Migraciones [2026] [ISSN 2341-0833]
DOI: https://doi.org/10.14422/mig.23759.030
Cuerpos sexualizados, vidas precarizadas: historias migratorias de mujeres colombianas en España

Sexualized Bodies, Precarious Lives: Migration Stories of Colombian Women in Spain
Autores
Resumen

Este estudio explora las experiencias de inserción social y laboral de mujeres colombianas inmigrantes en España, analizando cómo influyen en sus trayectorias los procesos de sexualización y racialización. A través de un enfoque cualitativo que examina trayectorias marcadas por la intersección de ejes de exclusión, se realizó un análisis temático asistido por ATLAS.ti a partir de entrevistas semiestructuradas a trece participantes vinculadas al sector de los cuidados y a contextos de trata con fines de explotación sexual. Los hallazgos revelan que la inserción en el país de destino no es un proceso neutro, sino que está condicionado por una arquitectura de desigualdades donde el género y la condición migratoria convergen para generar nichos de servidumbre y un sistemático desclasamiento profesional. Los resultados demuestran que la lógica de colonialidad vigente instrumentaliza la vulnerabilidad de origen, traduciéndose en una segmentación laboral que funcionaliza el sistema de cuidados. Se concluye que las participantes habitan una dualidad identitaria conflictiva, donde el cuerpo se constituye como un territorio de expropiación (guerra, trabajo y sexo), pero también como el espacio fundamental de agencia y resistencia frente a la cosificación estructural.

This study explores the experiences of social and labor market integration among Colombian immigrant women in Spain, analyzing how processes of sexualization and racialization influence their trajectories. Using a qualitative approach that examines trajectories shaped by the intersection of axes of exclusion, a thematic analysis assisted by ATLAS.ti was conducted based on semi-structured interviews with thirteen participants working in the care sector and contexts of trafficking for sexual exploitation. The findings reveal that integration into the destination country is not a neutral process but is conditioned by an architecture of inequalities where gender and immigration status converge to generate niches of servitude and systematic professional declassification. The results demonstrate that the prevailing logic of coloniality exploits vulnerability stemming from the participants’ countries of origin, resulting in labor segmentation that instrumentalizes the care system. The study concludes that the participants inhabit a conflicted duality of identity, in which the body is constituted as a territory of expropriation (war, labor, and sex), but also as the fundamental space of agency and resistance against structural objectification.

Key words

Sexualización; racialización; mujer migrante; migración Colombia-España; trata con fines de explotación sexual; trabajo de cuidados

Sexualization; racialization; migrant women; migration Colombia-Spain; trafficking for sexual exploitation; care work

Fechas
Recibido: 12/01/2026. Aceptado: 22/07/2026

1. Introducción

La presencia de mujeres colombianas en España constituye uno de los movimientos migratorios más significativos de las últimas décadas, inscrito en una historia compartida atravesada por dinámicas coloniales, desigualdades estructurales y representaciones culturales persistentes. En este entramado, el cuerpo femenino ha operado como territorio simbólico donde se proyectan imaginarios heredados de la colonialidad del poder y del género (Souto García y Perosa, 2022), que combinan jerarquías raciales con mandatos sexuales y afectivos. Estas construcciones históricas no solo han configurado la posición social de las mujeres en Colombia, sino que viajan con ellas, influyendo en la lectura que reciben en los países de destino.

La literatura sobre género y migraciones señala que las latinoamericanas suelen quedar asociadas a roles de cuidado, servicio emocional y disponibilidad sexual, relaciones que se refuerzan con estereotipos vinculados a su origen (Souto García y Perosa, 2025). De esta forma, las fronteras etnosexuales delimitan los modos en que hombres y mujeres son representados en el espacio transnacional (Korteweg y Yurdakul, 2024; Nagel, 2003). En España, estas construcciones se reactivan y condicionan su acceso al empleo, su posición social y las oportunidades de integración.

