Metis. Journal of Strategic Autonomy and International Studies | nº 1 [2026] [ISSN 3127-711X]
DOI: https://doi.org/10.14422/metis.i01.y2026.006
Corea del Sur y su política exterior hacia América Latina (2015–2024): Un análisis de los Diplomatic White Papers

South Korea and its Foreign Policy toward Latin America (2015–2024): An Analysis of the Diplomatic White Papers
Autores
Resumen

Este artículo analiza la política exterior de Corea del Sur hacia América Latina entre 2015 y 2024 a partir de los Diplomatic White Papers publicados por el Ministerio de Asuntos Exteriores de la República de Corea. Mediante un análisis cualitativo de contenido y una lectura interpretativa de los discursos oficiales, examina cómo Corea del Sur representa, prioriza y legitima sus vínculos con la región. Los resultados muestran una continuidad en la orientación pragmática de la política exterior surcoreana, centrada en la cooperación económica, el multilateralismo y la cooperación técnica. Asimismo, evidencian que la pandemia de COVID-19 produjo una reorientación temporal de las prioridades diplomáticas, mientras que el período posterior a 2022 incorporó temas vinculados con la seguridad económica, la resiliencia de las cadenas de suministro, los minerales críticos y la transición energética. El artículo sostiene que América Latina ocupa una posición cada vez más relevante dentro de la estrategia global de Corea del Sur como potencia media con vocación diversificadora.

This article analyzes South Korea’s foreign policy toward Latin America between 2015 and 2024 through the Diplomatic White Papers published by the Ministry of Foreign Affairs of the Republic of Korea. Using qualitative content analysis and interpretive discourse analysis, it examines how South Korea represents, prioritizes, and legitimizes its relations with the region. The findings reveal a persistent pragmatic orientation centered on economic cooperation, multilateral engagement, and technical collaboration. They also show that the COVID-19 pandemic temporarily reshaped diplomatic priorities, while the post-2022 period introduced new concerns related to economic security, supply chain resilience, critical minerals, and energy transition. The article argues that Latin America has acquired a more significant place within South Korea’s global foreign policy strategy, reflecting its broader efforts to diversify international partnerships and strengthen its role as a middle power.

Key words

Corea del Sur; América Latina; política exterior; Diplomatic White Papers; potencia media

South Korea; Latin America; foreign policy; Diplomatic White Papers; middle power

Fechas
Recibido: 23/04/2026. Aceptado: 07/07/2026

1. Introducción1

La política exterior de la República de Corea (en adelante, Corea del Sur o Corea) hacia América Latina ha experimentado una transformación significativa en las últimas décadas, pasando de una aproximación diplomática secundaria a una estrategia más activa, diversificada y con creciente relevancia estratégica. Durante la Guerra Fría, su accionar en la región estuvo marcado principalmente por la búsqueda de reconocimiento internacional, la competencia con Corea del Norte y las limitaciones propias de una inserción global aún incipiente. Sin embargo, desde fines del siglo XX y, con mayor intensidad, en el siglo XXI, Seúl ha impulsado una política más proactiva hacia América Latina, orientada a expandir su presencia en ámbitos como el comercio, la inversión, la cooperación técnica, el multilateralismo, así como en educación, cultura y tecnología.

Como resultado, América Latina ha dejado de ser una región periférica en la proyección surcoreana para convertirse en un espacio de interés creciente en términos de mercados, recursos, foros multilaterales, transición energética y diplomacia cultural. Aunque no ocupa un lugar central dentro de la política exterior coreana, sí se ha consolidado como un componente estable y cada vez más articulado de su estrategia global. Esta trayectoria se refleja tanto en trabajos de balance de largo plazo sobre la diplomacia coreana en la región como en estudios recientes sobre comercio, foros interregionales y diplomacia tecnológica y cultural (Estevadeordal et al., 2015; Mesquita-Moreira et al., 2024).

Con todo, el interés de Corea del Sur por América Latina solo puede comprenderse plenamente si se lo sitúa dentro de una jerarquía más amplia de prioridades externas. La política exterior surcoreana ha estado estructurada históricamente por su entorno asiático inmediato, por la alianza de seguridad con Estados Unidos, por la relación económica y estratégica con China y por la cuestión norcoreana. Más recientemente, a ello se ha sumado la creciente centralidad del Indo-Pacífico como marco general de acción exterior. En ese contexto, América Latina no desplaza esas prioridades fundamentales, pero sí adquiere relevancia como espacio complementario para la diversificación económica, la cooperación multilateral, el acceso a recursos estratégicos y la ampliación del margen de maniobra internacional de Corea del Sur más allá de Asia-Pacífico.

Esta evolución ha sido especialmente visible en la última década, hasta el punto de constituir lo que algunos autores interpretan como un cambio de época (Woo et al., 2022). El período 2015–2024 reúne varios elementos que justifican su tratamiento como un tramo analítico específico. En primer lugar, coincide con una fase de mayor institucionalización y diversificación de los lazos entre Corea y América Latina, en la que los acuerdos comerciales, el diálogo con organismos regionales, la cooperación digital y el interés por cadenas de suministro y minerales críticos adquieren mayor visibilidad. En segundo lugar, incluye la disrupción provocada por la pandemia de COVID-19, que alteró prioridades diplomáticas, formas de contacto y marcos de cooperación, especialmente en salud pública, digitalización y recuperación económica. En tercer lugar, culmina con hitos diplomáticos de gran relevancia, entre ellos, la conmemoración, en 2022, de sesenta años de relaciones diplomáticas con quince países latinoamericanos y el establecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba en 2024, presentado por Corea como una extensión de su red diplomática en la región. Estos hitos no son meramente simbólicos; condensan una fase de expansión y reordenamiento de la presencia coreana en América Latina.

Este artículo se centra específicamente en la política de Corea del Sur hacia América Latina en la última década, analizada a partir de los Global Landscape and Diplomatic Activities publicados por el Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Corea. Estos documentos, también conocidos como (Diplomatic) White Papers, tienen una relevancia particular porque constituyen un resumen gubernamental anual de la política exterior coreana. Además, ofrecen una evaluación del contexto internacional, presentan las prioridades generales de política exterior y detallan las actividades diplomáticas bilaterales y multilaterales por regiones. El propio sitio oficial del Ministerio muestra la continuidad de esta serie documental y su carácter institucional, con ediciones anuales en inglés y coreano que funcionan como una suerte de “estado del arte” oficial de la acción exterior surcoreana.2

Como fuente, los White Papers no son neutrales ni corresponden a una fotografía exhaustiva de la política exterior. Sin embargo, resultan especialmente valiosos para reconstruir cómo el gobierno coreano narra, jerarquiza y legitima sus vínculos con regiones específicas. En ese sentido, permiten observar no solo políticas, sino también marcos discursivos, prioridades temáticas y desplazamientos estratégicos. Su estudio resulta particularmente útil para el caso latinoamericano por dos razones. En primer lugar, porque América Latina no ha sido un eje central de la política exterior coreana; por ello, su tratamiento en los White Papers ofrece una oportunidad privilegiada para analizar cómo una potencia media asiática organiza discursivamente una relación extrarregional. En segundo lugar, porque la región aparece en estos documentos no solo como un agregado geográfico, sino como una combinación de socios nacionales, subregionales y multilaterales: Chile, Perú, Colombia, Argentina y México coexisten con referencias a SICA, Alianza del Pacífico, CEPAL, FOCALAE, ACS, CARICOM y CELAC. Esto hace de los White Papers una fuente particularmente apta para observar cómo Corea articula niveles bilaterales, subregionales e interregionales en su proyección hacia América Latina.

Esta dimensión se conecta con la literatura que caracteriza a Corea del Sur como una potencia media (middle power) que busca ampliar su margen de acción internacional mediante el multilateralismo, la diplomacia de nicho y la cooperación funcional. Como señala Jordaan (2003), las potencias medias se distinguen por patrones específicos de comportamiento internacional orientados a la construcción de consensos y al fortalecimiento de instituciones multilaterales. Estudios recientes sobre Corea del Sur han mostrado que Seúl ha recurrido crecientemente a estrategias de potencia media para proyectar influencia más allá de su entorno regional inmediato y diversificar sus asociaciones internacionales (Abbondanza, 2022; Pacheco Pardo, 2023). En este sentido, Ramoneda y Consani (2020, p. 41) sostienen que, al menos en su relación con América Latina, Corea ha tendido a comportarse como una potencia media extrarregional, apoyándose en organismos y foros multilaterales.

