Typesetting
January 2025 in Migraciones
Factores que explican la coexistencia tranquila entre inmigrantes y nativos en barrios populares españoles. Los casos de Arangoiti (Bilbao) y Torre-Pacheco (Murcia)
Abstract
A pesar del avance del precariado, el crecimiento de la inmigración y la presencia de un arraigado prejuicio grupal hacia esta, la coexistencia tranquila y las actitudes sosegadas siguen siendo las notas dominantes en los entornos populares españoles, sin que se hayan producido, en líneas generales, conflictos sociales o políticos significativos de carácter étnico. Esta singularidad española es analizada mediante una extensa investigación cualitativa en un barrio obrero de Bilbao (Arangoiti) y un municipio murciano (Torre-Pacheco), con el propósito de encontrar los factores “protectores” que la explican, como la segmentación étnica, el consenso político en torno a la inmigración, las políticas universalistas del estado del bienestar, el creciente contacto intergrupal, la memoria inmigrante nativa y la menor distancia étnica percibida hacia la inmigración latinoamericana. Sin embargo, el debilitamiento de alguno de estos factores, ilustrado por el caso de Torre-Pacheco, podría incrementar el conflicto intergrupal en los próximos años.
Main Text
Introducción
La principal hipótesis asociada a las teorías del conflicto grupal (Allport, 1954; Blalock, 1970; Quillian, 1995; Olzak, 2013) no se cumplió en España tras los años de crisis y recuperación económica con devaluación salarial (2009-2020). Así, a pesar del avance del precariado —salarios bajos y temporales y ajuste de la protección social pública— y el fuerte crecimiento de la población de origen extranjero, las actitudes hacia la inmigración se mantuvieron tranquilas y pacíficas a nivel local, sin que se produjeran conflictos sociales sistemáticos, ni una fuerte politización de la cuestión inmigrante que alimentará el crecimiento de propuestas nativistas extremas (Cea D’Àncona y Vallés, 2015; Rinken, 2021; Torres y Gómez-Crespo, 2022).
De hecho, el ascenso de la derecha extrema en España en las elecciones generales del año 2019, a pesar de su retórica antiinmigrante, no se debió a la politización de la inmigración, sino, sobre todo, a la cuestión nacional, el voto antiestablishment y la afinidad ideológica (Ortega et al., 2022; Rinken, 2021). Incluso en los barrios populares, aquellos donde se ha asentado mayoritariamente la población inmigrante y donde más intenso fue el avance del precariado y la percepción de competencia intergrupal, las actitudes tranquilas fueron la nota dominante, sin que se produjeran conflictos locales graves, o un transvase de votos desde los llamados “perdedores de la globalización” hacia los partidos radicales de derecha extrema (Iglesias y Ares, 2021).
La pregunta que surge de forma inmediata es ¿por qué esta excepcionalidad española con respecto al resto de países de la UE, donde la politización de la cuestión inmigrante es evidente, y con respecto a los supuestos más comunes de la teoría del conflicto grupal? Pregunta que se ha respondido desde la investigación académica, especialmente desde estudios cuantitativos (Cea D’Àncona y Vallés, 2015; Rinken y Trujillo-Carmona, 2018; Rinken, 2021), señalando la existencia de una serie de factores “protectores” que explican la supuesta particularidad española.
El presente estudio realizado en dos áreas populares españolas, Torre-Pacheco (Murcia) y Arangoiti (País Vasco), se enmarca en este contexto social y académico y, desde sus coordenadas de investigación específicas, trata de contribuir al estado de la cuestión partiendo de dos preguntas básicas:
P1: ¿Qué factores explican la coexistencia y las actitudes tranquilas en ambos entornos populares en un contexto de avance del precariado y crecimiento de la población inmigrante?
P2 ¿Cuál es la contribución específica del análisis realizado en estos dos territorios al estado de la cuestión en España sobre convivencia y relaciones entre inmigrantes y nativos?
Marco teórico y estado de la cuestión
Prejuicio étnico grupal y teoría del conflicto grupal
Las actitudes y opiniones hacia la inmigración están directamente conectadas con la cuestión del prejuicio étnico y racial (Allport, 1954). En la literatura, tradicionalmente, se ha distinguido entre los enfoques individuales del prejuicio étnico basados en explicaciones psicológicas y cognitivas, y asociados a experiencias, sentimientos y valores personales (Lu y Nicholson-Crotty, 2010); y los enfoques más sociales centrados en la creación y reproducción comunitaria del prejuicio y en sus efectos sobre las relaciones intergrupales y la estructura social (Allport, 1954; Quillian, 1995; Zamora-Kapoor, 2013).
En este artículo, sin restarle importancia al primero, se opta por el segundo enfoque. Siguiendo este esquema, la propuesta teórica de Blumer (1958) sobre el prejuicio como sentido de la posición grupal, desarrollada posteriormente por autores como Quillian (1995) y Bobo y Tuan (2006), sigue siendo central. El prejuicio grupal, así, es una representación sobre el grupo externo y subordinado —y sobre el propio grupo— que es compartida, en diferente grado, por los miembros del grupo dominante.
Este prejuicio grupal, siguiendo a Blumer (1958), tiene cuatro elementos centrales. La representación del otro como extraño, diferente y ajeno al propio grupo dominante. La percepción del otro como un grupo inferior o “poco desarrollado”, lo que lleva implícita la percepción del propio grupo como “superior”. En tercer lugar, y como consecuencia de lo anterior, la idea de la ventaja étnica que prescribe que los miembros del grupo dominante deben ocupar las posiciones preferentes en los diferentes ámbitos sociales, y el grupo minoritario las secundarias. Y finalmente, la percepción de que el grupo minoritario constituye una amenaza -demográfica, cultural, comunitaria, identitaria, socioeconómica, residencial, etc.- para el grupo dominante, al tratar de socavar la jerarquía étnica establecida desde la ventaja del grupo mayoritario (Allport, 1954; Blumer, 1958; Quillian, 1995; Billiet et al., 2014).
Este prejuicio grupal no es una mera disposición moral o ideológica individual que afecta a la relación con el “otro”, sino, sobre todo, es un mecanismo social con fuerza histórica y material que define la pertenencia, moldea las relaciones y distancias sociales, y, especialmente, adjudica posiciones diferentes en la estructura social, legitimando la subordinación y explotación del otro (Blumer, 1958; Quillian, 1995; Bobo y Tuan, 2006; Olzak, 2013).
A partir de este planteamiento teórico, surge la llamada Teoría del Conflicto Grupal (TCG) (Allport, 1954; Blumer, 1958; Blalock, 1970; Olzak, 2013; Quillian, 1995) que, en realidad, engloba múltiples planteamientos conceptuales. Dicha teoría analiza fundamentalmente los factores que activan el prejuicio étnico y la percepción de amenaza y competencia intergrupal, y con ello, las actitudes, los discursos y las acciones reactivas que el grupo dominante toma para reproducir o restituir su ventaja étnica.
En su versión más formalizada, la TCG sostiene que allí donde se produce al mismo tiempo declive económico y salarial y crecimiento relativo del grupo minoritario, se incrementa la percepción de competencia intergrupal por recursos escasos, tanto a nivel individual como comunitario (Kunovich, 2004; Scheepers et al., 2002; Billiet et al., 2014); y con ella, la representación del otro como una amenaza económica, demográfica y cultural (Billiet et al., 2014) que cuestiona la posición dominante del grupo mayoritario. En dicha situación, se incrementan las actitudes hostiles hacia el grupo minoritario, el ascenso de tensiones y conflictos sociales, y la demanda de políticas que garanticen la ventaja étnica del grupo dominante (Blumer, 1958; Quillian, 1995; Olzak, 2013). Dicho enfoque, así, ayudaría a explicar el crecimiento de los discursos hostiles hacia la inmigración y el ascenso electoral de candidatos y partidos nativistas extremos (Scheepers et al., 2002; Billiet et al., 2014; Zamora-Kapoor, 2015).