En este escenario, resulta necesario examinar cómo estos imaginarios y estructuras históricas cobran forma en las experiencias concretas de las mujeres colombianas que migran. En este sentido, este artículo aborda los procesos de sexualización y racialización de mujeres migrantes con el objetivo de analizar, desde una mirada atenta a la interseccionalidad, los roles de género y estereotipos a los que se ven expuestas las mujeres colombianas migradas a España. Desde esta óptica, se explora un fenómeno que aqueja a España como país receptor, pero que también obedece a las lógicas detrás de las migraciones internacionales sudamericanas tanto hacia este como a otros países en Latinoamérica. Se trata de un análisis que invita a reflexionar sobre dinámicas trasladables a otros contextos de recepción, aportando una aproximación cualitativa que busca enriquecer las discusiones vigentes en el campo de las migraciones internacionales.

Si bien la literatura científica ha explorado desde una perspectiva de género las experiencias migratorias y laborales de las mujeres colombianas en España (Esguerra, 2021; Tapia y González, 2013; entre otros), existe un espacio de análisis idóneo para abordar cómo las representaciones sexorraciales, los imaginarios y los legados históricos de subordinación se reactivan y condicionan el acceso al empleo y sus trayectorias de inserción en destino. Este artículo pretende aportar luz en este sentido, poniendo el foco en la construcción social de sus identidades y en los modos en que su corporalidad continúa siendo interpretada, regulada y disputada en el contexto migratorio contemporáneo. De esta forma, se realiza una aproximación cualitativa que dialoga con los enfoques decoloniales y la perspectiva interseccional, permitiendo comprender de manera situada las vivencias de la mujer migrante colombiana en el espacio transnacional.

2. Marco teórico

Para comprender de manera holística los tránsitos y realidades que atraviesa la migración femenina, este andamiaje conceptual se articula en tres ejes analíticos interconectados. En primer lugar, se examina cómo la colonialidad —entendida aquí no como el periodo histórico colonial ya superado, sino como el patrón de poder que sobrevive al colonialismo— ha configurado procesos de racialización y sexualización en el contexto colombiano, predefiniendo el cuerpo femenino como un territorio de disputa a través del conflicto armado y la construcción de imaginarios en torno a la narcoestética. Posteriormente, se analiza el desplazamiento migratorio hacia España como una continuidad de estas dinámicas globales, que reactivan estigmas de alteridad y supeditan la identidad de las mujeres a mandatos transnacionales de autosacrificio. Finalmente, estas violencias se aterrizan en la materialidad del contexto receptor, explorando cómo la división sexual y colonial del trabajo constriñe sus proyectos vitales y sus procesos de integración social mediante el encapsulamiento en el sector de los cuidados o la industria del sexo. De este modo, la propuesta teórica transita de la génesis estructural en origen a la concreción de la exclusión en destino.

2.1. Colonialidad, racialización y sexualización del cuerpo femenino

La experiencia migratoria de las mujeres colombianas no puede comprenderse sin atender a las estructuras históricas de racialización y sexualización que emergen desde la colonialidad (Souto García y Perosa, 2022). El concepto de raza, usado como herramienta de clasificación (Quijano, 2020), produjo formas duraderas de opresión que articularon un control político y simbólico del cuerpo femenino (Espinoza, 2004; Carosio, 2020). Las violencias coloniales naturalizaron la desigualdad, erotizando el cuerpo racializado bajo significados de disponibilidad y salvajismo (Hernández Martínez y Vilanova Becker, 2022; Viveros, 2009). Estas lógicas persisten en la contemporaneidad, donde la discriminación sexorracial continúa afectando especialmente a las mujeres situadas en los márgenes sociales (Bard y Artazo, 2017; Mancilla, 2022; Souto García y Perosa, 2025).

La historia reciente de Colombia refuerza este legado a través de una dualidad simbólica: el estigma de ser la “cuna del mal” frente al de ser el “país de la belleza” (Tocancipá, 2015; Dhondt, 2020). En este contexto, el conflicto armado colombiano, activo desde hace seis décadas, consolidó el uso de la violencia sexual como estrategia de control social (Tibaduiza, 2017), mientras que el boom de la narcocultura surgido en los años sesenta introdujo un cambio cultural que se extendió prontamente por todo el territorio. Este impuso un estilo de vida exuberante y una exigente estética femenina donde el cuerpo se convierte en capital de ascenso social. Esta narcoestética, que se solapa con la cultura popular a través de la música, los estilos y el dialecto, celebra un modelo donde el crimen en los hombres y el cuerpo en las mujeres se plantean como vías válidas para escapar de la pobreza (Rincón, 2009). Estos relatos se consolidan como poderosos imaginarios socioculturales que, interiorizados en origen, operan como marcos referenciales normativos.

