
El libro Cine y migraciones parte de una idea central: cómo el cine representa las migraciones y cómo estas pueden ser comprendidas de manera más profunda a través de sus representaciones cinematográficas. Esta afirmación inicial atraviesa todos los capítulos y se convierte en el hilo conductor; caracterizándose a la vez por una diversidad de enfoques, disciplinas y metodologías que la sostienen. El libro está organizado en torno a 13 capítulos —solo uno de ellos en inglés—, escritos por investigadores expertos de distintas universidades españolas, desde la Universidad Complutense de Madrid, con Mónica M. Monguí-Monsalve; la Universidad de La Rioja, con Fracisco Checa y Olmos; la Universidad de Málaga, con Raquel Seijas Costa; o desde la Universidad de Granada, desde donde se edita este libro y a la que pertenecen diversos autores, por destacar algunas.
A su vez, estos 13 capítulos están agrupados en tres temáticas o partes: 1) “La imagen de las migraciones en diversos soportes: cine, documental, literatura y audiovisuales en general”, donde se reflexiona sobre el papel transformador y crítico de otros medios en relación con el cine para hablar de migraciones, con capítulos como “El cine y la literatura como herramientas de intervención en contextos de diversidad cultural. Aproximación al estado de la cuestión”, de Chovancova y González Fernández; 2) “La imagen de las migraciones en el cine”, más general que la anterior y, por ello, más diversa en el contenido de sus capítulos, que tratarán sobre narrativas cinematográficas que se han producido alrededor del inmigrante en distintos contextos, y de la que forma parte “El discurso visual del inmigrante colombiano en el cine español contemporáneo”, de Chicangana Bayona y Monguí Monsalve, entre otras; y 3) “La imagen de las migraciones en películas de ficción”, que hace especial énfasis en analizar películas concretas y la relación entre ficción y realidad, siempre con el objetivo de comprender mejor el fenómeno de las migraciones, del que destacaré el capítulo “Españolas en París en la sexta planta. De la ficción al recuerdo de los testimonios reales”, de Capote Lama y Zornoza Madrid.
De entre los 13 capítulos, la introducción tiene un papel fundamental. Esta, más allá de justificar la existencia del volumen, cumple una función clave al ofrecer una revisión de los estudios previos en torno a esta temática, estableciendo un mapa de autoras y autores que han dedicado sus investigaciones al análisis del cine y las migraciones en España. Se destacan trabajos como el de Chema Castiello, centrado en la construcción del inmigrante como personaje fílmico; el de Isabel Santaolalla, que rastrea los cambios en las identidades étnicas y culturales; o el de Isolina Ballesteros, quien conceptualiza el cine de inmigración como subgénero. También se citan investigaciones relevantes de Marín Escudero y Teixidó Farré, centradas en los documentales y en la representación de la mujer inmigrante, respectivamente.
En este recorrido bibliográfico que presentan los autores se ubica esta obra, producto de una línea de investigación propia que el Instituto de Migraciones de la Universidad de Granada inició en 2022. Pero como indican al inicio, ya desde el 2010 impulsaron proyectos relacionados con cine y migraciones, incluyendo la creación de una asignatura específica. El libro se sitúa así en un contexto institucional de largo recorrido que viene señalando desde hace años cómo el cine es más que un objeto decorativo, para convertirse en un dispositivo central desde el que pensar la sociedad y las migraciones; pero especialmente, este libro sirve como llamamiento para continuar estudiando este fenómeno desde España, ya que buena parte de la investigación en este campo ha sido realizada desde universidades estadounidenses.
Ya ubicada la obra, podemos hablar sobre cómo la obra ofrece un catálogo extenso a través de sus distintos capítulos sobre el cine de migraciones. Aunque ya han existido otros textos especializados en la materia, como bien se indica en la introducción —escasos, hay que añadir—, este libro aporta una diversidad de enfoques que le otorga ese carácter casi de manual sobre la materia —sin tener en absoluto ese enfoque ni tampoco esa estructura—, trabajándose desde distintas perspectivas y disciplinas. Por destacar alguna, los capítulos están escritos algunos desde la psicología social, la sociología, los estudios literarios, los estudios culturales, la antropología social o desde la demografía.
Que exista esta diversidad de autorías, además, es enriquecedor en tanto que lo analizado son productos artísticos. Se citan en muchos capítulos las mismas películas, pero en cada uno se añade una perspectiva y análisis propio. Por poner un ejemplo, la película Flores de otro mundo (1999) de Icíar Bollaín es nombrada a lo largo del libro como largometraje que marcaría una nueva etapa en el cine sobre migraciones en España, pero cada vez que es referenciada sirve para un propósito diferente. Primero Seijas Costa y González Cortés la analizan como una película que abriría el camino hacia la representación de la “mujer migrante” en el cine de migraciones. Y después, en el capítulo de Garzón Guillén, se analiza desde el concepto de “competición” entre los proyectos vitales de las mujeres extranjeras y los hombres “locales”, en constante negociación y rivalidad ante perspectivas diferentes sobre la vida en familia, causada por los diversos valores y elementos culturales que poseen cada parte.