Esta hipótesis central de la TCG, no obstante, debe ser complejizada (Allport, 1954; Quillian, 1995; Billiet et al., 2014), ya que, en realidad, los factores que intervienen en la activación del prejuicio étnico y el aumento de la percepción de competencia y las tensiones étnicas, son múltiples y variados.
Entre estos factores desencadenantes, por ejemplo, habría que citar la intensidad de la distinción étnica entre el grupo dominante y el minoritario (Blalock, 1967; Olzak, 2013); o, más que el declive económico en general, los cambios en las posiciones económicas relativas entre ambos grupos, y las reacciones que estos producen en el grupo dominante y dominado (Quillian, 1995; Olzak, 2013). Al tiempo, es necesario hablar del factor institucional o político, y los posibles cambios en las relaciones de fuerza entre ambos grupos que pueden trastocar las posiciones económicas grupales previas.
Estos factores, que se alimentan unos a otros y actúan de forma combinada, tienen impacto no solo a nivel nacional, sino también regional y local (Olzak, 2013) y están afectados por distintas variables sociodemográficas como la edad o la clase social. Así, por ejemplo, autores como Scheepers et al. (2002), Kunovich (2004), Billiet et al. (2014) muestran que las clases trabajadoras nativas tienden a poseer un prejuicio étnico y una percepción de competencia grupal más intensa que otros segmentos sociales, ya que suelen compartir posiciones económicas, laborales y residenciales con los inmigrantes.
La excepcionalidad española
Si extrapolamos la hipótesis de la TCG al contexto de España, las relaciones entre nativos e inmigrantes deberían haber empeorado, especialmente en los barrios populares, desde el inicio de la crisis de 2008 debido al aumento del desempleo y el avance del precariado (Castel, 1997). Sin embargo, en contra de ese pronóstico, las actitudes hacia la inmigración se mantuvieron sosegadas durante los años posteriores a la recesión (Cea D’Ancona y Vallés, 2015; Rinken, 2017). La coexistencia tranquila, aunque distante, en las relaciones intergrupales fue, así, la nota dominante en España y en sus barrios populares durante esos años, sin que se produjeran conflictos y tensiones sociales y políticas significativas tales como: crecimiento de la derecha extrema nativista, persecución étnica sistemática, episodios de violencia colectiva contra la inmigración, o boicots étnicos (Torres, 2009; Giménez, 2015; Cea D’Ancona, 2016; Cebolla y González 2016; Rinken, 2017; Iglesias et al., 2020). Una coexistencia tranquila, pero distante, que es uno de los tipos ideales de sociabilidad elaborados por Giménez (2015) y el resto de investigadores en su estudio sobre convivencia y relaciones intergrupales del proyecto ICI (Intervención Comunitaria Intercultural). Coexistencia, por tanto, que es diferente a la convivencia, basada en el encuentro y la proximidad intercultural, y a la hostilidad, donde las relaciones intergrupales están presididas por el conflicto social (Solanes y Mora, 2020). No obstante, a pesar de esas relaciones cordiales, la literatura ha mostrado que, en general, pero sobre todo entre los sectores populares, la percepción de competencia y amenaza étnica de carácter socioeconómico y cultural sí creció en esos años entre la población nativa, aunque no se transformó en conflicto social y político abierto (Cea D’Ancona y Vallés, 2015; Rinken, 2017; 2020; Iglesias y Ares, 2021).
Esta paradoja intergrupal (Rinken y Trujillo-Carmona, 2018), que nace del incumplimiento de la hipótesis central de la TCG, ha sido explicada por la existencia en España de una serie de factores contenedores del conflicto étnico, que han neutralizado el proceso de escalada de las actitudes hostiles (González-Enríquez, 2017). Factores como el contacto intergrupal y su capacidad de forjar relaciones significativas y de reducir el prejuicio y la hostilidad étnica (Pettigrew, 1998). O el grado de segregación étnica existente (Kunovich, 2004), factor que, en el caso español, está determinado por la evidente segmentación entre nativos e inmigrantes en el mercado de trabajo y en el sistema público de protección social (Iglesias et al., 2020), lo que ha ayudado a contener la percepción de competencia intergrupal.
Otros autores (Rinken, 2017; González-Enríquez, 2017) han señalado la cultura democrática y universalista de las élites políticas —asociada a la reciente experiencia política del país y el rechazo del franquismo— y el consenso político acerca de la inmigración en España, como factores que han favorecido la acogida e impedido, al menos hasta 2019, el crecimiento de partidos y plataformas nativistas y el uso de la inmigración como arma electoral.
Finalmente, el desarrollo de políticas de integración social, y el acceso de la población inmigrantes al sistema sanitario y educativo a través del padrón municipal, también habrían favorecido la desactivación de actitudes racistas entre la población nativa (Cebolla y González, 2016).
Metodología
El artículo trata de indagar en estos factores desde un estudio comparativo de dos contextos locales: Arangoiti, barrio en el municipio de Bilbao y Torre-Pacheco, un municipio murciano de la comarca del Campo de Cartagena.
Los resultados de este artículo están basados en una metodología cualitativa que consistió en la realización de entrevistas, grupos de discusión y relatos de vida familiares desarrolladas durante 2018 y 2019, y dirigidas a expertos y actores clave, personas de origen inmigrante y población autóctona. Dichas técnicas de investigación siguieron una dinámica semiestructurada, es decir que, aunque se permitió que la narración fluyera de manera libre, se apoyaron en unos guiones que ayudaron a los entrevistadores a estructurar la conversación y asegurar que se abordaban las siguientes temáticas: caracterización del barrio/municipio de estudio, caracterización de la población de origen inmigrante, relaciones entre vecinos, trayectorias de los hijos de inmigrantes y cuestiones acerca de las políticas de intervención en el contexto de estudio.
En el caso de estudio de Torre-Pacheco se realizaron ocho entrevistas en profundidad, un grupo de discusión a expertos, uno a inmigrantes de primera generación, uno a inmigrantes de segunda generación y otro a personas nativas vecinos del barrio. Adicionalmente, se realizaron ocho relatos de vida familiares, cuatro a padres y madres y otros cuatro a hijos e hijas. En el conjunto de técnicas, participaron 43 personas.
En el caso de estudio de Arangoiti, se realizaron once entrevistas en profundidad, un grupo de discusión a expertos, uno a inmigrantes de primera generación, uno a inmigrantes de segunda generación y otro a personas nativas vecinos del barrio. Adicionalmente, se realizaron ocho relatos de vida familiares, cuatro a padres y madres y otros cuatro a hijos e hijas. En el conjunto de técnicas, participaron 49 personas.
La muestra seleccionada incluyó personas de origen inmigrante, hijos e hijas de inmigrantes, nativos o población española, informantes clave con información relevante, como trabajadores sociales, técnicos municipales y otras personas consideradas expertas. La muestra seleccionada se basó en criterios de accesibilidad, idoneidad y representatividad en los dos contextos seleccionados.
