Migraciones | nº 66 [2026] [ISSN 2341-0833]
Racial domination
Loïc Wacquant
2024. Polity Press.
489 páginas.
ISBN: 978-1-509-56302-9
Diana Mata-Codesal
Departamento de Antropología Social | Universitat de Barcelona

Loïc Wacquant desarrolla en las casi 500 páginas de su último libro, Racial Domination, una teoría sobre la dominación etno-racial a partir de postulados neo-Bourdieusianos. En su propuesta para una sociología de la dominación racial defiende que esta sea entendida como una forma, insidiosa y con consecuencias importantes, pero específica de formación agonística de grupos en las sociedades liberales-democráticas de la era postimperial.

En su particular estilo de escritura, y con una bibliografía extensísima y un sistema de citación a pie de página que dialoga con muchos otros trabajos, Loïc Wacquant lleva a cabo una empresa intelectual de calado al desarrollar un marco teórico amplio que permitiría dar cuenta de procesos de dominación racial en tiempos y lugares distantes, algo poco habitual tras las críticas postmodernas a las teorizaciones con afán totalizador.

El texto combina y desarrolla textos ya publicados por el autor, algunos incluso traducidos al español, y constituye sin duda una obra para tener en cuenta, tanto para seguir sus postulados como para generar debate, algo en lo que Wacquant es particularmente bueno, baste recordar su texto de 2002 sobre los problemas actuales de la etnografía urbana publicado en el American Journal of Sociology.

El texto se estructura en seis secciones con dos partes claramente diferenciadas. Los primeros tres capítulos y el último, Coda, exponen los diferentes elementos de los que se compone la propuesta teórica del autor. Es interesante el uso profuso de diagramas y otras representaciones como forma de sintetizar y representar las propuestas conceptuales que se van desgranando a lo largo del texto. Los capítulos tres y cuatro ofrecen dos estudios de caso del contexto estadounidense.

En el capítulo inicial, ilustrativamente denominado Problemstelling, Wacquant defiende la necesidad de diferenciar entre las políticas raciales y el análisis de la raza, algo que no ocurre y que según Wacquant contribuye a la falta de clarificación epistemológica, control conceptual, especificación analítica, claridad semántica, coherencia lógica y poder heurístico de los estudios sobre la cuestión racial. Siguiendo al filósofo de la ciencia Gaston Bachelard, Wacquant argumenta que el concepto de raza ha devenido en un obstáculo epistemológico que se interpone en la construcción de conocimiento riguroso sobre el fenómeno y para cuya superación sería necesario, entre otras cuestiones, abandonar la lógica del juicio y los planteamientos morales que según Wacquant no corresponden al campo del análisis. Siguiendo a su maestro Pierre Bourdieu, plantea la necesidad de generar conocimiento de manera autónoma a las demandas y conceptos utilizados por los grupos dominados quienes a diferencia del conocimiento generado por las ciencias sociales generan “recetas cognitivas para la acción [y no] para los propósitos de la descripción, interpretación y explicación científica” (p. 78). Wacquant plantea un doble movimiento, o doble orden de objetividad, la demarcación que implica romper con las representaciones de los agentes para construir un modelo objetivo de dominación, seguido de la repatriación que implica incorporar en el modelo las representaciones subjetivas de los agentes afectados por el fenómeno social estudiado, la dominación racial en este caso.

En el capítulo 1, la posición privilegiada que le confiere su presencia simultánea en la academia estadounidense y francesa, con las contextualizaciones divergentes del tema racial en Europa y Estados Unidos, le llevan a argumentar la necesidad de descentrar la concepción de raza estadounidense como referente implícito utilizado en mucha de la producción sobre la dominación racial lo que permitiría el análisis de formaciones raciales que no toman el tono de piel como elemento definitorio de clasificación, como el ejemplo de los judíos bajo el régimen nazi o el de los burakumin en Japón. La necesidad de contextualizar los mecanismos concretos de clasificación, es decir, cómo se produce y qué forma toma la visión social que agrupa ciertas personas como formando parte de un mismo grupo racial solo es posible espacializando e historizando la investigación sobre el fenómeno. En este segundo caso Wacquant plantea la existencia de genealogías múltiples de la dominación racial a partir de la diferencia religiosa desde el siglo XV, la colonial desde el siglo XVI y la científica a partir del siglo XVIII.

Siguiendo a Bourdieu, Wacquant entiende la raza como un principio de visión y división social donde la primera, en el orden simbólico lleva a cabo procesos de clasificación sobre los que se genera una saliencia social que organiza la percepción a partir de patrones de pensamiento, sentimiento y acción a partir de los cuales se desarrollan procesos de consecuencialidad que generan una estratificación en el orden material. La dominación racial tiene que ser concebida simultáneamente en los dos planos, el simbólico y el material, como una relación que se retroalimenta de violencia simbólica y encasillamiento material. La racialización ocurre cuando esa clasificación y estratificación, que también ocurre en otras relaciones intergrupales no marcadas por lo racial, se naturalizan. Sin embargo, a diferencia de otros principios de di/visión social como el género, la clase, la nacionalidad o la edad, la raza no tiene una base material estable, autónoma y transhistórica basándose únicamente en elementos cognitivos. Y aquí se encuentra sin duda la propuesta más interesante del libro, la de concebir la raza como un tipo específico de etnicidad, una etnicidad negada. A partir de una concepción de la etnicidad como un continuum que va desde una etnicidad ordinaria a una gruesa, rígida, y sobre todo que naturaliza en sus atributos de constructo social, extremo este donde se encontraría la raza, Wacquant propone el concepto de diagonal de racialización definido como “el proceso por el cual la etnicidad maleable e inconsecuente marcada por el aura se convierte en etnicidad rígida y consecuente manchada por el estigma” (p. 36). Dada la precisión conceptual de la que hace gala el autor resulta curioso que no se defina en ningún lugar el concepto de “aura” que repetidamente aparece asociado al grupo étnico frente al racial, también étnico pero sujeto a procesos de naturalización de la diferencia que le niega su condición de cultural.