Ante la falta de oportunidades y la precariedad económica, la belleza —entendida como recurso de salvación— ofrece a las mujeres de sectores populares una vía para existir y negociar su posición en una sociedad que las cosifica (Rincón, 2009; Vega, 2018). Así, la construcción del cuerpo como mercancía —desde los reinados hasta la industria del sexo (Cortés et al., 2009)— configura estereotipos e imaginarios estéticos que acompañan a las mujeres incluso en sus trayectorias migratorias.

2.2. Migración femenina y continuidad del orden colonial

Las dinámicas migratorias desde Colombia hacia España, intensificadas desde finales del siglo XX, se insertan en este entramado de desigualdades. La feminización del flujo migratorio ha sido ampliamente documentada (Actis, 2009; Hernández, 2014), destacándose la presencia de mujeres jóvenes, madres y responsables de redes familiares transnacionales cuya supervivencia depende de las remesas enviadas (Souto García y Ambort, 2022). La necesidad económica, la maternidad temprana y la monoparentalidad, en un contexto de ausencia de compromiso masculino, actúan como motores de este desplazamiento (Cortés et al., 2009; Ruiz, 2020). Estas mujeres llegan a España con un mandato de sacrificio inscrito en su socialización de género y en la narrativa de responsabilidad familiar (Hernández, 2014; Souto García y Ambort, 2022; Souto García y Perosa, 2025). Esta subjetividad e identidad migrante está atravesada por un pasado de violencia estructural donde el cuerpo-territorio ha cargado con el peso de los conflictos internos, forjando una resiliencia que a menudo se traduce en la aceptación de condiciones laborales abusivas en destino (Tibaduiza, 2017).

Una vez en España, los cuerpos migrantes se leen bajo códigos herederos de la matriz colonial que activan marcadores de alteridad como el acento, el fenotipo o la performatividad (Mansilla e Imilán, 2018). Al emigrar a territorio europeo, la población mestiza es automáticamente desposeída de sus ventajas relativas en origen para formar parte de la alteridad racializada (Hernández Martínez y Vilanova Becker, 2022; Mancilla, 2022). Tales marcas simbólicas refuerzan la racialización del origen nacional, donde el estigma asociado históricamente al narcotráfico y la violencia en Colombia se cruza con la exotización del cuerpo femenino dentro del imaginario receptor (Ruiz, 2020).

Esta lectura externa proyecta sobre las mujeres una mezcla de sospecha y disponibilidad sexual que justifica su concentración en los nichos laborales más precarizados. La estructura moderna/colonial de género (Lugones, 2007) continúa asignándoles posiciones subordinadas en el mercado laboral español, donde raza, género y clase se entrelazan desde una matriz interseccional para delimitar su movilidad social (Meneses y García, 2025; Souto García y Ambort, 2022; Souto García y Perosa, 2025; Tapia Ladino y González Torralbo, 2013). Además, la hipersexualidad y docilidad que se imputa a colombianas en los países ibéricos las vuelve atractivas a ojos de los varones locales, lo que hace que proliferen los matrimonios mixtos en destino (Souto García y Perosa, 2025), operando como una manifestación de la política de fronterización etnosexual contemporánea (Korteweg y Yurdakul, 2024).

2.3. División sexual-colonial del trabajo y explotación sexual en destino

El servicio doméstico y los cuidados representan la principal puerta de entrada laboral para las mujeres colombianas, en contextos marcados por irregularidad jurídica, informalidad y altos niveles de sobrecarga (Actis, 2009; Hernández, 2014; Meneses y García, 2025). Este trabajo, socialmente desvalorizado, supone una intensa dimensión emocional y ética (García-Calvente et al., 2004) que impacta su salud física y psicológica. La “fuga de cuidados” señalada en la literatura expone cómo las responsabilidades domésticas se trasladan desde mujeres españolas a mujeres migrantes bajo relaciones profundamente asimétricas (Hochschild, 2000; Souto García y Perosa, 2025; Torrens, 2012).