No obstante, el trabajo de campo realizado en ambas localidades forma parte de una investigación más amplia que incluyó trabajo cualitativo en otros 4 barrios de alta diversidad en el marco de un proyecto de investigación desarrollado entre 2018-2020. Durante 2020, tras declararse la situación de alerta sanitaria por covid, se realizaron entrevistas en profundidad en modalidad telemática en ambos casos de estudio, pero no se han utilizado en el análisis que aquí se presenta por no resultar suficientemente representativas.
El análisis del material obtenido durante el trabajo de campo se realizó de la siguiente manera: primero, se transcribieron las entrevistas, se construyeron las categorías de análisis y se etiquetaron los materiales con el apoyo del software Nvivo. A continuación, se establecieron las relaciones entre las etiquetas y las técnicas, y se pasó a reconstruir el análisis a partir de las hipótesis formuladas inicialmente y a la luz de la revisión de la literatura. Lo anterior permitió aproximarse y saturar los rasgos socioestructurales de la cuestión de estudio (Bertaux, 1981). Además, dichas técnicas permitieron capturar elementos que suelen quedar velados en las investigaciones cuantitativas, evitando algunos de los tradicionales sesgos de deseabilidad social propios de ellas (Rinken, 2017).
Resultados
En este apartado se presentan las tendencias socioestructurales extraídas del trabajo de campo acompañadas por verbatims que tratan de ilustrarlas.
Contexto de los casos de estudio
Arangoiti (Bilbao) es un barrio obrero tradicional situado en la falda del monte Banderas, al norte de la ciudad, en el distrito de Deusto. Arangoiti es un barrio de aluvión formado por la migración rural interna que fue movilizada y convocada para trabajar como mano de obra barata en los nuevos polos industriales urbanos del país durante el desarrollismo. El barrio, por su particular situación y orografía, tenía un acceso difícil al resto de la ciudad que ha sido mejorado sustancialmente en los últimos años. Se trata de un barrio pequeño, 0,13 km2, y compacto, donde la vida vecinal transcurre en unas pocas calles y plazas, facilitando el contacto entre sus vecinos en los diferentes espacios de la vida cotidiana.
La población total de Arangoiti es de 4317 habitantes (Instituto Vasco de Estadística-EUSTAT, 2021) con una clara tendencia al envejecimiento —23,5% de población mayor de 65 años frente a un 16,6% de población menor de 19 años—, que afecta especialmente a la población nativa. La comunidad obrera tradicional y sus descendientes constituyen la población mayoritaria del barrio, aunque la población de origen inmigrante ha ido creciendo de forma progresiva en las dos últimas décadas hasta representar el 14% del total. Población que procede principalmente de Colombia (17%), Bolivia (8%) y Marruecos (8%) (EUSTAT, 2021), y que se ha incorporado en las tramas residenciales más precarias del barrio, con un índice elevado de sobreocupación.
Torre-Pacheco, por su parte, es un municipio ubicado en el centro de la comarca del Campo de Cartagena, en la Región de Murcia. Torre-Pacheco experimentó un fuerte crecimiento poblacional como consecuencia de la llegada del trasvase de aguas Tajo-Segura en el año 1979, año a partir del cual comienza a recibir inmigración extranjera e interna para su movilización en los mercados de trabajo agrícolas. Su desarrollo productivo, y la necesidad de hacer viable y rentable la industria agrícola en expansión en los competitivos mercados globales, generó una fuerte demanda de trabajo barato y disponible que vino a ser cubierta, en su mayoría, por población inmigrante procedente del Sur global. Esta población inmigrante, la mayoría de origen marroquí, se asentó prioritariamente en los diseminados rurales que componen el municipio durante los años 80, en viviendas relacionadas con la actividad agrícola y consideradas infraviviendas. Esto configuró un hábitat disperso y desconectado, compuesto por once pedanías alrededor de un núcleo urbano, Torre-Pacheco, que concentraba los servicios y donde se produce el contacto entre vecinos. Desde los años 90, coincidiendo con una diversificación de los flujos migratorios y una llegada creciente de latinoamericanos, aumenta la presencia inmigrante en el núcleo urbano, aunque limitado a determinadas calles y barrios (Torres, 2009).
En la actualidad, la población total de Torre-Pacheco es de 37 039 habitantes. Un 29,63% de la población es extranjera y, a diferencia de Arangoiti, la población es relativamente joven, con un 66% del total entre 16 y 64 años, a lo que contribuye en buena medida la presencia de población de origen inmigrante (Centro Regional de Estadística de Murcia-CREM, 2021). En el municipio conviven más de 90 nacionalidades, siendo los marroquíes la población extranjera mayoritaria (56% de los extranjeros), junto a Ecuador (7,7%) o Rumanía (2,2%) (INE, 2023). Esta población marroquí es la mayoritaria en pedanías como Roldán y Balsicas, mientras en el núcleo de Torre-Pacheco se produce una copresencia residencial de autóctonos, personas de origen latinoamericano y una minoría de personas de origen marroquí (Torres, 2009).
En cuanto a las condiciones socioeconómicas de ambos contextos, Arangoiti está integrado dentro del diversificado mercado de trabajo de Bilbao y su extensa zona metropolitana. Torre-Pacheco constituye un enclave agrícola asimilable a áreas agroexportadoras españolas. En Euskadi los sectores principales son los servicios, 73,1% y la industria, 20,1%. La construcción representa el 6% y la agricultura tan solo el 0,9%, frente al 10% en la región murciana (Encuesta de Población Activa-EPA, Instituto Nacional de Estadística-INE, 2022). Los empleos de servicios de media y alta cualificación representan el 50% de la estructura ocupacional de Euskadi, frente al 38,5% del mercado de trabajo de la Región de Murcia. Las ocupaciones manuales en la industria, los servicios y la agricultura, de alta y baja cualificación, conforman el resto del mercado de trabajo, 50% en Euskadi y 61,5% en Región de Murcia, destacando el peso de las ocupaciones elementales en esta última región; 20,3% frente al 10,1% de Euskadi (EPA INE, 2022). Al tiempo, la tasa de temporalidad es del 24,1% en Euskadi un poco inferior a la nacional, 25,2% y siete puntos más baja que la de Murcia, 31%.
Arangoiti es un barrio de ingresos bajos en el entorno de Bilbao, 15 864 euros de renta media en el año 2021 frente a los 23 592 de la ciudad, un 33% inferior (EUSTAT, 2023), con una tasa de actividad del 49% y una tasa de desempleo del 15%, por encima de la de Bilbao, 12,26% (EUSTAT, 2023). La renta media disponible de Torre-Pacheco es 18 283 euros en 2022, frente a los 24 067 de la ciudad de Murcia (CREM, 2021). La renta media en Euskadi es de 15 544 euros anuales por persona, un 37% superior a la de Murcia de 9 931 euros (Encuesta de Condiciones de Vida-ECV INE, 2021). La renta personal media anual de las personas de origen inmigrante en Euskadi es significativamente inferior a la del País Vasco, representando tan solo un 40% de dicha renta en el año 2015 y un 45% en el año 2023 (EUSTAT, 2023). Finalmente, la tasa de pobreza en Euskadi es del 12,2%, claramente inferior a la estatal, 21,7%, y a la de la región murciana, 27,7% (ECV INE 2021).
En el caso murciano, la ganancia media anual por trabajador para las personas extranjeras (18 540,21 euros) es un 23,3% inferior al de las españolas (24 190,18 euros). En Euskadi, la ganancia media anual por trabajador, en el caso de las personas extranjeras (21 722,29 euros), es un 34,3% inferior al de las españolas (33 087,22 euros) (Encuesta anual de estructura salarial-INE, 2022).