A parte de mantener cohesión a través de las distintas películas que se van citando-analizando, existen también temas transversales a todos los capítulos que sirven para sostener la obra. Uno de estos temas es el señalamiento de los medios de comunicación como dispositivos con una gran influencia en la construcción de imaginarios alrededor de las migraciones, siendo el cine parte de estos; pero a la vez poseyendo un potencial disruptivo gracias a su carácter artístico, que permite crear ficciones con las que poder responder a las narrativas hegemónicas. Otro de estos puntos destacados es la capacidad transformadora y pedagógica del cine. El uso de los cortometrajes en los capítulos de Seijas Costa y González Cortes, así como en el de Checa y Olmos y Fernández Soto son ejemplo de esto.
La cuestión de género es también fundamental en el libro. Por ejemplo, en el capítulo “Españolas en París en la sexta planta. De la ficción al recuerdo de los testimonios reales” se analiza la emigración femenina española a Francia durante los años sesenta, centrándose en las mujeres que trabajaron en el servicio doméstico en París y en cómo fueron representadas en el cine, contrastándolo con sus testimonios reales. Las películas que analizan Capote Lama y Zornoza Madrid son Españolas en París (1971) de Roberto Bodegas y Las chicas de la sexta planta (2010) de Philippe Le Guay, desmontando algunas ideas románticas y estereotipadas que ambas cintas representan al demostrar que la experiencia de muchas de estas mujeres estuvo protagonizada por la precariedad laboral y la segregación social; pero también por la búsqueda de autonomía personal y redes de apoyo femeninas. El eje de género es así fundamental en el análisis que realizan en su trabajo, que podemos ver en otros capítulos como el ya citado de Checa y Olmos y Fernández Soto.
Dentro de estos ejes que atraviesan el libro, sin duda, y como bien analizan los autores en el capítulo conclusivo del libro, si hay un elemento protagonista —además de necesario— a la hora de analizar el cine y las migraciones en España, es la “construcción de la otredad”. Puntualizaré, sin embargo, que cada capítulo ofrece puntos únicos con respecto a esta temática: por ejemplo, en el de Garzón Guillén los conceptos vehiculantes son el de “buen salvaje”, un clásico en la antropología —aunque su análisis es sociológico— y el de “adversario”; y en el de Mazzili, por otra parte, el análisis está centrado en las migraciones de niños y adolescentes, representados en las películas que elige a veces desde la romantización, y otras desde la dramatización, pero manteniendo esa mirada externa y diferenciadora. Podemos apreciar esta construcción de la diferencia en el capítulo “El discurso visual del inmigrante colombiano en el cine español contemporáneo”, de Chincangana y Monguí, que estudian la representación del inmigrante colombiano en el cine español. En su análisis, destacan, por un lado, cómo muchas películas recurren a estereotipos negativos —delincuencia, drogas, prostitución, sumisión en el trabajo doméstico— que reducen al inmigrante colombiano a un “otro” exótico o marginal, sirviendo como contraste para reforzar una identidad española opuesta y “civilizada”. Por otro lado, algunas películas más recientes sí que muestran personajes colombianos en contextos de pobreza, relaciones sentimentales o violencia estructural, pero compartidos con los españoles, identificando así problemáticas comunes. En sus conclusiones, hablan sobre cómo el cine funciona como espacio donde se construye la diferencia, bien a través de barreras simbólicas reproduciendo estereotipos; o diluyéndolas, representando experiencias compartidas que acercan al inmigrante a la sociedad receptora.
Otros capítulos, sin embargo, se centran en aspectos más concretos y no tanto temáticos, como el caso de Esteban, que estudia El Norte (1983) de Gregory Nava, argumentando que la intencionalidad de la película es la de emocionar y buscar la simpatía de los estadounidenses por los latinos; el capítulo de Ruiz Estramil, que analiza comparativamente la emblemática obra 1 Franco, 14 pesetas (2006) y también 10.000 km (2014), estructurando su análisis en base a las fases migratorias y cómo son representadas en ambos filmes, cuyos protagonistas están guiados por la búsqueda de una mejor calidad de vida.
El libro también incluye una reflexión amplia sobre los mecanismos de representación que se construyen en el cine, cuestionando no solo lo que se muestra, sino también desde dónde es producido y qué ausencias existen. Se plantea la importancia del cine diaspórico o transnacional, donde personas migrantes no son simplemente personajes dentro de la historia, sino sujetos que dirigen, escriben o interpretan desde su propia experiencia. Esta perspectiva permite ampliar el análisis más allá de lo temático, incorporando cuestiones como el uso del acento, la racialización de los papeles y la apropiación cultural. Se mencionan ejemplos concretos donde actores racializados deben reproducir estereotipos, como en el caso de marroquíes obligados a poner “acento africano” para representar a afrodescendientes, lo que refuerza imágenes distorsionadas y problemáticas.
En definitiva, el libro se construye como un aporte importante para el análisis de las migraciones desde el cine en el contexto español. A través de la mirada de distintos autores, se abordan no solo representaciones temáticas, sino también tensiones profundas entre lo que se dice y lo que se omite; entre quién habla y quién es representado. El cine, como bien se concluye en el texto, es una herramienta de conocimiento, de crítica y de transformación, y este libro sirve como una parada en mitad del camino para reflexionar sobre ello. En ella, se puede observar qué se ha hecho hasta ahora en este joven campo de estudio; demostrar todo lo que se puede hacer y desde cuántas miradas se puede analizar el fenómeno del “cine y migraciones” en España; y alentar a seguir haciéndolo en un contexto sociopolítico donde el inmigrante sigue siendo el otro por antonomasia, con frecuencia también antagónico, pero donde el cine puede —y debe— incidir para transformar los imaginarios establecidos.