconocer las posibles reacciones de sus grupos familiares. Algunos/as creen que podrían deshonrar a la familia que apostó por su viaje y defraudar a los seres queridos que confiaron en ellos/as:

Pero si vuelves pues… es muy chungo también, si vuelves ahora pues todavía no has hecho ni futuro ni nada pues ¿para qué? como que no has hecho nada, además te vas ahí, otra experiencia porque tienes que empezar ahí también de cero… (PV 13 - Joven extutelado, Marruecos)

En aquellos casos en los que las metas de la migración han sido exitosas, el repertorio emocional varía radicalmente. Afloran sentimientos positivos de bienestar y orgullo personal por los logros obtenidos y por la capacidad mostrada al acceder a ciertos ingresos económicos y costear gastos significativos como los estudios:

¡Hostia!, estoy bien, para pagar los estudios, para decidir a pagar los estudios y tomar esa decisión, yo creo que estoy bien y esto; o sea, sinceramente me siento bien. (PV 15 - Joven extutelado, Marruecos)

Además, cuando los/as jóvenes sienten que han tenido un proceso de inclusión exitoso, las emociones predominantes son la alegría, la expectación y la impaciencia. Quieren mostrar a sus familiares y amigos los frutos del esfuerzo y del sacrificio. Exhibir el éxito acentúa, aún más si cabe, las ganas de regresar.

Estoy contento porque tengo lo que quiero, tengo mis papeles, tengo todo. Si, antes a veces estaba triste muchas veces, pero ahora estoy contento, ellos [educadores] me ayudan no tengo ningún problema, casi voy a ver a mi familia, bajaré la navidad que viene. Ahora tendré 18, podré bajar y verán lo que he conseguido. (MAD 4 - Menor tutelado, Marruecos)

Los/as jóvenes con procesos exitosos señalan, además, emociones de agradecimiento hacia la población acogedora que les ayudado en el proceso de asentamiento y emancipación. Especialmente destaca el caso de jóvenes que entraron en España siendo menores, fueron acogidos en centros de protección y formaron parte de los programas de emancipación para la vida adulta.

Me tratan muy bien, nunca he visto nada negativo de nadie, todos me tratan muy bien, no tengo quejas de nadie… (CEU 18 - Menor tutelado, Marruecos)

Ese centro era una casa con unos diez niños. Ahí fue muy bonito todo. Desde que llegué me trataron bien. Los niños me ofrecían cosas, me acompañaban a los sitios, me traducían, me preguntaban si me hacía falta algo. Fue todo súper lindo. (CAN 1 - Joven extutelado, Marruecos)

De este modo, las emociones reflejan el significado que los/as adolescentes y jóvenes atribuyen a los distintos resultados del proyecto migratorio, tanto exitosos como fallidos. Estos significados están asociados a sus concepciones sobre el éxito y el fracaso de la migración, moviéndose entre tensiones emocionales que, según distintos casos, oscilan entre la vergüenza y el orgullo, la incertidumbre y la seguridad, el sufrimiento y el bienestar.

5. Conclusiones

Este estudio contribuye a ampliar la mirada sobre las migraciones juveniles desde una perspectiva cualitativa. Permite comprender el complejo entramado existente entre la construcción cognitiva de la identidad (sueños, proyectos y expectativas) y las emociones experimentadas (miedos, sufrimientos y alegrías) por adolescentes y jóvenes que han migrado solos/as a España. Desde su mirada, reconocemos que los/as participantes son expertos/as en las migraciones adolescentes y juveniles porque se han visto inmersos en fenómenos únicos que les ha dotado de una experiencia muy significativa a una edad precoz.

Este tipo de estudios reconoce el acervo de conocimiento acumulado por parte de esta población y considera imprescindible asumir que sus saberes son irremplazables por otras fuentes indirectas, descriptivas y numéricas. De este modo, no se pueden atribuir sólo motivaciones materiales a la causa de su migración. Este trabajo contribuye a identificar tres conjuntos de expectativas de futuro de adolescentes y jóvenes que migran solos/as: expectativas materiales-funcionales, simbólicas-ideales y afectivas-territoriales.