El precariado se ha extendido gradualmente en ambos territorios como norma social para muchas familias trabajadoras, especialmente desde la crisis económica de 2009. En el caso de Arangoiti, sus habitantes, sin embargo, cuentan con la fuerte protección de los servicios públicos vascos, uno de los más desarrollados del país, a diferencia de los que ocurre en Torre-Pacheco y la Región de Murcia. En 2022, Euskadi ocupa el segundo lugar dentro de las comunidades autónomas en gasto social por habitante: 3708 euros frente a una media de 2940 euros en España, y muy lejos de la Región de Murcia, con 2823 euros de gasto social anual, un 24% inferior al vasco (Asociación Española de Directores y Gerentes en Servicios Sociales-ADYGSS, 2021).
Si atendemos a las rentas mínimas de inserción, uno de los estabilizadores centrales frente a la precariedad y la pobreza con los que cuentan las comunidades autónomas, Euskadi vuelve a ser uno de los territorios más avanzado en este campo, cubriendo al 52,3% de las personas bajo el umbral de pobreza frente a un 7,7% estatal y tan solo un 2,6% de la Región de Murcia (ADYGSS, 2022).
Pese a las evidentes diferencias sociales y económicas, el tono de las relaciones intergrupales en ambos territorios ha sido muy parecido, caracterizado por una relación de coexistencia pacífica, tranquila pero distante entre inmigrantes y nativos. Sin embargo, por debajo de esta coexistencia tranquila, existe un extendido prejuicio grupal hacia la población de origen inmigrante entre la población nativa de ambos lugares, aunque en grado e intensidad diferente. Prejuicio que siguiendo a Blumer (1958) representa al inmigrante como el “otro” extranjero, atrasado, peligroso e “inferior”, y como alguien que no pertenece a la comunidad local. Inmigrante que representa una clara amenaza —demográfica, cultural, socioeconómica, etc.— para la población nativa y su posición preferente dentro de la comunidad local (Iglesias y Ares, 2021).
Este prejuicio grupal se activó con fuerza durante los años de recesión y recuperación económica con devaluación salarial, y se hizo presente en ambos territorios bajo la forma de actitudes negativas hacia la inmigración, discursos y comentarios hostiles y nativistas que caracterizaban a la inmigración como una amenaza económica y/o cultural, y comportamientos directos de carácter xenófobo.
Dicho prejuicio grupal fue utilizado por la población nativa —empleadores, propietarios, políticos y funcionarios, etc.— para legitimar y reproducir la segmentación de ambos grupos en la estructura social local —mercado de trabajo y de vivienda, sistema educativo, ingresos y niveles de protección social, etc.— donde los inmigrantes tienden a ocupar las peores posiciones (Iglesias et al., 2020).
En el caso de Arangoiti, a pesar del avance del precariado, el crecimiento de la inmigración y la activación del prejuicio y los discursos hostiles, la coexistencia tranquila se mantuvo y no se produjo un proceso de politización de la cuestión inmigrante reflejado en el aumento del voto a la derecha extrema, que continuó teniendo un apoyo residual: 754 votos en las generales de 2023, un 2,6% del total.
En Torre-Pacheco, aunque la coexistencia tranquila se mantuvo todos estos años, a partir de 2019 se produjo un proceso de politización del prejuicio y la cuestión inmigrante reflejado en el fuerte crecimiento del voto a VOX. Partido que obtuvo el 13% de los votos en las elecciones municipales de 2019 y el 19% en las de 2023, y fue el más votado en las elecciones generales de 2019, y el segundo en las de 2023.
A continuación, se analizan con detalle los factores presentes en ambos contextos que ayudan a entender el comportamiento común y diferencial de ambos territorios.
El factor de la reproducción de la ventaja nativa
El primer factor que ha ayudado a mantener las actitudes tranquilas y la baja conflictividad social y política en ambos territorios ha sido la reproducción de la segmentación étnica en la estructura socioeconómica.
Desde 2009, conforme avanzaba el precariado, creció también en ambos contextos la percepción de competencia grupal por recursos escasos y el temor a que se rompiera la ventaja nativa existente, alimentando el auge de los discursos hostiles hacia la inmigración y su representación como amenaza:
Se notan los comentarios [...] lo de las ayudas, [...] Sí, yo estoy en algún grupo que dicen eso. Dicen: “pues vosotros —inmigrantes— habéis venido a quitarnos el trabajo”. (GD1_Arangoiti)
Sin embargo, este prejuicio grupal que se activó en la comunidad local no creció hasta el punto de crear conflictos sociales y políticos, debido a que la etnosegmentación existente en ambos territorios —en el mercado de trabajo, en el espacio residencial, en el sistema público, en el sistema educativo, etc.— se mantuvo y reprodujo en el tiempo, conjurando la supuesta amenaza de igualación étnica.
En Arangoiti, a pesar de la fuerza que cobraron los discursos de amenaza étnica, la población de origen inmigrante continuó estos años ocupando las peores posiciones de la estructura laboral, residencial y socioeconómica del barrio y de la sociedad vasca (Shershneva y Fouassier, 2022) muy por debajo de las posiciones de la población nativa, conteniendo, así, el posible conflicto intergrupal:
Creo que aquí la gente se ha dado cuenta que esta gente está haciendo los trabajos que ellos nunca harían. Y en las condiciones en las que ellos nunca las tendrían. Entonces, creo que eso ha relajao un poquito el ambiente. (Ent4_Arangoiti)
En Torre-Pacheco se repite el mismo patrón. Los inmigrantes continúan incorporados en las actividades laborales con peores condiciones y remuneración, principalmente empleos en el sector primario, como jornaleros agrícolas, almaceneras y otras tareas de la industria agroalimentaria, con condiciones muy devaluadas, y en menor medida, en empleos precarios en el sector servicios (Torres y Gadea, 2010; Pedreño, De Castro y Gadea, 2015). En el caso de Torre-Pacheco, además, la existencia de pedanías y diseminados rurales segregados de la trama urbana donde se inserta mayoritariamente la población inmigrante, sin acceso a servicios y mal conectados con el núcleo urbano de Torre-Pacheco, configura una segmentación espacial y social más evidente, que limita las posibilidades de acceso al sistema de bienestar social y visibiliza de forma clara la ventaja nativa.
En definitiva, la reproducción de la ventaja nativa (complementariedad subordinada de la mano de obra inmigrante y su segmentación económica, residencial y social) durante estos años ha sido un factor decisivo a la hora de entender la coexistencia tranquila entre ambos grupos en ambos territorios, desactivando la percepción de amenaza y competencia étnica que nace del prejuicio grupal. Así, por ejemplo, un informante justificaba, de la siguiente manera, la necesidad e idoneidad de dicha subordinación laboral en Torre-Pacheco:
En la peor época de la crisis, aquí, en Torre-Pacheco, nadie se fue a coger melones o a coger lechugas [...] es que los necesitamos, es que ¿Quién trabaja en el campo? Ellos están dispuestos a hacerlo, ¡Pues si ellos están dispuestos, pues que lo hagan! (Ent6_Torre-Pacheco)
Estas actitudes sosegadas, sin embargo, pueden tener más problemas para reproducirse en la llamada segunda generación (Rinken, 2017), fundamentalmente porque los hijos de inmigrantes, a diferencia de sus padres, podrían cuestionar en mayor medida los niveles de segregación social existentes, tal y como defendía un informante ante su grupo de pares, buscando respaldo en su argumentación, durante el trabajo de campo:
Va a (haber) conflicto. Por ejemplo, mi hija ha nacido aquí [...]. Si uno de aquí le dice que tú eres migrante y tal. No va a aceptarlo [...] Mi hija nació aquí, habla el idioma local. Entonces va a defenderse más [...]. (GD1_Arangoiti)
El factor institucional
El llamado factor institucional también ha influido en las relaciones intergrupales en ambos territorios.