De forma simultánea, la sexualización del origen nacional facilita la inserción de algunas mujeres en el sector del ocio nocturno, la estética o la restauración (Souto García y Ambort, 2022), así como en la industria del sexo, donde la racialización erotizada se convierte en capital simbólico comerciable (Meneses y García, 2025). En el mercado del sexo los países del continente latinoamericano cobran especial relevancia como áreas geográficas de exportación en las que no solo se trasladan mujeres, sino también estereotipos raciales y sexuales (Gutiérrez-Rodríguez, 2013; Hernández Martínez y Vilanova Becker, 2022; Hurtado, 2018).

La inserción en el trabajo sexual autónomo se produce a menudo como una estrategia frente a la falta de alternativas en el mercado formal. Por otro lado, la trata de personas con fines de explotación sexual representa la manifestación más extrema de esta violencia estructural. Ambos fenómenos, aunque diferenciados en términos de agencia y legalidad, sitúan a las mujeres en un contexto de vulnerabilidad y estigmatización social que genera profundos impactos psicológicos, aislamiento y daños en la construcción de su identidad (Meneses, 2007).

En conjunto, estas trayectorias revelan la persistencia de un orden colonial que continúa organizando los cuerpos, los trabajos y las posibilidades de vida de las mujeres colombianas migrantes (Souto García y Perosa, 2022, 2025).

3. Metodología

La investigación se desarrolló mediante un diseño cualitativo de enfoque fenomenológico, orientado a comprender los significados que las mujeres colombianas atribuyen a sus experiencias migratorias en España. Bajo esta perspectiva, el estudio se centra en los relatos en primera persona y en la forma en que las participantes interpretan fenómenos como la racialización y la sexualización en su vida cotidiana. Este proceso es entendido como un trabajo paralelo de comprensión e interpretación de las experiencias individuales cuyos contextos compartidos rearticulan subjetividades (Schutz y Prieto, 1993). En este sentido, se asume a las participantes como agentes constructoras de significado capaces de interpretar sus propias condiciones de vida y dar sentido a sus experiencias (Mieles et al., 2012).

Se realizaron 13 entrevistas semiestructuradas, anónimas y en profundidad, dirigidas a mujeres colombianas, mayores de 18 años, que se identificaban como mujeres y que contaban con una estancia mínima de 1 año en España, con el fin de asegurar un periodo suficiente de adaptación y reflexión comparativa. El estudio se localizó geográficamente en Málaga, ciudad de residencia de todas las entrevistadas al momento de la investigación. Como criterios de homogeneidad se consideró que la migración estuviera motivada por razones laborales, académicas o vinculadas a la mejora de la calidad de vida. La mayoría de las participantes se desempeñaba en el sector del servicio doméstico y los cuidados. Por su parte, tres de las entrevistadas compartían un historial de captación por redes de trata con fines de explotación sexual, aunque presentaban trayectorias posteriores heterogéneas en el contexto receptor, abarcando desde el rescate temprano hasta la permanencia o tránsito en entornos de comercio sexual bajo distintas condiciones.

A continuación, en la siguiente tabla se recogen las principales características de las mujeres participantes en el estudio. Se ha introducido un nombre anonimizado a las entrevistadas con el objetivo de humanizar y politizar sus vivencias y reflexiones.