El objetivo general de este artículo es analizar las continuidades, cambios y principales ejes narrativos de la política surcoreana hacia América Latina entre 2015 y 2024 a partir de las secciones correspondientes de los Diplomatic White Papers. De manera más específica, el trabajo busca:

  1. Identificar las principales prioridades temáticas con las que Corea del Sur representa su relación con América Latina.

  2. Reconstruir los cambios y continuidades del período, con especial atención al impacto de la pandemia y al reordenamiento post-COVID.

  3. Distinguir los países y mecanismos regionales que ocupan posiciones centrales en la diplomacia coreana hacia la región.

  4. Situar estos hallazgos en diálogo con la literatura sobre relaciones Corea-América Latina, cooperación interregional, diplomacia económica y diplomacia cultural.

A partir de este objetivo general, el artículo propone cuatro hipótesis de trabajo. La primera establece que, pese a los cambios de coyuntura, existe una continuidad estructural en la política coreana hacia América Latina. La región es tratada de manera persistentemente pragmática, como un espacio de cooperación económica, técnica y multilateral, antes que como un ámbito de confrontación ideológica o de seguridad. La segunda hipótesis señala que la pandemia de COVID-19 produjo una reorientación transitoria, pero significativa, de la agenda, desplazando el énfasis hacia salud pública, cooperación sanitaria, repatriación, digitalización y recuperación económica. La tercera sostiene que el período post-COVID, especialmente desde 2022, no implicó un simple retorno a la agenda anterior, sino una reconfiguración de la relación bajo nuevos marcos de seguridad económica, resiliencia de cadenas de suministro, transición energética y cooperación digital. La cuarta plantea que esta reconfiguración post-pandémica se acompaña de una diferenciación más nítida entre, por un lado, “socios de cumbre” de alto valor estratégico y, por otro, “socios de gestión/implementación” más visibles en una diplomacia ministerial y técnica.

Metodológicamente, el artículo combina un análisis de contenido cualitativo con una lectura interpretativa de los marcos discursivos presentes en los Diplomatic White Papers de Corea del Sur entre 2015 y 2024. El análisis de contenido cualitativo (Drisko y Maschi, 2015) permite registrar de manera sistemática países mencionados, niveles de contacto diplomático, temas dominantes y mecanismos de cooperación. La lectura interpretativa de carácter discursivo permite examinar cómo América Latina es construida en esos documentos como región de interés para la diversificación económica, la cooperación multilateral, la transformación digital y, más recientemente, la seguridad económica. En síntesis, esta estrategia metodológica distingue entre el plano de las interacciones observables y clasificables y el plano de las representaciones y narrativas oficiales.

Los White Papers son analizados como documentos de autorrepresentación estatal: no como reflejos transparentes de la política exterior, sino como textos en los que el Estado coreano organiza jerarquías, enuncia prioridades y da forma a una narrativa sobre su presencia en la región. En este sentido, el artículo privilegia una estrategia interpretativa y descriptiva. A diferencia de trabajos más centrados en comercio o en cooperación técnica sectorial, el interés no es medir causalmente efectos, sino reconstruir de manera sistemática cómo Corea del Sur presenta sus vínculos con América Latina y cómo esa presentación cambia en el tiempo. El trabajo se beneficia, además, de una serie de estudios previos que han abordado dimensiones parciales del vínculo (multilateralismo, comercio, innovación, diplomacia tecnológica, la “Ola Coreana” [hallyu] o cooperación Sur-Sur), pero que rara vez analizan de forma temporal documentos oficiales como los White Papers.

El artículo se organiza del siguiente modo. En el apartado siguiente se ofrece una introducción histórica a las relaciones entre Corea del Sur y América Latina, destacando la evolución de los vínculos desde la posguerra hasta su fortalecimiento en el siglo XXI. La tercera sección examina la relación desde la literatura económica e institucional y amplía el análisis hacia otras áreas contemporáneas de cooperación como tecnología, innovación, desarrollo, medio ambiente y cultura. El apartado final analiza específicamente los Diplomatic White Papers 2015–2024, identificando continuidades, cambios, jerarquías de contacto diplomático y los tres ejes principales de la política coreana hacia la región: diversificación económica, cooperación multilateral y diplomacia cultural-tecnológica. Finalmente, se presentan conclusiones generales sobre la posición de América Latina en la política exterior coreana y sobre los principales cambios y continuidades de la acción Coreana en la región en la última década.

2. Antecedentes históricos: de la búsqueda de reconocimiento diplomático a la profundización del vínculo en el siglo XXI

Las relaciones entre Corea del Sur y América Latina se remontan a los años posteriores a la creación de la República de Corea en 1948. De acuerdo con la reconstrucción histórica incluida en 60 Years of Korean Diplomacy (MOFAT, 2009), numerosos países latinoamericanos, en un contexto de alineamiento con Estados Unidos, reconocieron a Corea del Sur como el único gobierno legítimo de la península. En este marco, Chile se destacó como el primer país de la región en otorgar dicho reconocimiento en 1949, aunque este temprano gesto no se tradujo de inmediato en la institucionalización de vínculos diplomáticos formales (Aguirre Torrini, 2023b, p. 34).

Durante la Guerra de Corea, Colombia envió tropas, mientras que otros países prestaron ayuda humanitaria (Atehortúa Cruz, 2008). En esta etapa inicial, la relación con América Latina estuvo fuertemente vinculada a la necesidad surcoreana de obtener reconocimiento y respaldo internacional en un contexto de Guerra Fría, proceso que sería encabezado posteriormente por Brasil, primer país de la región en establecer relaciones diplomáticas con Corea del Sur en 1959 (Choe, 2022). Durante los años sesenta, y particularmente en 1962 como punto de inflexión, Seúl aceleró la expansión de su red diplomática en América Latina, estableciendo relaciones ese año con México, Colombia, Chile, Panamá, Paraguay y Argentina (todos en 1962); a ello se sumarían poco después Perú (1963), Uruguay (1964) y Venezuela (1965), entre otros países de la región (MOFAT, 2009). Así, América Latina se convirtió en un espacio importante para la legitimación internacional del nuevo Estado surcoreano (Gills, 2005). Esa dimensión política temprana ayuda a entender por qué, aun cuando la relación posterior adquirió un perfil predominantemente económico, la dimensión diplomática nunca desapareció del todo.

Durante los años sesenta y setenta, Corea del Sur expandió su presencia diplomática en América Latina y fortaleció su cooperación económica y técnica, en un contexto de competencia con Corea del Norte (López Aymes et al., 2025, p. 362). Seúl logró establecer relaciones diplomáticas con una cantidad creciente de países latinoamericanos y caribeños, mientras Pyongyang intentaba también ampliar su presencia regional, especialmente a través de vínculos con gobiernos o movimientos de izquierda (Aguirre Torrini, 2023a; Aguirre Torrini y Anderson, 2024; Lanare, 2023; Taylor, 2023). La dimensión ideológica de la Guerra Fría era entonces central. Corea del Sur buscó contener la influencia norcoreana, fortalecer apoyos en organismos internacionales y mostrar una imagen de mayor estabilidad, confiabilidad y capacidad de cooperación. Al mismo tiempo, comenzaron a desarrollarse intercambios económicos y técnicos, aún modestos, y se registraron flujos migratorios coreanos hacia países como Argentina, Brasil y Paraguay, así como procesos de remigración de la diáspora coreana desde estos países hacia Chile (Aguirre Torrini y Choi, 2020; Mera, 2005). Esa combinación de reconocimiento diplomático, competencia intercoreana e intercambios iniciales explica la base histórica de una relación que, aunque todavía limitada, ya se estaba institucionalizando.

En los años ochenta, la región y Corea experimentaron transformaciones paralelas que condicionaron el vínculo. América Latina transitó gradualmente desde regímenes militares hacia gobiernos civiles, mientras enfrentaba crisis de deuda, volatilidad macroeconómica y reconfiguración de sus estrategias de inserción internacional (Paz Iriberri, 2001; Ross, 2020). Corea, por su parte, avanzaba en su industrialización exportadora, consolidaba su presencia internacional y continuaba ampliando su red diplomática. Según el balance histórico 60 Years of Korean Diplomacy, durante esta etapa Corea del Sur amplió relaciones con nuevos países del Caribe y reforzó su cooperación bilateral en ciencia, tecnología, pesca y cultura (MOFAT, 2009). En otras palabras, la relación con América Latina comenzó a desplazarse desde la lógica estrictamente política de la Guerra Fría hacia formas más variadas de cooperación práctica, aun cuando la competencia con Corea del Norte seguía siendo un trasfondo relevante.