En el caso de Arangoiti, las sólidas políticas públicas de redistribución del País Vasco han sido un mecanismo de contención de las actitudes hostiles hacia la inmigración. En esta línea, un informante del barrio enfatizaba lo mucho que dichas ayudas han contribuido a “contener” las actitudes hostiles:
Las ayudas sociales [...] ayuda(n) a las familias y a calmar las cosas mucho, mucho, mucho, mucho [...] Que en un momento determinado te valían perfectamente para pagarte el alquiler y librarte de esa presión de no poder pagarlo. Entonces, eso (esas ayudas) yo creo que han hecho que la gente esté más contenida [...]. (Ent5_Arangoiti)
En un contexto de avance del precariado y activación del prejuicio grupal, el sistema de bienestar social vasco, uno de los más avanzados en España (ADYGSS, 2021), redujo la percepción de competencia intergrupal y amenaza por recursos escasos entre la clase trabajadora nativa, con un mejor acceso a los servicios y prestaciones de dicho sistema, y con ello la tensión intergrupal. El sistema público vasco, además, redujo los niveles de pobreza y desesperación entre la población de origen inmigrante, conteniendo los niveles de conflicto social. No obstante, a pesar de esta situación, en Arangoiti ha existido durante estos años una fuerte presión nativista dirigida hacia las instancias de gobierno para que los servicios y prestaciones públicas se dirijan preferentemente hacia los nativos locales.
En el caso de Torre-Pacheco y la región de Murcia, las débiles políticas públicas de bienestar no aparecen como un factor decisivo a la hora de contener de forma significativa la percepción de competencia y las tensiones intergrupales. De hecho, pese a la existencia de una clara ventaja nativa en el terreno económico y en el espacio residencial, se registran con frecuencia discursos dirigidos a marcar el acceso preferente de los “españoles” a los limitados servicios y prestaciones sociales, especialmente hacia las personas marroquíes, como por ejemplo el siguiente, que refleja un supuesto “aprovechamiento de los recursos” por parte de dicha población:
Tú vas a Servicios Sociales y está lleno de musulmanes. Tú vienes a Caritas y hay marroquíes. A eso sí sabe ir la gente, pero luego a las actividades del pueblo no. Es decir, no hay una actitud de integrar, solo actitud de aprovechar los recursos. (GD1_Torre-Pacheco)
En lo referente a las políticas públicas de acogida e integración social, la Administración vasca en sus distintos niveles se ha distinguido por el impulso de planes y medidas de acogida e inclusión de todo tipo —atención legal, campañas antirrumores, impulso del asociacionismo, etc.— que han actuado como contrafuertes frente a los estereotipos contribuyendo activamente a la convivencia local. El siguiente informante destacaba cómo dichas políticas públicas han contribuido a la “normalización” de la inmigración:
Yo creo que en general los procesos de incorporación (de la inmigración) han sido positivos, normalizados [...] la capacidad de incorporar a tanta gente y de hacerlo de manera pacífica creo que se explica por la labor y el trabajo que han hecho los ayuntamientos y los agentes del barrio. (Ent1_experto_nacional)
En el caso de Torre-Pacheco, las políticas públicas de integración apenas han sido relevantes después de la crisis, aunque se destaca el papel de las asociaciones del tercer sector y de sus programas y proyectos de integración —acogida, ayuda legal, mediación, etc.— como un recurso que ha favorecido la convivencia local.
Estas políticas de integración desde la crisis de 2009 han sido recortadas a todos los niveles —estatal, autonómico y local—, debido a los programas de ajuste y la creciente presión nativista, lo que ha reducido la capacidad del Estado para favorecer la convivencia. De hecho, los expertos apuntan que se “está viviendo de las rentas” (Ent4_Arangoiti), es decir, de todo el trabajo realizado por los planes de integración durante los años de expansión.
En tercer lugar, en el caso de Arangoiti y de Euskadi, hay que señalar la existencia de un amplio consenso democrático entre los principales partidos políticos e instituciones públicas que ha favorecido la acogida de la población inmigrante, y ha sancionado explícitamente la expresión pública de discursos antiinmigrantes, y su utilización como arma electoral. Este consenso se sostenía con la anuencia de parte de la población y de la siguiente manera se explicaba la contención de determinados discursos contra la inmigración:
Había una masa crítica para (el mensaje de) “nativos first”, para el discurso antiinmigración [...] ¿Por qué no ha subido? Porque hasta ahora, salvo excepciones, ningún partido [...] se ha sacado el tema de la inmigración de la manga [...] Por eso es importante que la clase política limite los espacios de impunidad al máximo, ¿Qué es limitar? Cordón sanitario al máximo a todos los que lo utilicen públicamente. (Ent4_Arangoiti)
Este acuerdo político tácito entre la mayoría de la clase política está directamente relacionado con la necesidad estructural del trabajo inmigrante y con la presencia en la sociedad vasca, y especialmente en la mayoría de sus partidos políticos y en su tejido social, de una cultura política universalista y democrática, defensora de los derechos humanos y una fuerte memoria antifranquista y nacionalista que rechaza las posiciones extremistas y excluyentes.
Estos elementos, consenso político y cultura democrática y antifranquista, han contribuido a la tranquilidad social intergrupal, construyendo un amplio cordón sanitario frente aquellos candidatos, plataformas y partidos antiinmigrantes, y trabajando activamente por la acogida y la inclusión.
Esta cultura política se manifiesta en Arangoiti a nivel electoral, ya que la población trabajadora del barrio, debido a su tradición y memoria democrática, nacionalista y antifranquista, no vota por partidos nativistas de derecha extrema, a pesar de la sintonía que muchas veces existe entre los discursos nativistas de dichas plataformas y sus propios discursos sobre la inmigración enraizados en el prejuicio grupal.
En este terreno, el caso de Torre-Pacheco es también diferente, ya que, pese a su coexistencia tranquila, desde 2019 sí se ha producido un ascenso del apoyo popular y electoral al partido de derecha extrema, VOX, precipitado por un intenso proceso de politización de la cuestión inmigrante, aunque también por un fuerte sentimiento antiestablishment, y una reacción nacional frente a la crisis política soberanista en Cataluña.
El ascenso de VOX rompe con el consenso político implícito que existía entre los partidos políticos mayoritarios (Partido Popular, PP, y Partido Socialista Obrero Español, PSOE) en el municipio, construido sobre la necesidad económica del trabajo inmigrante barato —y segregado— y la no utilización de la cuestión inmigrante como arma electoral, lo cual contribuía a reducir las tensiones intergrupales. Tras la llegada de la derecha extrema a las instituciones se produce un proceso de institucionalización y naturalización de los discursos xenófobos y preferentistas que alimenta las tensiones intergrupales, y normaliza el apoyo a partidos y discursos excluyentes.
