Migraciones | nº 67 [2026] [ISSN 2341-0833]
The Returned
Former U.S. Migrants’ Lives in Mexico City
Claudia Masferrer, Erin R. Hamilton y Nicole Denier
2025. Russell Sage Fundation.
228 páginas.
ISBN: 978-0-87154-913-6
Pablo Caraballo
El Colegio de México

The Returned. Former U.S. migrants’ lives in Mexico City, de Claudia Masferrer, Erin Hamilton y Nicole Denier, presenta los resultados de una investigación con personas mexicanas en situación de retorno en la Ciudad de México. El libro abarca principalmente las primeras dos décadas del siglo XXI, momento en el cual —por primera vez— entraron a México más personas desde Estados Unidos de las que salieron, concentrándose la mayoría de ellas en zonas urbanas como la capital mexicana. A partir de los relatos de 34 hombres y mujeres que, por diferentes periodos, vivieron de manera irregularizada en Estados Unidos, The Returned muestra una compleja trama de recorridos y estrategias que coinciden en el espacio urbano de la Ciudad de México, como punto contingente de culminación. En sus páginas nos encontramos con personas que iniciaron su trayecto en contextos rurales, desde donde migran a Estados Unidos para después ser deportadas a la capital, al igual que personas que ya habían vivido en la Ciudad de México, pero, luego de años de residencia en Estados Unidos, viven el retorno desde una condición similar a la extranjería. Sobre esta base, el libro habilita una miríada de lecturas posibles fundamentadas en la riqueza de la información recogida y la solvencia de un análisis atento a las especificidades e interseccionalidades de los sujetos.

El libro está compuesto de cinco capítulos, más la introducción, la conclusión y un apéndice metodológico. A través de estos ocho acápites las autoras combinan el análisis cualitativo de las entrevistas con una aproximación macrosocial y demográfica, desde un enfoque multidimensional que evidencia el diálogo entre sus distintas áreas y trayectorias de investigación. Así, para situar históricamente los relatos, proponen el término “Policy Trap”, definiéndolo como un régimen de control y vigilancia asentado en la militarización de la frontera mexicoestadounidense, la restricción de los derechos de las personas migrantes irregularizadas en Estados Unidos y la facilitación de los procedimientos de deportación. Según muestran las autoras, el despliegue y consolidación de este régimen, a partir de 1986, generó una profunda transformación de la dinámica migratoria entre México y Estados Unidos, lo que se refleja en formas complejas de atrapamiento de esta población en los territorios de ambos países. En primer lugar, la permanente vigilancia y acoso hacia la población migrante en Estados Unidos deriva en limitaciones a su movilidad cotidiana, debido al miedo a ser detenida o deportada. Mientras que, por otro lado, el retorno o la deportación conlleva la imposibilidad de volver a Estados Unidos, propiciando una suerte de ruptura de los vínculos establecidos con, y en, ese país.

Dadas estas condiciones, la experiencia de retornar es vivida de un modo paradójico, a partir de un sentido de libertad (e incluso “empoderamiento”, según dice uno de los entrevistados, p. 63) que trae consigo, a su vez, una sensación de pérdida que convierte a Estados Unidos en objeto de nostalgia, imponiendo una distancia que es tanto física como metafórica (p. 16). Como consecuencia de ello, el retorno produce una nueva sensación de encierro ahora en el territorio mexicano, lo que imposibilita en muchos casos que la experiencia sea vivida como un regreso al “hogar”. El retorno y la deportación no son entonces meros datos objetivos con implicaciones demográficas y administrativas, sino el resultado de relaciones de poder que se articulan en un campo recrudecido de control migratorio, y desencadenan reajustes a distintos niveles en estos sujetos. En ese sentido, las autoras muestran, por ejemplo, cómo la separación familiar incide a nivel de las relaciones de parentesco, generando también reconfiguraciones subjetivas en quienes, al verse impedidos de ejercer su paternidad o su maternidad, resignifican la distancia física como pérdida de una dimensión fundamental de sus identidades: el ser padre o madre (p. 139). De este modo, si The Returned no se centra directamente en estos procesos de subjetivación ni apela a una sociología de las emociones, la complejidad del análisis se abre al entendimiento de la dimensión subjetiva de las experiencias abordadas.