El gran punto de inflexión llegó en los años noventa. La democratización regional, el fin de la Guerra Fría, la expansión de los esquemas de integración regional y la creciente apertura comercial de América Latina coincidieron con una Corea más activa internacionalmente. 60 Years of Korean Diplomacy destaca como momento decisivo la visita del presidente Roh Tae-woo a México en 1991 y, sobre todo, la gira del presidente Kim Young-sam por Guatemala, Chile, Argentina, Brasil y Perú en 1996 (MOFAT, 2009). Esa gira dio lugar a mecanismos como el Korea–Central America Dialogue Mechanism, el Korea–South America Common Market Council y el Korea–Rio Group Troika Foreign Ministers’ Meeting, y motivó además la creación de una división especializada en América Latina dentro del Ministerio (Oegyobu Jungnammiguk, Oficina de Asuntos de América Latina y el Caribe). La relación dejó entonces de ser predominantemente diplomática y pasó a adquirir una infraestructura institucional orientada a profundizar la cooperación política, económica y técnica.

A partir del siglo XXI, el vínculo se fortaleció de manera mucho más visible. La expansión del comercio Corea-América Latina, la búsqueda coreana de recursos naturales, energía y alimentos, la firma de acuerdos comerciales, la creciente presencia de empresas coreanas y el auge del interés latinoamericano por Asia modificaron la escala de la relación. 60 Years of Korean Diplomacy subraya que, entre 2002 y 2008, el comercio de Corea con América Latina pasó de 12 mil millones de dólares a más de 47 mil millones, mientras la inversión acumulada coreana en la región también se incrementó notablemente (MOFAT, 2009). En esos mismos años, Corea impulsó una diplomacia más activa con visitas presidenciales a Argentina, Brasil, Chile, México, Costa Rica, Guatemala, Perú y otros países, al tiempo que profundizaba su inserción en organismos regionales, se incorporaba al BID en 2005 y a la CEPAL en 2007, y reforzaba su presencia en FOCALAE, OEA, ACS y SICA. La literatura especializada coincide en que, desde los 2000, la relación Corea-América Latina se vuelve más dinámica, especialmente para Corea, combinando intereses comerciales, acceso a recursos, foros multilaterales y nuevas formas de cooperación (Estevadeordal et al., 2015; Mesquita-Moreira et al., 2024).

La interpretación de Juan Felipe López Aymes (2012) resulta especialmente útil para entender esta etapa. En su análisis de la relación entre Corea y América Latina, el autor sostiene que la manera en que Corea se involucra en la región obedece a una lógica instrumental: mediante comercio, inversión y cooperación, busca asegurar factores clave de desarrollo y, simultáneamente, mejorar sus procesos productivos (p. 1). Según López Aymes (2012), aunque en la agenda regional volvió a aparecer el interés coreano por apoyo político en relación con la península y la no proliferación, el componente económico siguió predominando. América Latina se convirtió así en una región con valor estratégico por su dotación de recursos, el tamaño de ciertos mercados, sus plataformas de exportación y la posibilidad de complementariedad con la estructura productiva coreana. Esta lectura ayuda a comprender la continuidad pragmática que luego aparece tan claramente en los White Papers de 2015–2024.

A esto se suma la dimensión multilateral. Ramoneda y Consani (2020) muestran que, entre 1993 y 2017, Corea consolidó una presencia sostenida en organismos y foros intergubernamentales latinoamericanos y birregionales: CEPAL, BID, ALADI, CELAC, FOCALAE, la Alianza del Pacífico, SICA, CARICOM, ACS y MERCOSUR. Su argumento es importante porque desplaza la atención desde el mero comercio hacia la manera en que Corea articula bilateralidad y multilateralismo. FOCALAE, en particular, ocupa un lugar singular por ser el único foro birregional formal entre Asia Oriental y América Latina. Un estudio reciente de Lee Taeheok (2023) sobre FOCALAE incluso sugiere que este foro puede entenderse como un marco relevante de gobernanza interregional, especialmente en temas no tradicionales y de cooperación Sur-Sur, lo cual ayuda a contextualizar por qué Corea insiste tanto en él en los White Papers.

La primera década del siglo XXI fue también importante por el surgimiento de nuevas dimensiones del vínculo. Una de ellas fue el fortalecimiento de la cooperación en innovación, pymes y política industrial. El documento de la CEPAL (Rosales, 2018) sobre innovación e internacionalización de pymes en Corea y América Latina muestra que, más allá del intercambio comercial, comenzó a configurarse un diálogo sobre políticas públicas, innovación productiva y cooperación en conocimiento. Otra dimensión fue el crecimiento de la presencia cultural coreana en América Latina. El propio balance histórico de 60 Years of Korean Diplomacy (MOFAT, 2009) destaca que, desde los 2000, la emisión de dramas coreanos y la circulación de cine y cultura popular coreana impulsaron la expansión del hallyu en la región, con fan clubs y audiencias particularmente visibles en países como México y Perú. Ese proceso, aún incipiente entonces, se volvería mucho más relevante en la década siguiente.

En suma, la evolución histórica del vínculo Corea-América Latina puede leerse en tres movimientos. Primero, una etapa de reconocimiento diplomático y competencia intercoreana, donde la región fue valiosa sobre todo por su apoyo internacional. Segundo, una etapa de expansión económica y cooperación práctica, consolidada desde los noventa y acelerada desde los 2000. Tercero, una fase más reciente de diversificación estratégica, en la cual comercio, inversión, recursos, multilateralismo, cultura, innovación y tecnología se combinan en una agenda más compleja. Es justamente esta tercera fase —y, más específicamente, su configuración en la última década— la que el presente artículo examina con mayor detalle a partir de los Diplomatic White Papers.

3. Relaciones económicas, cooperación contemporánea e influencia cultural.

La literatura institucional del BID ofrece uno de los marcos más útiles para comprender la evolución económica reciente de la relación entre Corea y América Latina. El documento Corea y América Latina y el Caribe: hacia una relación diversa y dinámica (Estevadeordal et al., 2015) parte de una observación clave: para América Latina, en poco más de una década, Asia dejó de ser una noción periférica para convertirse en un eje central de sus relaciones económicas. En ese proceso, Corea aparece como un actor especialmente interesante por combinar comercio, inversión, acuerdos preferenciales, innovación y capacidad institucional. La hipótesis de fondo del documento es que la relación Corea-América Latina puede y debe volverse más diversa y dinámica, superando la concentración en pocos productos y pocos países. Esa formulación es importante porque anticipa buena parte de lo que después aparecerá en los White Papers: la noción de diversificación como horizonte estratégico.

El documento más reciente del BID, Corea y América Latina y el Caribe: avanzando juntos en un mundo cambiante (Mesquita-Moreira et al., 2024), actualiza y profundiza esa lectura. El documento sostiene que Corea y América Latina pueden abrir nuevas oportunidades conjuntas en seguridad alimentaria, seguridad energética, resiliencia climática, normas laborales y ambientales, y adopción de tecnologías digitales. El BID subraya que el sistema de innovación coreano puede contribuir significativamente a la productividad latinoamericana mediante tecnologías digitales, mientras que América Latina, como gran exportadora neta de alimentos y productos agrícolas, puede contribuir a estabilizar precios y proveer seguridad de abastecimiento. Aquí la relación ya no se enuncia solo como comercio o inversión, sino como una asociación potencial en un mundo cambiante, tensionado por shocks de oferta, competencia geopolítica, transición energética y cambio tecnológico. Este punto dialoga directamente con la narrativa post-2022 de los White Papers.

Desde el punto de vista comercial, Corea ha buscado históricamente combinar bilateralismo y regionalismo. El TLC con Chile (2004) —el primero firmado por Corea— fue un hito clave; posteriormente avanzaron acuerdos con Perú (2011), Colombia (2016) y Centroamérica (2021), mientras se mantuvieron esfuerzos hacia México, la Alianza del Pacífico y MERCOSUR. Los informes del BID muestran que la red de acuerdos comerciales preferenciales no solo redujo aranceles, sino que generó plataformas para diversificar exportaciones, facilitar inversión y ampliar estándares regulatorios. La visión del BID es menos geopolítica que la de los White Papers, pero ambas convergen en la idea de que los acuerdos con América Latina forman parte de una estrategia coreana más amplia de inserción internacional. En este sentido, la región no es solo un mercado; también es una plataforma desde la cual Corea puede ampliar su densidad económica y normativa.