El factor del contacto intergrupal
En Arangoiti, la mayoría de la población inmigrante comparte el espacio residencial con la población local, ya que la etnosegmentación residencial existente en el barrio está asociada a la inserción de los inmigrantes en las viviendas más precarias y baratas, y no a una segregación espacial evidente en una zona específica del barrio. En Torre-Pacheco, por el contrario, sí existe esta segregación residencial de la población inmigrante, especialmente la marroquí, que está sobrerrepresentada en los diseminados y pedanías del municipio, desconectadas del núcleo urbano. Al mismo tiempo, en términos laborales, existe una menor segregación en Arangoiti, con plantillas laborales que tienden a ser más mixtas que en el caso de Torre-Pacheco, donde existe una mayor segregación étnica en lo referente a los puestos de trabajo.
La mayor copresencialidad (residencial y laboral) en el caso de Arangoiti ha facilitado la progresiva incorporación de las familias inmigrantes al espacio comunitario —comunidad de vecinos, escuelas, centros de trabajo y comercios, plazas y espacios de ocio, servicios públicos, etc.—, y el incremento del roce y el contacto cotidiano con la población nativa, lo que ha alimentado el proceso de conocimiento y acostumbramiento mutuo, tras el extrañamiento inicial y, sobre todo, la incipiente creación de redes sociales mixtas de pareja, parentesco, amistad y vecindad.
Estos elementos han contribuido a la contención de los discursos y las actitudes hostiles hacia la inmigración y al desarrollo de relaciones étnicas tranquilas, evitando su transformación en conflicto social y político abierto. El contacto es un factor de contención bien conocido para buena parte de los informantes consultados durante el trabajo de campo, que destacan su importancia por ejemplo de la siguiente manera:
¿Qué hay discursos de que todo es para los inmigrantes? Sí, yo creo que los hay; pero yo creo que la experiencia del contacto directo, del conocimiento directo, de tener amigos, de tener vecinos, de tener compañeros de trabajo o de escuela, ha hecho que la población sea muy resiliente a este tipo de discursos. (Ent2_Arangoiti)
Estos procesos se hacen aún más evidentes en el caso de los hijos de personas inmigrantes, ya que tienen un mayor contacto con los jóvenes autóctonos en los diferentes espacios sociales del barrio: escuela, plaza y ocio, actividades deportivas, etc. Espacios donde se crean y recrean todo tipo de vínculos mixtos significativos: pandillas de amigos, relaciones de parejas, compañeros de escuela y equipo, etc. A partir de los relatos de vida desarrollados como parte del trabajo de campo, se constata cómo los hijos de inmigrantes han sido un elemento de acercamiento con las familias autóctonas y contribuido a sostener unas relaciones de coexistencia tranquila:
Y también íbamos con nuestros hijos a jugar (a las pistas del colegio) [...] Los sábados y los domingos hasta las once de la noche por ahí [...] Con las españolas que también iban [...] O sea, su pandilla de amigos es (nativos) y también inmigrantes. (HV2_Arangoiti)
El caso de Torre-Pacheco es diferente, porque la fuerte segregación residencial y laboral limita el contacto y porque, además, dicha segregación y falta de contacto tiende a hacer más fuerte el prejuicio y distancia social hacia el otro marroquí. Encuentros ocasionales y poco significativos que eran caracterizados así por un informante en Torre-Pacheco:
Al aire libre, algún concierto y... son esos pequeños momentos, donde la gente se relaciona y a lo mejor en el día a día de... no sé, voy al supermercado y me encuentro, o en el colegio porque hay niños, pero no más. Realmente... no se relacionan mucho. (Ent5_Torre-Pacheco)
El contacto intergrupal significativo aparece asociado en el discurso de algunos actores a la cultura mediterránea o “de encuentro” existente en el país. Cultura caracterizada por una fuerte tradición de celebración familiar y comunitaria y vida social en la calle, que favorece el roce intergrupal y la contención del prejuicio.
No obstante, no se puede idealizar el contacto intergrupal como factor de convivencia, ya que, en ocasiones, la copresencialidad y el “roce” entre ambos grupos en los dos territorios —como, por ejemplo, la que se produce en torno a una plaza u otro espacio social público local— es precisamente lo que produce tensiones cotidianas, y reproduce los estereotipos y la distancia étnica. Conflictos, además, que muchas veces tienen, más que un origen étnico, uno social, como la falta de espacio público o los “choques” culturales entre generaciones o por motivos de género.
Finalmente, hay que señalar que existen otros factores que ayudan a explicar la falta de contacto intergrupal en ambos barrios, como la intensidad del prejuicio étnico y el creciente proceso de segregación educativa entre ambos grupos. Factores que son especialmente significativos en el caso de Torre-Pacheco, donde la propia segregación espacial y la política unilateral de libertad de elección de centro está contribuyendo a que algunas escuelas e institutos públicos tengan altos porcentajes de alumnado de origen inmigrante.
El factor de la distancia étnica percibida
El cuarto factor que ayuda a entender las relaciones intergrupales en ambos territorios es la llamada distancia étnica percibida.
En Arangoiti, al igual que en Euskadi, la gran mayoría de la población inmigrante es de origen latinoamericano, colectivo al que los nativos perciben como un grupo más próximo a la población local en términos socioculturales y lingüísticos, y por tanto como un colectivo menos amenazante y con un “mayor potencial integrador” en la comunidad local. Algo que ha favorecido la convivencia intergrupal. Un informante durante el trabajo de campo lo expresaba en términos de “encajar mejor”:
Yo creo que encajan mejor (los latinoamericanos) por el idioma, no sé, o igual [...] (por) la cultura porque la cultura es, no digamos, igual, pero sí es muy similar [...] Entonces, igual la gente (latina) como que encaja un poco mejor porque tienen un poco más como ideas parecidas (a nosotros). (GD2_Arangoiti)
En Torre-Pacheco, por el contrario, la población de origen marroquí es la mayoritaria. En este caso, existe una evidente preferencia por el colectivo latinoamericano que, de hecho, se construye por oposición a lo rechazable de la comunidad de origen marroquí. El marroquí se constituye como el “otro” por excelencia, y se le describe, tal y como expresaba un informante durante el trabajo de campo, con estereotipos mucho más negativos, lo que remarca las distancias sociales e incrementa la percepción de amenaza y los niveles de hostilidad y recelo:
Colombianos, que también hay colombianos, y cubanos alguno también, más relación, más relación con los españoles, sí, no sé. Yo creo que aquí hay un poco de racismo, más sobre el “aspecto” de Marruecos. (Ent3_Torre-Pacheco)
Así, por ejemplo, a la inmigración de origen árabe se le acusa sistemáticamente de querer vivir aparte de la comunidad local, y se la define como no-integrable, enfatizando claramente la diferencia, con respecto a la población nativa local:
Pero después están todos los estereotipos y prejuicios sobre los marroquíes, sobre el árabe, sobre el musulmán, donde predomina la imagen estereotipada del moro. Evidentemente es un colectivo que sufre un rechazo muy importante. (Ent1_Arangoiti)
Además, en Torre-Pacheco, de nuevo, la segregación residencial existente en el municipio, especialmente en el caso marroquí, alimenta y reproduce la distancia étnica percibida hacia ellos como consecuencia de su relativo aislamiento en los diseminados y pedanías.
El factor de la memoria inmigrante
Otro elemento que ha ayudado a contener la activación del prejuicio grupal y los discursos hostiles hacia los inmigrantes ha sido la propia memoria inmigrante de los trabajadores nativos del barrio.
Arangoiti es, fundamentalmente, un barrio obrero formado en los años 60-80 del siglo pasado como producto de la inmigración rural interior que llegó a Bilbao siguiendo la estela del desarrollo industrial, y se incorporaron a la ciudad y su mercado de trabajo en condiciones de fuerte precariedad. Torre-Pacheco, como el resto de la Región de Murcia, fue igualmente tierra de emigrantes hacia los polos económicos españoles o al extranjero.