Tabla 1. Perfil de las entrevistadas
SeudónimoCiudad de origenFecha de llegadaEdadNivel educativoEstado civilPerfil ocupacional en origenPerfil ocupacional en destinoSituación administrativaN.º de hijos/as
[Luisa]Bogotá, Cundinamarca201623Grado UniversitarioSolteraSin experiencia laboral previa (estudiante)Misionera de entidad religiosaNacionalidad españolaSin hijos/as
[Fernanda]Medellín, Antioquia202141BachilleratoSolteraAuxiliar de diseñoTaller de coches (trabajo en economía sumergida)Solicitante de asilo1 hija
[Milena]Bogotá, Cundinamarca202228Grado SuperiorSolteraAuxiliar de enfermeríaCuidado de personas mayores (trabajo en economía sumergida)Solicitante de asilo1 hija
[Luz]Palmira, Valle del Cauca199367BachilleratoCasadaComercio y emprendimiento independienteCuidado de personas mayores (trabajo en economía sumergida)Nacionalidad española3 hijos
[Claudia]Ansermanuevo, Valle del Cauca200154BachilleratoSolteraComercio y emprendimiento independienteCuidado de personas mayoresNacionalidad españolaSin hijos/as
[Diana]Puerto Berrío, Antioquia201939BachillerCasadaEsteticista y comercio minoristaCuidado de personas mayores / Manicurista (trabajo en economía sumergida)Permiso de residencia1 hijo y 1 hija
[Daniela]Bucaramanga, Santander199547Grado universitarioCasadaSin experiencia laboral previa (estudiante)Promotora comercialNacionalidad española1 hijo
[Gloria]Cali, Valle del Cauca200761PrimariaCasadaSastrería y confección textilLimpiadora informal (trabajo en economía sumergida)Nacionalidad española2 hijas y 1 hijo
[Marcela]Bogotá, Cundinamarca202246Grado SuperiorDivorciadaSecretaria técnica, gestión administrativaCuidado de personas mayores (trabajo en economía sumergida)Solicitante de asilo1 hija y 1 hijo
[Martha]Llanos orientales, Orinoquía201955BachilleratoCasadaCuidado de personas mayoresDesempleadaPermiso de residencia2 hijas y 1 hijo
[María]Valledupar, Cesar202229BachilleratoSolteraEmpleo informal en servicios y hosteleríaCamarera de pisoProtección internacional para víctimas de trata3 hijos
[Leidy]Bogotá, Cundinamarca201939PrimariaSolteraComercio minorista y distribución textilCuidado personas mayores/trabajadora sexualProtección internacional para víctimas de trataSin hijos/as
[Juliana]Villavicencio, Meta202232Grado UniversitarioSolteraAuxiliar administrativa y atención al clienteCuidado de personas mayoresProtección internacional para víctimas de trataSin hijos/as
Fuente: elaboración propia a partir de las entrevistas en profundidad

Respecto al procedimiento, las entrevistas tuvieron una duración aproximada de una hora, se realizaron de manera anónima y constaron de treinta preguntas divididas en cuatro líneas temáticas (ver más abajo). Al tratarse de entrevistas semiestructuradas, algunas de las preguntas sufrieron variaciones o ampliaciones dependiendo del rumbo que tomara el diálogo o la necesidad de profundizar en determinadas temáticas. Se llevaron a cabo en el transcurso de un mes y medio, específicamente entre el 23 de marzo y el 19 de mayo de 2025. Estas se realizaron en ambientes elegidos por las propias participantes (como sus casas o lugares de trabajo), facilitando así un ambiente cómodo y seguro en el que pudieran expresarse libremente. Para contactar con las participantes se utilizó principalmente la técnica bola de nieve y la interlocución con entidades sociales. Respecto a las consideraciones éticas, se estableció un protocolo previo al inicio de las entrevistas en el que se solicitaba la lectura y firma del consentimiento informado. Dicho documento especificaba los derechos de las participantes y la confidencialidad de los datos personales, además, se proporcionaba de manera oral una explicación breve de los fines de la investigación y se resolvían posibles dudas.

Las entrevistas fueron grabadas y transcritas íntegramente. El análisis se llevó a cabo mediante el software de datos cualitativos ATLAS.ti (Versión 9), siguiendo un procedimiento estructurado en varias fases. En primer lugar, se realizó una codificación inicial que combinó la lectura comprensiva con la detección de recurrencias mediante análisis de frecuencias, obteniéndose 32 códigos preliminares. Estos códigos permitieron organizar la información en categorías descriptivas y generar una primera aproximación a los patrones narrativos.

Tabla 2. Resumen de líneas temáticas de la entrevista

Trayectoria

migratoria

Socialización en origen

y roles de género

Proceso de integración

y situación laboral

Autopercepción

identitaria

Preguntas relacionadas con las condiciones de vida en origen, las motivaciones de la emigración forzada y la violencia estructural que fractura el arraigo territorial.Preguntas alusivas a los roles aprendidos en origen, analizando la responsabilidad familiar, la obligación moral de la remesa y los reflejos de autosacrificio.Preguntas dirigidas a la experiencia de inserción en España, abordando la segmentación laboral, los procesos de racialización y el estatus social en destino.Preguntas orientadas a la autopercepción de su identidad, explorando la performatividad estética, la posible fetichización del cuerpo y expectativas de futuro.
Fuente: elaboración propia a partir de las entrevistas en profundidad

Posteriormente se desarrolló una segunda fase de codificación temática, más interpretativa, orientada a identificar convergencias experienciales y significados latentes. Este procedimiento dio lugar a cuatro temáticas principales que reflejan dimensiones centrales de las experiencias migratorias reportadas. La elaboración de estas temáticas integró simultáneamente el análisis inductivo de los datos y la articulación con la literatura existente, permitiendo detectar cómo los discursos y vivencias de las participantes se relacionan con procesos de racialización, sexualización, desigualdad estructural y división colonial del trabajo.