Ahora bien, reducir la relación al comercio sería insuficiente. En los últimos años, la cooperación entre Corea y América Latina se ha ampliado a campos que combinan economía política, desarrollo y tecnología. El informe del BID de 2024 pone especial énfasis en seguridad alimentaria, seguridad energética, clima, adopción de tecnologías digitales y marcos regulatorios. Esto es consistente con la evolución de la economía política internacional posterior a la pandemia y a la guerra en Ucrania: abastecimiento de alimentos, energía, fertilizantes y minerales críticos se han convertido en cuestiones de seguridad económica. Corea, con una alta dependencia externa en varios de estos rubros, mira a América Latina no solo como mercado, sino como región capaz de contribuir a la diversificación de riesgos. Por su parte, América Latina puede beneficiarse de capacidades coreanas en innovación, digitalización, manufactura avanzada y políticas industriales orientadas a upgrading.

La cooperación en innovación y pymes es otro campo central. El documento de la CEPAL editado por Rosales (2018) muestra que Corea y América Latina tienen experiencias distintas, pero potencialmente complementarias, en políticas de innovación, internacionalización de pymes y articulación entre Estado y sector privado. Corea aporta un caso de desarrollo orientado por políticas públicas, aprendizaje tecnológico, disciplina exportadora y fuerte articulación entre instituciones estatales y conglomerados empresariales; América Latina, en cambio, ofrece un escenario donde persisten brechas productivas, heterogeneidad estructural y déficits de innovación, pero también donde crece el interés por políticas de apoyo a pymes, digitalización y desarrollo regional. De ahí que la cooperación Corea-ALC no deba leerse solo como transferencia unilateral, sino también como espacio de aprendizaje institucional comparado.

En esa misma línea, la literatura reciente sobre diplomacia tecnológica surcoreana en América Latina resulta particularmente sugerente. El artículo de Bavoleo, Benítez y Chaure (2025), argumenta que Corea ha desarrollado una forma de diplomacia tecnológica que combina cooperación bilateral, redes multilaterales e innovación, construyendo una infraestructura de colaboración con América Latina en campos vinculados a digitalización, ciencia y tecnología. El valor de este argumento es que permite conectar dos dimensiones que muchas veces se analizan por separado: la proyección internacional de Corea como potencia tecnológica y la construcción de vínculos con regiones extrasiáticas. En el caso latinoamericano, la tecnología funciona tanto como campo material de cooperación como recurso de prestigio y legitimación internacional. Esto ayuda a entender por qué en los White Papers aparecen tan recurrentemente el e-government, la transformación digital, la innovación y la cooperación tecnológica.

La relación tampoco se agota en los ámbitos económico-tecnológicos. La dimensión cultural ha adquirido un peso notable. Desde los 2000, y con especial intensidad desde la década de 2010, el hallyu se expandió en América Latina a través de música, dramas, cine, gastronomía, moda, literatura y plataformas digitales. Estudios posteriores lo han confirmado y complejizado. El trabajo de Arriojas y Réquiz (2019) sostiene que la expansión del hallyu en América Latina no puede entenderse como mera recepción pasiva de productos culturales coreanos; más bien, implica procesos de hibridación, apropiación y resignificación desde contextos latinoamericanos. Los autores muestran, además, que el Estado coreano ha acompañado este proceso con centros de estudios coreanos, clases de idioma, centros culturales e iniciativas de proyección académica y cultural.

La dimensión de poder blando es también relevante. Kim Minsung (2022) destaca que las políticas gubernamentales coreanas pasaron en las últimas décadas de una lógica principalmente económica a una lógica de diplomacia pública y branding nacional. Aunque su foco no es América Latina específicamente, su argumento es útil para este artículo porque permite situar el hallyu no como un fenómeno espontáneo desvinculado del Estado, sino como parte de una arquitectura más amplia de proyección internacional. Esto es importante para el caso latinoamericano: la difusión de K-pop, K-dramas, cine coreano, literatura y gastronomía no solo amplía la visibilidad de Corea, sino que genera entornos más favorables para cooperación educativa, intercambio juvenil, enseñanza del idioma y circulación de bienes y marcas coreanas.

En América Latina, esta influencia cultural se ha expresado en distintos formatos. El K-pop y los K-dramas constituyen probablemente las puertas de entrada más visibles, pero no son las únicas. El cine coreano ha tenido presencia creciente en festivales regionales; la literatura coreana ha circulado más mediante traducciones, ferias del libro y mediadores académicos; la gastronomía coreana se ha vuelto más visible en ciudades latinoamericanas; y el interés por el idioma coreano ha crecido en universidades, institutos y centros culturales. Destaca también la presencia de Centros Culturales Coreanos en Argentina, Brasil y México, los cuales permiten, más allá del hallyu, comunicar a los habitantes de la región las posturas políticas del gobierno surcoreano en relación con conflictos de escala regional (Álvarez y Pérez Taffi, 2019). Estudios sobre el hallyu en la región destacan precisamente esa expansión multisectorial y su capacidad para producir comunidades de fans, circuitos culturales y nuevas formas de consumo global. La evidencia disponible sugiere, además, que la cultura opera como una especie de “infraestructura blanda” que facilita una recepción positiva de Corea en contextos donde antes predominaba el desconocimiento.

No conviene, sin embargo, romantizar esta dimensión. Como muestran Arriojas y Réquiz (2019), la circulación del hallyu en América Latina también implica mediaciones locales, traducciones, apropiaciones y tensiones. Además, la influencia cultural coreana es desigual entre países y generaciones, y suele ser más fuerte en públicos urbanos, jóvenes y digitalmente conectados. Con todo, para los fines de este artículo lo central es señalar que la cultura se ha convertido en una dimensión estable de la relación Corea-América Latina y que esa dimensión aparece, aunque de manera indirecta o dispersa, en los White Papers a través de foros culturales, programas académicos, intercambios juveniles, internados, seminarios y actividades de diplomacia pública.

En síntesis, la literatura económica e institucional y los trabajos sobre cultura y tecnología permiten extraer tres ideas que serán cruciales para leer los White Papers. Primero, la relación Corea-América Latina se ha vuelto más diversificada y ya no puede reducirse a exportaciones e importaciones. Segundo, la cooperación contemporánea tiende a combinar economía, innovación, tecnología, multilateralismo y desarrollo. Tercero, la dimensión cultural —lejos de ser ornamental— funciona como soporte de la visibilidad internacional de Corea y como mecanismo de acercamiento social y simbólico hacia la región. Estas tres ideas reaparecen, con lenguaje gubernamental, en la narrativa oficial de los White Papers.

4. América Latina en los Diplomatic White Papers (2015–2024): continuidades, reordenamientos y ejes de la política coreana

4.1. Continuidades, cambios y jerarquías de contacto diplomático

A lo largo del período 2015–2024, la política surcoreana hacia América Latina muestra dos continuidades fundamentales. La primera es su carácter persistentemente pragmático, sectorial y orientado a resultados. En las secciones sobre la región, América Latina es presentada de forma recurrente como un espacio de cooperación concreta en comercio, inversión, infraestructura, salud, energía, recursos, digitalización, agricultura, educación y apoyo a la internacionalización de empresas coreanas. La segunda continuidad es el uso estable de mecanismos regionales y subregionales —FOCALAE, CEPAL, SICA, Alianza del Pacífico, OAS, CARICOM y ACS— como plataformas para dar densidad institucional a la relación. En otras palabras, Corea no se vincula con América Latina solo a través de relaciones bilaterales, sino también mediante arquitecturas regionales e interregionales que le permiten ampliar interlocutores y proyectarse como actor cooperativo. Esta continuidad es coherente con la visión de Corea como potencia media apoyada en redes y foros y con la importancia atribuida a FOCALAE en la literatura sobre gobernanza interregional (MOFA 2015–2024).

Lo que sí cambia con claridad es el contenido estratégico de la agenda. En los White Papers de la parte inicial del período predominan el apoyo a empresas coreanas, los TLC, la infraestructura, el e-government, la seguridad pública, la cooperación técnica y la participación en mecanismos regionales. En 2020 y 2021, la pandemia reordena la agenda: aparecen con mucha más fuerza salud pública, cooperación sanitaria, cuarentenas, intercambios de experiencias, repatriación y plataformas digitales para cooperación y comercio. Desde 2022, bajo la administración Yoon Suk Yeol, el lenguaje cambia de escala y se vuelve más explícitamente estratégico: coprosperidad, seguridad económica, diversificación de cadenas de suministro, minerales críticos, hidrógeno, transición energética y cooperación digital pasan al centro. La pandemia, por tanto, no fue solo una interrupción, sino un umbral entre una agenda de cooperación funcional y otra donde esa cooperación queda encuadrada bajo nociones de resiliencia económica y proyección global (MOFA 2015–2024).