En el caso de Arangoiti, la memoria de los “tiempos duros” de la inmigración asociada a los trabajadores de origen rural que llegaron al barrio en aquellos años, se refiere a pobreza material, chabolismo y sobreocupación, trabajos inseguros y de salarios bajos, hostilidad y rechazo grupal, etc.:
Tenemos experiencia migratoria [...] es decir, una cierta experiencia histórica de inmigración y acomodación [...] Es decir, mi padre, cuando vino a la ciudad estuvo en un piso con ocho amigos del pueblo [...] ¿Era un piso sobreocupado? Sí [...] ¿Las Familias que vivían en la escalera, los miraban un poco raro? Sí. (Ent1_Arangoiti)
En el caso de Torre-Pacheco, esta memoria de los “tiempos duros” tiene origen fundamentalmente en la migración de los pachequeros hacia los polos industriales españoles y los desplazamientos estacionales para cubrir las campañas agrícolas, por ejemplo, la vendimia en Francia. No obstante, un informante de avanzada edad señalaba, con cierto disgusto, que esta memoria se podría estar perdiendo:
Las generaciones más jóvenes yo creo que no… no saben la historia de Pacheco, de su familia mismo. De lo mal que lo pasaron cuando se tuvieron que ir, de cómo los trataban allí porque ahí los franceses a los españoles no les trataban bien tampoco, no los querían. (Ent4_Torre-Pacheco)
En ambos casos, esta memoria actúa como un mecanismo limitado —y en riesgo de desaparición por el envejecimiento de la población nativa que protagonizó dicha migración— que facilita que algunos trabajadores nativos puedan colocarse en el lugar del actual inmigrante procedente del Sur Global y empatizar con su situación y sus tribulaciones, lo que contribuye a reducir la distancia social y las actitudes hostiles. Esta memoria, aunque pueda perderse durante los próximos años, sigue actuando como factor de contención de las actitudes hostiles, tal y como enfatiza el siguiente informante de Arangoiti:
También es un barrio en su mayoría que ha venido de fuera, y que lo ha pasado mal [...] Sí saben de conflicto esta gente, entre yo que soy de Zamora y tú que eres de aquí, entonces me hablas en el idioma local y yo no entiendo. Eso también nos ha “vacunao” a lo mejor un poco de problemas. (Ent3_Arangoiti)
Discusión y Conclusiones
El análisis realizado, en línea con la literatura (Cea D’Ancona y Vallés, 2015; Rinken, 2017; Torres y Gómez-Crespo, 2022), muestra que la percepción de competencia intergrupal y los discursos y actitudes hostiles hacia la inmigración sí han estado presentes y activos con fuerza en ambas comunidades obreras españolas desde la crisis de 2009 debido a tres factores: primero, el avance del precariado (Castel, 1997) —empleo temporal y de bajos salarios y protección social limitada—. Segundo, el crecimiento relativo de la población de origen inmigrante. Y tercero, la extendida presencia entre los nativos de un sólido prejuicio grupal hacia la población procedente del Sur Global. Este prejuicio, compartido en diferente grado por la población trabajadora autóctona, tiene fuertes raíces coloniales y representa al otro de forma peyorativa y extraña, como un sujeto que no pertenece y amenaza la posición preferente de los nativos en la sociedad local.
Sin embargo, a pesar de que estos factores “desencadenantes” activaron los discursos y actitudes hostiles hacia la inmigración, la coexistencia tranquila, aunque distante, entre ambos grupos se mantuvo en ambos territorios, en línea con lo ocurrido en el conjunto del Estado (Cea D’Ancona, 2016; Iglesias y Ares, 2021; Rinken, 2021), sin que dicha hostilidad se transformará en conflicto social abierto y sistemático, o en un proceso de politización radical acerca de la inmigración, algo que solo se produce en Torre-Pacheco a partir de 2019.
Dicha situación lleva a preguntarse, primero, por las razones o factores “protectores” que han actuado como contrafuertes frente a los tres procesos que alimentan el conflicto étnico. Y segundo, por las posibles razones que provocaron la politización de la cuestión de la inmigración en Torre-Pacheco.
En cuanto a la cuestión inicial, lo primero que hay que afirmar es que dichos factores protectores cambian y operan de forma diferente en contextos sociales distintos, en este caso, en Torre-Pacheco y Arangoiti.
La intensa segmentación étnica presente en la estructura económica y social, donde los inmigrantes aparecen claramente sobrerrepresentados y encerrados en las posiciones más bajas, es el primer factor que ayuda a entender los bajos niveles de hostilidad social y política hacia la inmigración en ambos territorios. La “paz social” que ha acompañado la incorporación de los inmigrantes en ambos espacios descansa, así, sobre una complementariedad subordinada donde los inmigrantes ocupan las peores posiciones laborales, residenciales y socioeconómicas en la comunidad local, algo que se ha reproducido durante los reciente años de crisis y expansión económica (Rinken, 2017; Iglesias et al., 2020).
Ahora bien, en el caso de Arangoiti, la percepción de competencia intergrupal ha sido contenida por la fuerte distancia económica que existe entre ambos grupos (la inmigración de media tiene una renta que representa aproximadamente el 40% de la renta media de los nativos), y por la presencia de un estado de bienestar autonómico que figura entre los más avanzados del país, y que además incorporan transversalmente políticas de integración y gestión de la diversidad.
En el caso de Torre-Pacheco, aunque la etnosegmentación persiste, el avance generalizado de la precariedad laboral, la menor distancia socioeconómica entre ambos grupos, la debilidad relativa de su sistema de bienestar social, incluyendo la ausencia de políticas de integración, y la posibilidad de que la intensa segregación espacial existente en el municipio pudiera estar revirtiéndose en años recientes, habría agravado la percepción de competencia intergrupal y el conflicto étnico.
El crecimiento de los discursos hostiles y las demandas nativistas en ambos contextos ha funcionado como una demanda social y política que intenta presionar a los gobernantes y los agentes sociales locales con el fin de prevenir, mantener o restituir la pérdida del statu quo étnico caracterizado por la posición preferente de los autóctonos (Blumer, 1958; Quillian, 1995; Olzak, 2013). Si la ventaja nativa decae, y la subordinación necesaria de la población inmigrante se ve amenazada por algún proceso social específico como, por ejemplo, la reducción de la segregación laboral o espacial, o el mayor acceso a ayudas sociales, o la movilización política del grupo minoritario, el prejuicio grupal con sus discursos y representaciones hostiles se activa comunitariamente con el fin de proteger o aumentar la segmentación étnica.
Los elementos asociados al factor institucional (González-Enríquez, 2017; Rinken, 2017), como, por ejemplo, las políticas y mecanismos de redistribución universales, también han tenido un papel relevante, aunque diferente, en la contención del conflicto intergrupal en ambos contextos.
En el caso de Arangoiti, la existencia entre la clase política y el tejido asociativo vasco de un amplio consenso político en torno a la acogida de la inmigración y el rechazo de su utilización como arma electoral, y la presencia de una amplia cultura democrática y antifranquista, con un fuerte componente nacionalista, ha sido durante estos años un antídoto eficaz frente al crecimiento de las posiciones xenófobas. Esta cultura política, además, ha impedido que los trabajadores nativos, con un evidente prejuicio grupal hacia la inmigración, votaran por partidos y plataformas de derecha extrema.