Finalmente, se llevó a cabo una fase interpretativa en la que se examinaron los vínculos entre las categorías emergentes y los procesos sociales que atraviesan la vida de las participantes. Este paso permitió conectar sus relatos con los postulados teóricos, identificar tensiones identitarias y reconstruir de forma relacional los efectos que la racialización y la etnosexualización ejercen sobre su integración social y laboral.

4. Resultados

La presentación de los resultados se inicia con una descripción del análisis exploratorio asistido por el software cualitativo, seguido por la estructuración de los bloques temáticos centrales:

La primera fase del análisis exploratorio consistió en la visualización y examen del Word Cloud generado por el software ATLAS.ti. Esta técnica facilitó la validación rápida de los ejes conceptuales de la investigación, confirmando la centralidad de términos como España, Colombia y mujeres. De manera significativa, se hizo evidente el protagonismo de las dimensiones trabajo (con 174 menciones) y familia (con 102 menciones), elementos que se establecieron desde esta fase como núcleos temáticos implícitos en la estructuración de las narrativas.

Figura 1. Word Cloud: representación visual en función de la frecuencia

Fuente: Elaboración propia con el uso de la herramienta Word Cloud de ATLAS.ti

A continuación, se procedió a la evaluación de la matriz de coocurrencias (tabla 3), una herramienta fundamental para identificar la interconexión entre los códigos previamente etiquetados y los patrones discursivos subyacentes. Para efectos de la claridad expositiva y la pertinencia teórica, la matriz presentada incluye una selección focalizada de códigos. Se han priorizado aquellos que, debido a su frecuencia absoluta, resultan ser fundamentales para la construcción de los bloques temáticos centrales. El examen de esta matriz revela que las categorías no se manifiestan de forma aislada, sino que establecen vínculos significativos.

Tabla 3. Matriz de coocurrencias

Autosacrificio

Gr=20

El trabajo de cuidado

Gr=24

Violencia estructural de origen

Gr=12

Explotación sexual transnacional

Gr=20

Búsqueda de libertad

Gr=20

0010

Movilidad forzada y expropiación territorial

Gr=2

0020

Hostilidad xenófoba directa

Gr=16

0100

Desclasamiento social y movilidad descendente

Gr=8

0100

Explotación laboral

Gr=3

1000

Imaginarios sociorraciales de origen

Gr=7

0010

Fetichización del cuerpo migrante

Gr=16

0006

Espiritualidad como recurso de resiliencia

Gr=7

1110

Fragilidad de las redes de apoyo masculinas

Gr=5

1000

Obligación moral y remesa

Gr=6

1000

Amenaza social y discursos de alteridad peligrosa

Gr=6

0104

Precariedad socioeconómica

Gr=6

0002

Impacto psicosocial de la precariedad

Gr=5

0300
Fuente: Elaboración propia con el uso de la herramienta de coocurrencias de ATLAS.ti

Una vez completada esta fase inicial de codificación exploratoria, se avanzó hacia la configuración de los bloques temáticos centrales. Esta estructuración se apoya en el análisis de redes de coocurrencia focalizadas, cuya utilidad reside en visibilizar la densidad y la naturaleza de las conexiones entre los códigos principales, proporcionando así el marco empírico para la interpretación de la estructura discursiva. Estos bloques representan la síntesis analítica de los discursos dominantes que emergieron a lo largo del corpus de entrevistas.