En el análisis de los White Papers la distribución del contacto diplomático no es homogénea y se estructura en varios apartados. Los apartados de Diplomacia de Cumbres (Summit Diplomacy), Diplomacia Presidencial/Diplomacia de Enviados Presidenciales (Presidential/Presidential Envoy Diplomacy), Diplomacia del Primer Ministro (Prime Ministerial Diplomacy) y Diplomacia Ministerial (Ministerial Diplomacy) muestran una jerarquía relativamente estable de interlocutores más frecuentes.

En la Tabla 1 se realizó una codificación sistemática por país de cada contacto diplomático bilateral explícitamente reportado en las diez ediciones de los Diplomatic White Papers de MOFA (2015–2024). Cada contacto se clasificó en uno de los cinco niveles de contacto (cumbre, primer ministro, enviado presidencial, ministerial y consulta viceministerial) y se asignó un peso diferenciado (4, 3, 2, 2 y 1, respectivamente) para construir un índice de saliencia ponderada que reconoce que los niveles o jerarquías de los contactos importan. El nivel de interacción (tramo) con cada país (muy alta, alta, media-alta, media, baja) representa refleja las frecuencias de interacción de mayor a menor. La columna “Alto nivel %” indica qué proporción de los contactos con cada país que ocurrió a nivel de cumbre, primer ministro o enviado especial. Este indicador es el que permite distinguir formalmente entre socios de cumbre y socios de gestión e implementación que nos referiremos más adelante. En el anexo metodológico al final del artículo se detallan las particularidades de la codificación y las decisiones de inclusión y exclusión.

Tabla 1. Países latinoamericanos con mayor densidad de contacto diplomático con Corea del Sur (2015–2024).
PaísTramoSal. / nAlto nivel %Nivel predominanteTemas prioritarios
PerúMuy alta53 / 2343 %Cumbre y ministerialTLC, infraestructura, defensa (KT-1P, buques), recursos y energía, Alianza del Pacífico, transformación digital, APEC, asociación estratégica integral.
ColombiaMuy alta50 / 2250 %Cumbre y ministerialAsociación estratégica, infraestructura, defensa y seguridad, salud/COVID-19, ICT, desarrollo rural, TLC, coordinación sobre asuntos de la península coreana.
ArgentinaMuy alta45 / 1958 %Cumbre, enviados y ministerialComercio e inversión, MERCOSUR/TIPF, hidrógeno y renovables, minerales críticos (litio), ciencia y tecnología, Antártida, formación diplomática.
MéxicoAlta39 / 2119 %Predominio ministerialTLC Corea-México, MIKTA, cadenas de suministro y seguridad económica, apoyo a empresas coreanas, seguridad pública, energía e infraestructura, digitalización administrativa.
Costa RicaAlta39 / 2322 %Predominio ministerial y consultaComercio e inversión, ambiente, infraestructura, educación y cultura, cooperación digital, TLC Corea-Centroamérica, asociación integral.
PanamáAlta39 / 2232 %Mixto (PM y ministerial)Infraestructura y logística (Canal de Panamá), comercio e inversión, cooperación marítima y ambiental, articulación con Centroamérica y el Caribe.
ChileAlta†38 / 1560 %Cumbre predominanteModernización del TLC, Alianza del Pacífico, litio y minerales críticos, hidrógeno verde, clima, cooperación científico-tecnológica y Antártida.
GuatemalaMedia-alta33 / 1833 %Mixto, fuerte componente ministerialTLC Corea-Centroamérica, agricultura, transformación digital, infraestructura, seguridad pública, coordinación internacional.
HondurasMedia-alta32 / 1729 %Ministerial y consultaTLC Corea-Centroamérica, desarrollo, e-government, agricultura, infraestructura, COVID-19, cooperación en asuntos de la península.
BrasilMedia-alta32 / 1638 %Ministerial y consultaMERCOSUR, comercio e inversión, infraestructura y energía, ciencia e innovación, coordinación en G20 y ONU.
EcuadorMedia-alta28 / 1520 %Predominio ministerialSECA Corea-Ecuador, comercio e inversión, cooperación marítima (Galápagos), desarrollo, COVID-19, asistencia jurídica mutua.
El SalvadorMedia-alta27 / 1729 %Consulta y ministerialTLC Corea-Centroamérica, infraestructura, cooperación al desarrollo (ODA), seguridad pública, cooperación digital.
UruguayMedia20 / 1233 %Enviados y consultaMERCOSUR, pesca sostenible, comercio e inversión, ciencia y tecnología, industria de defensa.
ParaguayMedia16 / 838 %Enviados y ministerialMERCOSUR, infraestructura (ferrocarril PPP), agricultura y silvicultura, cooperación al desarrollo.
BoliviaBaja6 / 425 %Consulta y ministerialCooperación económica y tecnológica, recursos naturales.
NicaraguaBaja6 / 40 %Ministerial y consultaCooperación al desarrollo, asuntos bilaterales puntuales.
Nota: Sal./n = índice de saliencia ponderada / número de contactos (frecuencia total). Alto nivel % = proporción de contactos a nivel cumbre + primer ministro + enviado especial. Tramos definidos por cortes naturales del índice de saliencia: Muy alta ≥ 45; Alta 38–39; Media-alta 26–33; Media 16–20; Baja ≤ 11.
† Chile: aunque su saliencia se ubica en el tramo “alta”, registra la cuota de alto nivel más elevada de la región (60 %), lo que lo distingue como socio de cumbre por excelencia.
Fuente: elaboración propia a partir de MOFA, Diplomatic White Papers 2015–2024.

La tabla permite distinguir con mayor precisión entre “socios de cumbre” y “socios de gestión e implementación”. En el primer grupo destacan Perú, Colombia y Argentina, con los índices de saliencia más altos de la región (53, 50 y 45, respectivamente) e interacciones de alto nivel que oscilan entre el 43 % y el 58 %. Estos son los países donde la relación se construye principalmente desde la jefatura de Estado o de gobierno, con agendas que combinan infraestructura, defensa, recursos naturales estratégicos, transición energética, minerales críticos y, en el caso de Argentina y Chile, cooperación antártica. Chile ocupa una posición singular: con solo 15 contactos registrados, el volumen más bajo entre los socios principales, pero concentra la mayor cuota de alto nivel de toda la región (60 %), lo que revela una relación de menor frecuencia, pero alta intensidad política.

En el tramo alto, México, Costa Rica y Panamá acumulan frecuencias brutas similares e incluso superiores a las de los socios de cumbre (21 a 23 contactos cada uno), pero su actividad se concentra en los niveles ministerial y viceministerial, con cuotas de alto nivel de entre el 19 % y el 32 %. México es el caso más significativo, ya que la mayor parte de sus 21 contactos se produjo a nivel de canciller (10 de 21), lo que lo convierte en un socio de gestión de alta intensidad. El número de intercambio es elevado, pero la jerarquía política de estos intercambios permanece generalmente por debajo de la presidencial. La agenda temática refleja esta naturaleza: TLC, cadenas de suministro, seguridad económica, apoyo a empresas coreanas y digitalización administrativa.

En el tramo medio-alto se ubican Brasil, Honduras, El Salvador y Ecuador. Brasil (saliencia 32 sobre 16 contactos) es el socio del MERCOSUR más activo junto a Argentina, con una agenda centrada en los acuerdos comerciales, infraestructura y coordinación multilateral. Honduras y El Salvador acumulan una densidad comparable a la de Guatemala, articulada principalmente a través del TLC Corea-Centroamérica, la cooperación al desarrollo y, en los últimos años, la transformación digital. Ecuador concentra su actividad en el nivel ministerial (7 de 15 contactos), con el Acuerdo de Cooperación Económica Estratégica (SECA) como eje fundamental de la relación.

Esta diferenciación entre socios de cumbre y socios de gestión e implementación sugiere que la política exterior coreana hacia América Latina no solo jerarquiza países, sino también modos de vinculación: unos más visibles políticamente y centrados en la señalización de alto nivel, y otros más concentrados en la gestión sectorial, ejecución de acuerdos y la cooperación técnica. Ambas modalidades son complementarias y coexisten de forma estable a lo largo del período analizado, independientemente de los cambios políticos de los gobiernos coreanos.