En el capítulo 2, Wacquant construye la dominación racial como el resultado de la articulación variable de cinco formas elementales de dominación: categorización, discriminación, segregación, reclusión y violencia. Wacquant defiende el poder heurístico de los tipos ideales a la Weber, como una forma de análisis que permite indagar los fenómenos sociales a partir del análisis de sus partes constituyentes. En este capítulo el autor critica el uso de conceptos como capitalismo racial y racismo estructural, palabras en boga que sin embargo no aportan mucho al análisis de los mecanismos específicos de la dominación racial. Frente a la indeterminación de estos conceptos Wacquant defiende la necesidad de desarrollar medios analíticos —como por ejemplo, sus cinco formas elementales de dominación— que nos permitan descubrir las condiciones y las fuerzas sociales a partir de las cuales la etnicidad ordinaria pasa a ser concebida como etnicidad racializada o negada. El papel del Estado es esencial en este proceso de creación, mantenimiento y modificación de categorías, o en otras palabras del paso de una categoría mental o grupo sobre el papel a grupo instituido como actor social.

Los capítulos 3 y 4 exploran el caso de la dominación racial en Estados Unidos mostrando la continuidad histórica en las formas de control racial, aunque los mecanismos y modalidades específicas de la dominación racial se transformen a lo largo del tiempo, pasando de las formas explícitas encarnadas en la institución de la esclavitud y las leyes de segregación racial promulgadas tras la abolición de esta hacia formas más sutiles pero también institucionales de racismo. El capítulo 3 se centra en el periodo de 1890 a 1950 en el sur del país, conocido como régimen Jim Crow. La propuesta de Wacquant es entender este periodo conformando un sistema de “terrorismo de casta” que aúna el uso extralegal de la fuerza privada en las plantaciones sobre las personas negras al de la fuerza pública legal dirigida por la “ley de negros” (Negro law) en los tribunales para promover y sancionar una fuerte violencia sistemática, tanto física como simbólica, que permita mantener la jerarquía racial y la subordinación de los antiguos esclavos tras la abolición de la esclavitud.

El capítulo 4 se desplaza hacia el norte del país entre 1970 y 2000, con el desmantelamiento del gueto como instrumento de gestión de la marginalidad urbana y el surgimiento y desarrollo tanto del hipergueto como del proceso de hiperencarcelación que acoge a una parte importante de ese surplus de población urbana marginal antes gestionada mediante el gueto. El gueto pasa a ser más como una prisión y la prisión más como un gueto, nos dice Wacquant. Del trabajador industrial como tipo social dominante en el Norte de Estados Unidos durante gran parte del siglo XX, se pasa en el nuevo sistema de control encarnado en el hipergueto a un tipo social dominante distinto que divide la población objeto de control por género y edad entre aquella receptora de ayudas sociales y la criminal en un “entramado carcelario-asistencial” donde los varones negros pobres son manejados por el sistema penal mientras las mujeres y niñas/os por el asistencial. Asistimos en este momento al cambio desde el tratamiento social al penal de la marginalidad urbana en el que, insiste Wacquant, la segregación de clase se superpone a la racial.

El libro concluye con una Coda a modo de epílogo donde se insiste en la idea que inicia el texto, a saber, el de la naturaleza distinta de los esfuerzos analíticos del estudio de la dominación racial y los políticos de la lucha por la política racial, pero donde el autor bosqueja tres caminos hacia la justicia racial: 1) la igualación (equalization) en el plano material de la distribución para reducir la consecuencialidad de la raza con medidas como la acción afirmativa o la restitución; 2) la desestigmatización en el plano simbólico del reconocimiento para reducir la saliencia con medidas como las comisiones de verdad y reconciliación, la creación de memoriales y museos o la revisión de los currículos educativos; y 3) la desracialización, como objetivo final, a la que se llegaría con avances simultáneos en el plano de lo material (igualación) y lo simbólico (desestigmatización). Estos procesos son de hecho muy similares a los ofrecidos por Nancy Fraser en su propuesta de teoría de justicia con el reconocimiento y redistribución y a quien Wacquant solo menciona, de manera injustificada a mi parecer, en una nota al pie.

El trabajo de Wacquant tiene la capacidad de remarcar la importancia de la clase en un momento en que esta ha adquirido tanto social como analíticamente un papel secundario frente a otras variables de clasificación y comprensión de lo social. La gran ausencia del texto es el género lo que llama a desarrollos posteriores de la propuesta analítica de Wacquant que historicen y contextualicen procesos de dominación racial que incorporen explícitamente esta variable en el análisis de las formas específicas que adquiere la dominación racial atendiendo al género, así como otras variables contextualmente específicas.