En el caso de Torre-Pacheco, este consenso político protagonizado por los partidos mayoritarios se mantuvo durante años, aunque con menos intensidad y significación política que en Arangoiti y en Euskadi, ya que estaba construido fundamentalmente por la necesidad estructural de mano de obra inmigrante que tenía el sistema productivo local. A partir de 2019, con el ascenso electoral de la derecha extrema en el municipio, este consenso político sobre la inmigración se quebró, propiciando la normalización e institucionalización de relatos y propuestas hostiles y xenófobas.
El tercer factor sería el grado y tipo de contacto intergrupal (Allport, 1954). Factor que aparece, de nuevo, de forma diferente para cada territorio debido fundamentalmente —y esto aparece como un elemento teórico esencial— al tipo de inserción residencial de la inmigración.
En Arangoiti, la copresencialidad en el mismo espacio barrial, aunque con una clara segmentación étnica en términos de calidad de la vivienda, ha facilitado el encuentro intergrupal cotidiano en los principales espacios de sociabilidad del barrio, contribuyendo a la progresiva normalización de la inmigración, la reducción del prejuicio grupal y la creación de redes sociales mixtas.
En Torre-Pacheco, el tipo de inserción residencial de la población inmigrante caracterizado por la segregación espacial limita las posibilidades de contacto en la vida cotidiana, bloqueando su capacidad como factor de contención y alimentando el prejuicio y la distancia social.
La llamada cultura mediterránea de familia y comunidad aparece como un motor que favorece el contacto social y la reducción del prejuicio, pero actúa de manera mucho más eficaz en aquellos contextos donde es predominante la copresencialidad frente a la segregación espacial.
En todo caso, es necesario apuntar que la copresencialidad y el contacto intergrupal pueden conducir, en ocasiones, a un mayor conflicto intergrupal, incluso aunque su origen sea fundamentalmente social, y no étnico. Esto es así, porque como ha sido ampliamente corroborado en la literatura, el contacto intergrupal necesita ser acompañado. Necesita, pues, de intermediaciones y recursos institucionales y sociales para reconducirse y producir efectos positivos sobre la convivencia local (Allport, 1954; Cea D’Ancona y Vallés, 2015).
El pasado inmigrante, con todas sus tribulaciones, que se encuentra arraigado en la memoria colectiva de la clase trabajadora nativa de ambos territorios, funciona como un mecanismo que ayuda a empatizar con la situación de los nuevos inmigrantes, rebajando las actitudes hostiles. Ahora bien, se trata de un mecanismo limitado ya que debe ser activado, tiende a idealizarse frente a la experiencia de estos nuevos inmigrantes que “no se integran o viven de las ayudas”, y finalmente, está en declive debido al proceso de envejecimiento de la generación obrera que lo protagonizó.
Por último, la distancia étnica percibida actúa como un mecanismo esencial en la construcción de las relaciones intergrupales en ambos territorios. En Arangoiti, la menor distancia étnica percibida hacia la mayoritaria población de origen latinoamericano ha ayudado a contener el prejuicio grupal. En Torre-Pacheco, la mayor distancia étnica percibida hacia los inmigrantes marroquíes, uno de los colectivos con los estereotipos más negativos en el Estado español, alimenta la segregación espacial y la distancia social, reduciendo las posibilidades de contacto y alimentando la reproducción de dichos estereotipos.
Todos estos factores, pues, aunque en forma y grado diverso en cada territorio, contribuyeron a contener la hostilidad y las tensiones sociales y políticas sistemáticas hacia la inmigración, “produciendo” una coexistencia intergrupal tranquila en unos entornos caracterizados por el avance del precariado, el crecimiento de la inmigración, y la existencia de un arraigado prejuicio grupal hacia ella (Rinken y Trujillo-Carmona, 2018; Iglesias y Ares, 2021; Torres y Gómez-Crespo, 2022).
El análisis comparativo realizado permite, finalmente, tratar de explicar porque a partir de 2019 en Torre-Pacheco —y en otras áreas agroexportadoras similares (Rinken, 2021; Iglesias y Ares, 2021)— se rompe ese patrón singular presente en España y sus barrios populares, y se politiza la cuestión inmigrante expresada en el ascenso electoral de la derecha extrema nativista —ascenso donde la cuestión catalana y el voto antiestablishment, y no solo la inmigración jugaron un papel central— (Ortega et al., 2022).
En el municipio murciano hay elementos diferenciales que permiten entender este proceso de politización de la inmigración como, por ejemplo, el fuerte estereotipo y la mayor distancia étnica percibida hacia los marroquíes, o el avance general de la precariedad laboral y la debilidad de las políticas redistributivas, incluyendo las de integración, que agudizan la percepción de competencia y amenaza entre los nativos.
Entre esos factores, sin embargo, hay dos que parecen cruciales. Primero, la intensa segregación residencial que reduce a su mínima expresión el contacto intergrupal en la vida cotidiana y alimenta la reproducción del prejuicio. Y segundo, la imperiosa necesidad de su sistema productivo, con el fin de ser competitivo y rentable en los actuales mercados globalizados, de una mano de obra inmigrante barata y flexible, pero también pobre y móvil, es decir, de unos trabajadores inmigrantes con ingresos salariales, condiciones residenciales y niveles de protección social bajos y vulnerables, que estén “disponibles” para las ocupaciones devaluadas del modelo agroexportador.
Las hipótesis que mantenemos, aunque es algo que debería ser testado minuciosamente, es que el respaldo popular a la derecha extrema nativista y la demanda creciente de políticas preferentistas y antiinmigrantes a partir de 2019 tiene que ver con el entrelazamiento de estos dos factores en esas fechas. La politización radical, así, se debería, primero, al creciente proceso de incorporación de la población inmigrante al espacio central del municipio, rompiendo con la tradicional segregación residencial, lo que aumentaría la percepción de competencia y amenaza intergrupal. Y segundo, con un proceso de deterioro de los márgenes de rentabilidad y competitividad del sector agroexportador murciano, debido a la agudización de los requerimientos comerciales, sociales y ecológicos que pesan sobre él. Tendencia que hace aún más necesaria la existencia de una población inmigrante pobre, alejada y segregada de la población local que esté disponible para las ocupaciones baratas y flexibles del sistema productivo local.
La consolidación política de VOX, además, ha conducido a la legitimación institucional y mediática de sus discursos antiinmigrantes, lo que, a su vez, ha legitimado y alimentado la expresión comunitaria explícita del prejuicio étnico y la normalización del voto por dichas opciones extremas (Mariscal de Gante y Rinken, 2022).
El caso de Torre-Pacheco, a pesar de sus especificidades, ofrece pistas de lo que se puede producir en otros contextos populares españoles en los próximos años debido a la acumulación de factores que alimentan el conflicto étnico y la politización radical: precariado, aumento de la inmigración, prejuicio grupal extendido, pero también: normalización institucional y social del discurso antiinmigrante, creciente segregación educativo y residencial, y necesidad estructural del sistema productivo de mantener una mano de obra inmigrante bajo condiciones de intensa precariedad laboral y pobreza. Sobre dichos aspectos debería incidir la política pública en los próximos años.
Abstract
Main Text
Introducción
Marco teórico y estado de la cuestión
Prejuicio étnico grupal y teoría del conflicto grupal
La excepcionalidad española
Metodología
Resultados
Contexto de los casos de estudio
El factor de la reproducción de la ventaja nativa
El factor institucional
El factor del contacto intergrupal
El factor de la distancia étnica percibida
El factor de la memoria inmigrante
Discusión y Conclusiones