4.2. Diversificación económica

El primer gran eje de la política coreana hacia América Latina en los White Papers es la diversificación económica. Desde 2015, los documentos presentan a la región como un espacio de complementariedad material y de expansión económica. Corea busca ampliar mercados, consolidar acuerdos comerciales, facilitar la entrada de sus empresas y construir cooperación en infraestructura, salud, energía, recursos naturales y servicios públicos. En los años iniciales, este eje aparece muy asociado a la promoción de exportaciones e inversión, al apoyo a conglomerados y empresas coreanas, y al uso de foros y misiones sectoriales como instrumentos para profundizar la presencia económica. Esto coincide con la caracterización de López Aymes (2012), para quien la política coreana hacia la región ha girado históricamente en torno a recursos, mercados y tecnología.

Sin embargo, la idea de diversificación cambia con el tiempo. Hacia 2020–2021, la agenda económica incorpora de forma visible la recuperación postpandemia, el uso de plataformas digitales, la internacionalización de pymes y la reconfiguración del comercio. La cooperación con CEPAL y con CELAC comienza a conectarse más claramente con digitalización, comercio electrónico y apoyo a pequeñas empresas. Después de 2022, el lenguaje muta de forma más estructural: ya no se trata solo de diversificar mercados, sino de diversificar riesgos y fuentes de abastecimiento. Los White Papers comienzan a asociar a América Latina con seguridad económica, minerales críticos, hidrógeno, energías limpias y reestructuración de cadenas de suministro. Esta evolución se superpone claramente con la interpretación del BID de 2024, que sitúa el vínculo Corea-América Latina en los marcos de seguridad alimentaria, seguridad energética, clima y digitalización.

El cambio post-COVID es especialmente visible en algunos países. Chile y Argentina son crecientemente asociados a litio, hidrógeno y minerales críticos; Perú combina comercio, defensa, infraestructura y transformación digital; México aparece vinculado a cadenas de suministro y seguridad económica; y Centroamérica es revalorizada como subregión relevante en un contexto de reordenamiento productivo global. En este punto, los White Papers no solo reflejan prioridades económicas coyunturales; revelan una ampliación conceptual de la política exterior coreana, donde el acceso a recursos y la cooperación comercial quedan integrados en una lógica más amplia de resiliencia y posicionamiento global.

4.3. Cooperación multilateral

El segundo eje es la cooperación multilateral, que en los White Papers tiene una importancia mucho mayor de la que sugeriría una mirada centrada solo en comercio bilateral. FOCALAE ocupa un lugar central. Corea aparece no solo como participante, sino como actor impulsor del foro, albergando la Secretaría Cibernética, promoviendo fondos de cooperación y enfatizando la relevancia del mecanismo como puente entre Asia Oriental y América Latina. En términos conceptuales, FOCALAE permite a Corea actuar como articulador entre regiones, reforzando su imagen de potencia media con vocación cooperativa.

CEPAL ocupa una función distinta, pero complementaria. Mientras FOCALAE se presenta como puente político interregional, la CEPAL aparece en los White Papers como una plataforma técnico-intelectual para seminarios, fondos de cooperación, estudios y políticas públicas. La cooperación Corea-CEPAL incluye temas tan diversos como e-government, envejecimiento, innovación, energía e inclusión digital. Esto sugiere que la multilateralidad coreana no es solo diplomacia simbólica o búsqueda de visibilidad, sino también una forma de producir conocimiento aplicado y de legitimar la presencia coreana en la región mediante experticia técnica. Esta faceta encaja con la idea de una potencia media que amplía influencia por vías tecnocráticas y cooperativas, antes que por coerción o grandes apuestas geoestratégicas (MOFA 2015–2024).

La Alianza del Pacífico y los marcos centroamericanos completan esta arquitectura. Los White Papers muestran que la búsqueda de Corea por vincularse más estrechamente con la Alianza del Pacífico no es un detalle secundario, sino una pieza importante de su estrategia hacia América Latina. Lo mismo ocurre con SICA y con las rondas especiales Corea–Centroamérica, que combinan comercio, cooperación al desarrollo, clima, seguridad alimentaria y digitalización. En conjunto, la cooperación multilateral permite a Corea “escalar” su relación con la región: pasar del vínculo bilateral a una presencia institucional más amplia y duradera. Esta lectura coincide con Ramoneda y Consani (2020), quienes muestran que la política coreana hacia América Latina ha recurrido sistemáticamente a organismos y foros como multiplicadores diplomáticos.

4.4. Diplomacia cultural-tecnológica

El tercer eje es la diplomacia cultural-tecnológica, que matiza la idea de una relación puramente comercial. Los White Papers recogen una amplia gama de iniciativas en las que cultura, conocimiento y tecnología se entrelazan: foros culturales, concursos académicos, seminarios juveniles, internados en organismos regionales, actividades sobre América Latina para audiencias coreanas, programas de estudios regionales y cooperación en gobierno digital. La propia estructura de estas iniciativas sugiere que Corea no concibe la diplomacia cultural como un simple complemento decorativo, sino como una infraestructura de largo plazo para producir familiaridad, formar intermediarios y ampliar la legitimidad de su presencia en la región (MOFA 2015–2024).

Esta dimensión cultural debe situarse en el contexto del hallyu y del crecimiento del soft power coreano. Como muestran diversos estudios, la ola cultural coreana se expandió en América Latina a través de dramas, música, cine, moda, gastronomía y plataformas digitales, generando comunidades de fanáticos (fandom), circuitos de consumo y nuevos intereses por el idioma y la cultura coreanos. Arriojas y Réquiz (2019) destacan que el hallyu en América Latina opera mediante procesos de apropiación e hibridación locales; Kim (2022) subraya que el crecimiento del soft power coreano está vinculado también a políticas estatales y a una arquitectura más amplia de diplomacia pública. Leídos junto con los White Papers, estos trabajos permiten ver que la diplomacia cultural-tecnológica coreana hacia América Latina no es accidental: forma parte de una estrategia donde cultura, educación y tecnología funcionan como recursos de prestigio y de acercamiento social.

La dimensión tecnológica es especialmente distintiva. Los White Papers insisten reiteradamente en: e-government, transformación digital, smart cities (ciudades inteligentes), transparencia presupuestaria, cooperación en innovación, tecnologías sanitarias e industrias digitales. El artículo de Bavoleo, Benítez y Chaure (2025) ayuda a interpretar esta recurrencia como parte de una diplomacia tecnológica, es decir, de una forma de inserción internacional en la que Corea proyecta capacidades tecnológicas y administrativas como bienes cooperativos. América Latina aparece entonces no solo como mercado de productos coreanos, sino como espacio de colaboración en modernización estatal, innovación y aprendizaje institucional. Esta dimensión se volvió aún más visible durante y después de la pandemia, cuando la cooperación sanitaria y digital se fusionó con la narrativa de recuperación y resiliencia.

En conjunto, los tres ejes —diversificación económica, cooperación multilateral y diplomacia cultural-tecnológica— no funcionan de manera aislada. Más bien, se refuerzan entre sí. La cultura crea familiaridad y legitimidad; la tecnología ofrece capacidades concretas y prestigio; la multilateralidad provee arquitectura institucional; y la diversificación económica da densidad material al vínculo. Esta combinación ayuda a explicar por qué, en los White Papers más recientes, América Latina deja de aparecer únicamente como un espacio de expansión comercial y pasa a ser representada como una región relevante para la estrategia global coreana.

5. Conclusiones

Este artículo analizó la política exterior de Corea del Sur hacia América Latina entre 2015 y 2024 a partir de los Diplomatic White Papers, con el objetivo de identificar sus continuidades, cambios y principales ejes narrativos. En términos generales, los hallazgos permiten sostener que la política surcoreana hacia la región combina una continuidad pragmática de largo plazo con una reconfiguración estratégica reciente visible desde la pandemia y, especialmente a partir de 2022. América Latina no posee una prioridad equivalente a Asia-Pacífico, Estados Unidos, China o Corea del Norte. Sin embargo, emerge como una región de creciente relevancia para la diversificación económica, la cooperación multilateral, la seguridad económica y la proyección tecnológica y cultural de Corea del Sur.

De la comprobación de las hipótesis podemos extraer cuatro conclusiones principales. En primer lugar, la hipótesis de continuidad estructural encuentra un respaldo sólido. A lo largo del período analizado, América Latina es tratada de manera persistentemente pragmática como espacio de cooperación económica, técnica y multilateral. Incluso cuando cambian los énfasis temáticos o el vocabulario estratégico, la región sigue siendo representada en términos de comercio, inversión, infraestructura, cooperación sectorial, apoyo a empresas y articulación institucional. En este punto, el análisis confirma que el vínculo Corea-América Latina no se estructura desde una perspectiva ideológica o de seguridad, sino alrededor de una lógica funcional de resultados.