A ese respecto es crucial el uso que hacen las autoras del término “norteado”. De acuerdo con el Diccionario breve de mexicanismos de Guido Gómez de Silva, “norteado/norteada”, en tanto que adjetivo, refiere a una persona desorientada o “que perdió el rumbo”. En el mismo diccionario, la palabra “nortear” se define por referencia a un “viento fuerte desde el Norte”. Atendiendo a estas acepciones, podemos entender la apelación al término por referencia a un estado o condición de desorientación, relacionada a su vez al norte, como destino, objetivo o deseo. Una imagen representada con delicada claridad en la película de 2009, Norteado, dirigida por Rigoberto Perezcano. Extrayendo su mayor potencial analítico, las autoras acuden a esta locución entonces para describir lo que podríamos entender como una posición subjetiva, contenida por las especificidades del espacio urbano capitalino y el vínculo complejo que ata estos relatos a Estados Unidos, como epítome de “el” norte. El sujeto “norteado” encuentra su asidero estructural en condiciones materiales concretas que dificultan su inserción efectiva y en una débil infraestructura institucional de atención para esta población, que hace tangible la notable ausencia de reconocimiento social de la que gozan en el contexto estudiado. Si la Ciudad de México aparece como un monstruo indemne tanto a la partida de quienes son expulsados de ella, como a la llegada de quienes retornan, el término “norteado” sirve en The Returned para nombrar, pues, la extrañeza, el desarraigo y la nostalgia de una población que aparece, en dicho contexto, como “cultural, demográfica, económica y políticamente invisible”.

El término “norteado” sirve entonces para nombrar una experiencia, con implicaciones subjetivas, pero irreductible a su dimensión meramente individual. Tal como advierte Joan W. Scott, la experiencia no es una categoría transparente, evidente o meramente descriptiva. En cambio, es el producto de procesos históricos que posicionan a los sujetos y, por lo tanto, no tendría que ser el origen de nuestras explicaciones, sino más bien lo que buscamos explicar, aquello acerca de lo cual producimos conocimiento en torno a una realidad determinada. Siguiendo este razonamiento, The Returned tiene el mérito de afincar el análisis, no sobre la base de la vivencia como dato último, sino como condición supeditada a estructuras en las que emerge una experiencia particular e históricamente situada, evitando naturalizar o esencializar la posición de sus interlocutores bajo categorías dadas. El sujeto deviene “norteado” en el marco de unas determinadas relaciones materiales y simbólicas que producen su experiencia (que lo nortean, en todo caso) y constituye una parte de lo que son, en tanto que sujetos. En ese mismo sentido, dicha condición no es definida como una experiencia unívoca; por el contrario, se entiende atravesada por vectores interseccionales (p. 137), perspectiva enriquecida por la heterogeneidad de casos y la atención a la especificidad de trayectorias presentadas en el libro. De modo que, si las regularidades del contexto en el que se insertan estos sujetos producen experiencias cónsonas que permiten arribar a algunas (modestas) generalizaciones, estas son modeladas al mismo tiempo por su interacción con el género, la clase social, la edad, el origen rural o urbano, y la discapacidad física, en una ciudad aún con altos niveles de desigualdad social y económica.

The Returned abona, pues, al entendimiento riguroso e informado de la experiencia de retorno, como instancia constituida en la articulación entre procesos de agencia y ejes estructurales de formación del sujeto. Para llegar a ello, Masferrer, Erin y Denier priorizan una mirada sensible a las narrativas de sus interlocutores, que parte al mismo tiempo de una revisión crítica y exhaustiva de diferentes perspectivas teóricas en torno a la “reintegración” y a dinámicas predominantemente económicas que mueven la migración mexicana hacia Estados Unidos, prestando atención a otros aspectos, como lo es la dimensión familiar. De igual manera, muestran cómo los relatos mismos desautorizan las distinciones, a veces dadas por sentadas, entre migrantes “económicos” y “familiares”, migraciones “forzadas” y “voluntarias” o migración “rural” o “urbana”. Inclusive, la propia categoría de “retornado” es puesta en cuestión, atendiendo a los términos con los cuales las personas entrevistadas definen sus identidades con relación a variadas circunstancias, posiciones y capitales (p. 169).

El peso del análisis se ve enriquecido y robustecido, finalmente, por la honestidad metodológica con la que las autoras acometen la escritura del libro. En un contexto adverso para la realización de trabajo de campo in situ, a raíz de las circunstancias que impuso la pandemia covid-19, señalan con claridad los giros que tomó la investigación, y su reorientación hacia una perspectiva más cualitativa que termina por enriquecer el texto. El apéndice metodológico con el que cierra el libro, más que simplemente revestir de validez los datos, representa un ejercicio de reflexividad conjunta que problematiza la posición de las investigadoras en el contexto social analizado y en la interacción inmediata con las personas que entrevistaron. Su nivel de detalle da cuenta del interés por transparentar el proceso, dejando ver los riesgos epistemológicos que conscientemente asumen. El resultado, como he sostenido hasta aquí, es el trazo fino de los hilos que conectan lo individual con las condiciones sociales que lo enmarcan, sin caer en reduccionismos deterministas o en la mera crónica etnográfica. El libro contribuye así al entendimiento y problematización de las condiciones sociopolíticas y estructurales que producen la/s experiencia/s del sujeto retornado, sin desatender las sensibilidades que las mueve. Toda vez que su valor heurístico atañe a la comprensión de la experiencia migratoria en un sentido más amplio, como categoría analítica y como posicionamiento dado por la delimitación y reforzamiento de fronteras políticas, institucionales y simbólicas, en un mundo cada vez más interconectado y al mismo tiempo más fragmentado.