Esta investigación constata, siguiendo a Monsutti (2007), que esta población realiza un importante ajuste de conjeturas emocionales de carácter adaptativo para afrontar la dureza del proceso migratorio. Estos ajustes pueden derivar, según haya sido el proceso adaptativo, en el refuerzo de sus competencias y en la consolidación de su resiliencia o, en el aumento de su vulnerabilidad y la agudización de su sufrimiento.

Por otra parte, concluimos que la experiencia migratoria está atravesada por diversas emociones que cambian en función de la etapa migratoria y de las necesidades del contexto espacio-temporal y que, en los relatos, no se observan matices diferenciadores entre la expresión que hacen las mujeres con la de los hombres sobre sobre las emociones sentidas, ni entre quienes llegan del Magreb o del África Subsahariana. El estudio sí ha identificado emociones de dolor y sufrimiento entre quienes han migrado con más de 18 años y se han visto obligados a vivir en la calle sin recursos, respecto a quienes han migrado siendo menores de edad, han contado con programas de acogida acordes a su edad, han recibido un buen trato y los apoyos necesarios. Estos últimos experimentan emociones de alegría y bienestar. De este modo, hay que concebir las emociones desde una perspectiva dinámica fluctuante y ambivalente. Según las etapas y los contextos las emociones se potencian, se atenúan, desaparecen o son sustituidas por nuevas emociones.

Derivadas del análisis de las entrevistas, nuestros hallazgos sugieren que las emociones son manifestaciones explícitas que entrelazan los proyectos vitales de personas jóvenes no acompañadas. Las emociones son construcciones que, en la adolescencia y en la juventud, se despliegan especialmente a las concepciones dicotómicas sobre el éxito y el fracaso de su migración. En consecuencia, observamos tensiones emocionales que oscilan entre la vergüenza y el orgullo, la incertidumbre y la seguridad, el sufrimiento y el bienestar.

Reconocen la tristeza, la incertidumbre y el sufrimiento, pero a la vez, se ven a sí mismos capaces de conseguirlo, lo cual les proporciona satisfacción en el logro de sus objetivos y proyección de futuro vinculado a la satisfacción personal y social. Otros experimentan la nostalgia provocada por el recuerdo de los/as familiares y seres queridos en la etapa de asentamiento, cuando se encuentran físicamente distantes de sus tierras de origen.

Algunos/as viven el orgullo y la satisfacción personal de haber podido conseguir el paso de la frontera a diferencia de otros/as compañeros/as que no pudieron llegar a conseguirlo. Hay quienes experimentan sufrimiento cuando son víctimas de acciones violentas que vulneran su integridad. La violencia material del viaje y la violencia simbólica del rechazo social y administrativo, son rupturas que resquebrajan y reconfiguran sus idealizaciones previas al viaje migratorio.

Por último, algunos/as sienten satisfacción personal, alegría y bienestar cuando consiguen regularizar su situación administrativa y pueden sentirse partícipes de su comunidad.

Muchos/as están y se sienten solos/as; y las experiencias de violencia o maltrato solo logran incrementar la desconfianza hacia las personas autóctonas. La falta de acceso recursos institucionales por una sobrevenida situación irregular, les provoca tener que vivir realidades de exclusión, pudiendo verse afectada su estabilidad emocional.

Como profesionales de la intervención social, implicarnos en el reconocimiento de las emociones que los/as jóvenes menores migrantes no acompañados/as presentan en las diferentes etapas de su itinerario migratorio, supone poder diseñar acciones que permitan trabajar aquellas competencias vinculadas a la gestión de emociones y el autoconocimiento. La adquisición de estas herramientas favorecerá su estabilidad emocional en pleno proceso de una construcción identitaria transcultural y en sus expectativas de futuro.

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