En segundo lugar, la hipótesis sobre el impacto de la pandemia también encuentra respaldo empírico, aunque conviene precisar su alcance. La pandemia de COVID-19 sí produjo una reorientación significativa de la agenda, desplazando temporalmente el centro de gravedad hacia salud pública, cooperación sanitaria, repatriación, conectividad y digitalización. No obstante, el análisis sugiere que este giro no constituyó una ruptura plena con la trayectoria previa, sino más bien una intensificación coyuntural de dimensiones ya presentes en la cooperación coreana, especialmente aquellas vinculadas a capacidad estatal, innovación pública y soluciones tecnológicas. En ese sentido, el COVID-19 aparece menos como una discontinuidad y más como un acelerador de un patrón anterior.

En tercer lugar, los resultados ofrecen un apoyo particularmente robusto a la hipótesis de reconfiguración post-COVID. Los White Papers posteriores a 2022 muestran que la relación con América Latina deja de formularse solo en términos de expansión comercial o cooperación funcional y pasa a inscribirse en marcos más amplios de seguridad económica, resiliencia de cadenas de suministro, minerales críticos, transición energética, seguridad alimentaria y transformación digital. Esta mutación discursiva y programática indica que Corea del Sur releyó la utilidad de América Latina en el contexto de una economía política internacional más incierta, fragmentada y tecnológicamente competitiva. La región se vuelve así más importante no solo por lo que ofrece en términos de mercado, sino por su valor para reducir vulnerabilidades estructurales y ampliar opciones estratégicas.

En cuarto lugar, la hipótesis sobre la diferenciación entre “socios de cumbre” y “socios de gestión/implementación” también resulta ampliamente corroborada. El análisis de la densidad de contacto diplomático muestra una jerarquización bastante estable: Colombia, Perú, Chile y Argentina concentran una parte importante de la interlocución de alto nivel y aparecen ligados a agendas más estratégicas (infraestructura, defensa, minerales críticos, hidrógeno, transición energética y cooperación política). Mientras tanto, México, Panamá, Guatemala, Costa Rica y otros países centroamericanos y caribeños destacan sobre todo en la diplomacia ministerial y técnica, donde predominan comercio, digitalización, cooperación práctica e implementación. Este hallazgo sugiere que la política coreana hacia América Latina no solo selecciona socios, sino que los ordena según objetivos y niveles de vinculación diferenciados.

Más allá de las hipótesis, el artículo permite hacer contribuciones más amplias. En términos teóricos, el caso sugiere que la relación entre una potencia media asiática y una región extrarregional como América Latina puede entenderse no solo como extensión comercial, sino como una forma de diversificación estratégica múltiple. Corea del Sur combina bilateralismo, multilateralismo, cooperación técnica, diplomacia tecnológica y diplomacia cultural para ampliar su margen de maniobra fuera de su entorno geográfico inmediato. En este sentido, el caso latinoamericano refuerza la literatura que entiende a Corea como una potencia media que actúa mediante redes, foros y cooperación funcional; lógica que ha adquirido en la última década un contenido más explícitamente estratégico. La política hacia América Latina sigue siendo pragmática, pero ahora se encuentra más claramente articulada a problemas globales de resiliencia, abastecimiento y competencia tecnológica.

Desde esta perspectiva, el artículo sugiere una reformulación del lugar de América Latina en la política exterior surcoreana. La región no puede ser descrita simplemente como periferia diplomática ni tampoco como nueva prioridad central. Más bien, ocupa una posición intermedia pero ascendente: es una región complementaria, funcional y crecientemente estratégica. Complementaria, porque no reemplaza las prioridades tradicionales de Corea; funcional, porque sigue siendo abordada a través de agendas concretas y orientadas a resultados; y estratégica, porque desde 2022 aparece vinculada con mayor claridad a objetivos de seguridad económica, transición energética, cooperación digital y proyección global. Este matiz es relevante, porque permite evitar tanto la sobreestimación como la subestimación del acercamiento coreano a América Latina.

En el plano metodológico, el artículo confirma, además, la utilidad analítica de los Diplomatic White Papers como corpus para estudiar la autorrepresentación estatal de la política exterior. Estos documentos no equivalen a un reflejo exhaustivo de la práctica diplomática, pero sí permiten captar cómo el Estado jerarquiza socios, tematiza regiones y reformula prioridades a lo largo del tiempo. En el caso latinoamericano, esa lectura longitudinal hace visible no solo la persistencia del pragmatismo surcoreano, sino también la creciente sofisticación del lenguaje estratégico con el que Corea justifica su presencia en la región. En otras palabras, los White Papers no solo informan sobre actividades; también revelan la gramática oficial con la que Corea construye a América Latina como región útil para su proyección internacional.

En resumen, los resultados permiten concluir que, entre 2015 y 2024, la política exterior de Corea del Sur hacia América Latina dejó de ser solamente una política de ampliación funcional y pasó a constituirse en una política más compleja, selectiva, jerarquizada y estratégicamente enmarcada. Esa transformación no altera la estructura general de prioridades de Seúl, pero sí confirma que América Latina ocupa hoy un lugar más definido dentro de la arquitectura global de la política exterior surcoreana.

Declaración de uso de Inteligencia Artificial

Durante la preparación de este trabajo se utilizaron ChatGPT (OpenAI) y el modelo Sonnet 5 Nivel Medio de Claude (Anthropic) como herramientas de apoyo para la exploración preliminar y la codificación inicial del corpus documental. Todas las codificaciones fueron posteriormente revisadas y verificadas manualmente por los autores, quienes asumen plena responsabilidad por el contenido final.

Referencias

Aguirre Torrini, C. y Choi, J. (2020). Coreanos en Chile: Aculturación en un caso de migración Reciente. Rumbos TS. Un espacio crítico para la reflexión en Ciencias Sociales, (22), 77-107. https://doi.org/10.51188/rrts.num22.380

Aguirre Torrini, C. (2023a). “Comercio a palos”: La Misión Comercial Norcoreana en Montevideo (1963–1966). Encuentros Uruguayos, 16(1). https://doi.org/10.59842/16.1.5

Aguirre Torrini, C. (2023b). ¿Ideología o pragmatismo? Corea del Sur y el Gobierno de la Unidad Popular (1970–1973). Historia Crítica, (90), 29-50. https://doi.org/10.7440/histcrit90.2023.02

Aguirre Torrini, C. y Anderson, D. (2024). Peronismo y kimilsungismo: Un análisis de la representación de la Argentina en la prensa norcoreana y de la influencia de las delegaciones argentinas que viajaron a Corea del Norte en el marco de la guerra fría. Online Journal Mundo Asia Pacifico, 13(24), 57-77. https://doi.org/10.17230/map.v13.i24.04

Abbondanza, G. (2022). Whither the Indo–Pacific? Middle power strategies from Australia, South Korea and Indonesia. International Affairs, 98(2), 403-421. https://doi.org/10.1093/ia/iiab231

Álvarez, M. P. y Pérez Taffi, V. (2019). Diplomacia cultural surcoreana en la Argentina: Un estudio de caso sobre el Centro Cultural Coreano de Buenos Aires, 2008–2016. En M. P. Álvarez y V. Pérez Taffi (eds.), ¿Hallyu o Diplomacia Cultural? Corea del Sur y sus productos culturales. Universidad del Salvador.

Arriojas, C. y Réquiz, I. (2019). Devorando el Hallyu: Desarrollo, hibridación y canibalismo latinoamericano. Mundo Asia Pacífico, 8(14), 45-59. https://doi.org/10.17230//map.v8.i14.03

Atehortúa Cruz, A. L. (2008). Colombia en la guerra de Corea. Folios, (27), 63-76. https://doi.org/10.17227/01234870.27folios63.76

Bavoleo, B., Benítez, M. y Chaure, D. (2025). Redes tecnológicas globales: la diplomacia tecnológica surcoreana en América Latina. OASIS: Observatorio de Análisis de los Sistemas Internacionales, (41), 183-204. https://doi.org/10.18601/16577558.n41.09

Choe, H. (2022). 60 años de relaciones entre Corea del Sur y América Latina: Un salto cuantitativo y cualitativo. En S. Woo, S. Kim y J. J. Ramírez Bonilla (eds.), Cambio de época: la República de Corea y la renovación de sus relaciones con América Latina (pp. 147-164). RIL Editores.

Drisko, J. W. y Maschi, T. (2015). Content Analysis. Oxford University Press. https://doi.org/10.1093/acprof:oso/9780190215491.003.0004

Estevadeordal, A., Mesquita Moreira, M. y Kahn, T. (2015). Corea y América Latina y el Caribe: hacia una relación diversa y dinámica. Banco Interamericano de Desarrollo. https://doi.org/10.18235/0012803

Gills, B. (2005). Korea versus Korea: A case of contested legitimacy. Routledge. https://doi.org/10.4324/9780203975282

Jordaan, E. (2003). The concept of a middle power in international relations: distinguishing between emerging and traditional middle powers. Politikon, 30(1), 165-181. https://doi.org/10.1080/0258934032000147282

Kim, M. (2022). The Growth of South Korean Soft Power and Its Geopolitical Implications. Journal of Indo-Pacific Affairs. https://www.airuniversity.af.edu/JIPA/Display/Article/3212634/the-growth-of-south-korean-soft-power-and-its-geopolitical-implications/

Lanare, L. M. (2023). Corea del Norte y las organizaciones armadas argentinas: entre el relato y la acción. PORTES, Revista mexicana de estudios sobre la Cuenca del Pacífico, 17(33), 119-145.

Lee, T. (2023). FEALAC and Inter-Regional Governance: A “New” Path to Pacific Partnership. Social Sciences, 12(6), 323. https://doi.org/10.3390/socsci12060323

López Aymes, J. F. (2012). Korea’s Engagement in Latin America. En Korea Compass: Tracing the Impacts of Korea’s Engagements Around the World. Korea Economic Institute.

López Aymes, J. F., Tzili Apango, E., Incin, E. e Islas Cadena, G. A. (2025). Cooperación internacional para el desarrollo entre Asia del este y América Latina: asimetrías interregionales y autonomismo. Universidad Nacional Autónoma de México-Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias.

Mera, C. (2005). Diáspora coreana en América Latina [Ponencia]. II Encuentro de Estudios Coreanos en América Latina, Ciudad de México, México.

Mesquita Moreira, M., Dolabella, M., Saeteros, M., Veiga, P., Rios Polonio, V., Na, S. y Kim, Y. (2024). Corea y América Latina y el Caribe: avanzando juntos en un mundo cambiante. Banco Interamericano de Desarrollo. https://doi.org/10.18235/0013073

Ministry of Foreign Affairs of the Republic of Korea. (2015). Global Landscape and Diplomatic Activities (Diplomatic White Papers).

Ministry of Foreign Affairs and Trade of the Republic of Korea. (2009). Hangugoegyo 60nyeon 1948-2008 [60 Years of Korean Diplomacy 1948–2008].

Pacheco Pardo, R. (2023). From Shrimp to Middle Power to Something More? South Korea as a Global Pivotal State. KEI Editorial Board, 142, 142-156. https://keia.org/wp-content/uploads/2023/05/KEI_KoreaPolicy_2023_Final-002.pdf#page=142

Paz Iriberri, G. (2001). Las relaciones entre Argentina y Corea del Sur. Evolución y perspectivas. Estudios Internacionales, 34(134), 29-56.

Ramoneda, E. y Consani, N. (2020). South Korea and the intergovernmental multilateral organizations and forums of Latin America and the Caribbean (1993–2017). En N. Consani, B. Bavoleo y E. Ramoneda (eds.), Corea del Sur, puente entre el Este de Asia y América Latina y el Caribe (pp. 232-274). Instituto de Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de la Plata. https://doi.org/10.35537/10915/130070

Rosales, O. (2018). Relaciones económicas entre América Latina y el Caribe y la República de Corea: avances y oportunidades. Naciones Unidas/CEPAL. https://www.cepal.org/es/publicaciones/37918-relaciones-economicas-america-latina-caribe-la-republica-corea-avances

Ross, C. (2020). Chile y Corea del Sur (1973-1989): las claves de un vínculo estratégico improbable. Revista Aldea Mundo, 49(25), 33-44.

Taylor, M. (2023). orth Korea, Tricontinentalism, and the Latin American Revolution, 1959–1970. Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/9781009305204

Woo, S., Kim, S. y Ramírez Bonilla, J. J. (2022). Cambio de Época: Corea y la revisión de su relación con América Latina. En S. Woo, S. Kim y J. J. Ramírez Bonilla (eds.), Cambio de época: la República de Corea y la renovación de sus relaciones con América Latina (pp. 17-28). RIL Editores.

Zavarce, C. (2025). East Asian Cooperation Approaches towards Latin America and the Caribbean: The Cases of Japan, China, and South Korea. Austral: Brazilian Journal of Strategy y International Relations, 14(28), 131-165. https://doi.org/10.22456/2238-6912.138410

Anexo metodológico: El índice de densidad del contacto diplomático Korea-America Latina (2015–2024)

El corpus de análisis está conformado por las diez secciones regionales sobre América Latina de los Diplomatic White Papers del Ministerio de Asuntos Exteriores de Corea (MOFA), ediciones 2015 a 2024. Se trata de un documento oficial anual que recoge los contactos diplomáticos declarados por Corea con la región durante el período cubierto. Conviene advertir que las ediciones 2015–2021 informan sobre las actividades del año anterior a su publicación, mientras que a partir de 2022 informan sobre el mismo año. Por tanto, los textos representan 10 documentos sin representar una serie temporal anual continua. Además, la edición 2017 tiene una extensión significativamente más breve que los otros años, por lo que las interacciones declaradas de Corea con América Latina son numéricamente menores, pero eso no responde necesariamente a un repliegue diplomático real de Corea hacia la región.

Unidad de análisis y clasificación

La unidad de análisis es el contacto diplomático bilateral representado por cada engagement donde un país latinoamericano es mencionado explícitamente. Se excluyeron los eventos de carácter meramente regional u organizacional (talleres de FEALAC, CELAC, ECLAC, SICA, ACS, y foros Corea-LAC), así como referencias genéricas sin individualización de países. Cuando se mencionaban países en una reunión con grupos de países se consideró como un contacto a cada uno de los países mencionados. Las misiones de cooperación técnica sectorial (defensa, e-government, salud, agricultura) se registraron por separado y no se incorporaron en el análisis, para no confundir diplomacia política con cooperación técnica.

Cada contacto se asignó a uno de cinco niveles: 1.- Cumbre (contacto entre jefes de Estado o de gobierno, incluidas llamadas telefónicas presidenciales y reuniones al margen de foros multilaterales). 2.- Enviado especial presidencial (delegaciones enviadas a tomas de posesión u otras misiones presidenciales). 3.- Primer ministro (contactos del PM coreano con contrapartes de la región). 4.- Ministerial (reuniones, llamadas y encuentros entre cancilleres o ministros de relaciones exteriores). 5.- Consulta viceministerial (consultas políticas de alto nivel, comisiones mixtas, reuniones de directores generales y contactos de embajadores). La diplomacia interparlamentaria se registró como categoría separada y no forma parte de la medición central de análisis.

La codificación se realizó con inteligencia artificial en dos análisis independientes mediante ChatGPT y Claude y, finalmente, una tercera codificación manual. No se encontraron diferencias significativas entre las tres codificaciones.

Mediciones

Se calcularon dos indicadores complementarios. 1.- La frecuencia bruta es el número total de contactos por país, sin ponderar y mide el número de engagements de Corea con cada país. 2.- La saliencia se mide por un índice aditivo ponderado que refleja la intensidad política de cada nivel (cumbre = 4, primer ministro = 3, enviado = 2, ministerial = 2, consulta = 1). Estos pesos fueron establecidos de manera deliberada e intencional para que reflejaran en el índice nuestra percepción de que un contacto presidencial tiene mayor jerarquía diplomática que una consulta técnica. En todo caso, las conclusiones son estables ante variaciones razonables en las ponderaciones. La cuota de alto nivel (columna “Alto nivel %” en la Tabla 1) es la proporción de contactos de cada país que se produjeron a nivel cumbre + primer ministro + enviado, lo que permite distinguir socios de cumbre de socios de gestión con independencia del volumen total. Los tramos (muy alta, alta, media-alta, media, baja) se definieron por cortes naturales en la distribución del índice de saliencia, sustituyendo el etiquetado cualitativo por un criterio reproducible.

Limitaciones del análisis

Los Diplomatic White Papers son documentos emanados del Ministerio de Asuntos Exteriores de la República de Corea. En virtud de ello, pueden sobrerrepresentar los contactos que MOFA considera prioritarios, sesgando la métrica hacia una saliencia narrativa de lo que como Ministerio desean mostrar.