Tabla 4. Bloques temáticos
Bloque temático Dimensiones analíticasHallazgo principal sugerido

Bloque 1

Violencia estructural y la génesis del desplazamiento

Violencia estructural, economías ilícitas, violencias patriarcales, movilidad forzadaLa migración surge como una fuerza centrípeta de expulsión donde el control bélico y el despojo territorial clausuran el proyecto de vida en origen

Bloque 2

La red de interdependencia y el impacto psicosocial del sacrificio

Autosacrificio, obligación moral, fragilidad de redes masculinas, interdependencia familiarEl sacrificio se erige como eje identitario; la mujer asume el rol de proveedora ante la ausencia de corresponsabilidad masculina ("hombre ausente")

Bloque 3

Identidades racializadas: segmentación laboral y estatus social

Racialización (fenotipo), estigmatización, desclasamiento, espiritualidad (resiliencia)Los imaginarios sociorraciales y el estereotipo de "cariño y dulzura" encasillan a las mujeres en nichos de servidumbre, limitando su movilidad social

Bloque 4

Performatividad estética, fetichización y explotación sexual transnacional

Estética de género, fetichización del cuerpo, alteridad peligrosa, explotación sexualEl cuerpo se vive como capital erótico impuesto externamente (fetichización), facilitando procesos de vulnerabilización y captación por redes de trata
Fuente: Elaboración propia a partir de las entrevistas en profundidad

4.1. Bloque 1. Violencia estructural y la génesis del desplazamiento

Los resultados de la figura 2 exponen una red de causalidad donde la violencia estructural actúa como el nodo de origen que fractura el arraigo territorial. El análisis de coocurrencias revela que este fenómeno no se limita a enfrentamientos armados, sino que se articula con el control de las economías ilícitas y las violencias patriarcales, generando un estado de vulnerabilidad extrema. El mapa visual permite identificar cómo el desplazamiento y la movilidad forzada aparecen como la única respuesta ante la desposesión de los proyectos de vida. Esta configuración sugiere que la decisión de migrar está condicionada por una saturación de violencias que operan tanto en el ámbito público como en el privado, configurando una fuerza centrípeta de expulsión.

Figura 2. Representación focalizada de las coocurrencias del bloque 1

Fuente: Elaboración propia con el uso de gráficos generados por ATLAS.ti

Partiendo de esta arquitectura de relaciones, los testimonios profundizan en cómo la violencia estructural priva a las familias de esperanza, instaurando una cotidianidad gobernada por el miedo. Relatos como el de Luz reflejan este terror sistémico, donde la pérdida de control sobre el entorno inmediato fuerza huidas precipitadas:

En la zona donde yo vivía había mucho enfrentamiento entre guerrilla y tropas… Venían muchos uniformados y yo me ponía a temblar… Yo empecé con mucho miedo de ver que los niños que veía buenas personas de fincas aledañas los habían matado ¡ay, mataron a fulano, a sultano, el señor que llevaba la limpieza del acueducto, lo mataron! Mataron gente muy buena… Otras tuvieron que salir huyendo y dejar sus tierras, sus cultivos y salir… (Luz, 4 de marzo de 2025)

Esta desarticulación no solo afecta al entorno vecinal, sino que fractura el núcleo familiar. La experiencia de Marcela ilustra el trauma del desplazamiento tras la pérdida múltiple de vínculos primarios, dejando a la mujer en una situación de desamparo temprano:

En la época de los ochenta y noventa mi padre fue asesinado, mi hermano también, mi madre… En el transcurso de tres años perdí a tres miembros de mi familia. Entonces quedé sola a los 17 años, quedé con un proceso de violencia y de desplazamiento. (Marcela, 11 de marzo de 2025)

Dichas condiciones de vulnerabilidad persisten a pesar de los marcos institucionales de paz, lo que se refleja de manera tajante en la narrativa de Fernanda: “Aunque digan que hay paz es mentira”. En este escenario, la inseguridad física se entrelaza con la asfixia económica ejercida por grupos criminales mediante la extorsión sistemática —las denominadas “vacunas”—. Como explica Diana:

Cuando decidimos viajar había mucha violencia. Mi marido tenía un buen trabajo, pero tenía personas que le cobraban, lo estaban extorsionando … ya vivíamos con miedo. Es fatal porque, aunque tú no hagas nada, esto ya se sale de las manos porque empiezan a matar, que, si matan al vecino, etc., y lo hacen frente a tus ojos y eso te causa temor y ya no te deja estar tranquilo. (Diana, 5 de marzo de 2025)

Este agotamiento derivado de la inseguridad y el “rebusque” constante marca un punto de ruptura y se convierte en uno de los motores para la salida, como relata también Martha en otro punto de su discurso:

Me inventé una venta de ropa al por mayor y me iba de feria en feria a trabajar a los pueblos y vender mis cosas y me rebuscaba la vida de esa manera, no me quedaba otra … Tú tener que correr para llegar a un pueblo y encontrarte a la guerrilla que te vacuna [extorsiona]... Como me pasó en Puerto Gaitán, cuando llegué me cogieron los paramilitares, me quitaron todo el dinero que llevaba, también se llevaron y castigaron a los hombres… Tú te cansas de eso… (Martha, 13 de marzo de 2025)

Finalmente, el análisis revela que esta violencia estructural converge con lógicas patriarcales. Dentro de la narcocultura, los constructos de género exigen masculinidades de poder donde las mujeres son concebidas como propiedades vinculadas al territorio de guerra. El relato de Martha sobre su experiencia ilustra este “infierno” de control que impacta directamente en la salud mental, pero que también activa una respuesta de supervivencia:

[…] Se convirtió mi vida en un infierno y no era otra cosa que la drogadicción, no solamente consumía, sino que distribuía y vendía… Cuando lo descubrí se me amenazó diciendo que no podía dejarlo, que él pertenecía ya a un grupo y yo tenía que quedarme porque era su esposa y estaba obligada… El maltrato psicológico fue tan grande que terminé en una depresión crónica y hospitalizada. (Martha, 13 de marzo de 2025)

4.2. Bloque 2. La red de interdependencia y el impacto psicosocial del sacrificio

Los resultados de la figura 3 posicionan al autosacrificio no solo como una práctica, sino como un anclaje identitario central que articula la experiencia vital de las participantes. El análisis de coocurrencias revela que este constructo está directamente asociado a la explotación laboral y la obligación moral. El mapa visual permite identificar cómo la autodefinición de la mujer migrante se construye en una dualidad conflictiva: una estructura de entrega basada en la interdependencia familiar que actúa como motor de la migración, pero que genera una tensión constante entre el mandato de género (ser para otros) y el deseo emergente de autonomía personal (“ser para sí”).

Figura 3. Representación focalizada de las coocurrencias del bloque 2

Fuente: Elaboración propia con el uso de gráficos generados por ATLAS.ti

Partiendo de esta configuración, los testimonios permiten profundizar en cómo esta dinámica comienza con condiciones de trabajo extremas en origen, descritas como una rutina que desafía la autonomía personal:

Yo mantenía trabajando 24/7… dormir y nuevamente ir a trabajar y esa siempre ha sido mi rutina… Tú te mentalizas así, si quieres estudiar tienes que mirar cómo organizar tus tiempos… ¿Tú que piensas con ese concepto? Que no estás haciendo nada… Son cosas que lo ponen a uno a pensar ¿cuál es mi fruto? (Milena, 3 de marzo de 2025)

Esta carga se ve intensificada por la ausencia de corresponsabilidad masculina, lo que obliga a las entrevistadas a interiorizar el sostenimiento económico como una misión individual. Esta identidad de “mujer guerrera”, donde el valor personal se mide por la capacidad de resistencia, es ilustrada por Leidy:

Yo creo que toda mujer de Latinoamérica que se viene a España son mujeres de esencia como dirían aquí los españoles “con dos cojones”. Vienen a hacer lo que les toque por su familia. Aquí se viene una sola mujer de familias grandes, y se viene ella sola a reventar [fatigar con exceso de trabajo] por todos en lo que le toque. (Leidy, 13 de abril de 2025)

¿Mi papá? él vivía aquí en España y a lo mejor me mandaba 50 mil pesos cada vez que se acordaba que tenía una hija, básicamente era como que estaba, pero no estaba… En Colombia la mayoría de las familias son disfuncionales en donde siempre se queda la mujer con los niños o con la abuelita y el hombre no está en casa… van como almas libres. (Luisa, 23 de marzo de 2025)

Bajo esta estructura de interdependencia, se manifiesta una dualidad discursiva en el hecho de que el progreso colectivo depende de una postergación sistemática de los deseos propios. La mujer reconoce sus aspiraciones, pero su identidad se ve subsumida por la urgencia del núcleo familiar:

Mis hijos tienen sueños, al igual que yo, porque yo a pesar de que tengo 39 años también tengo sueños, pero ya no nos alcanza para los tres, entonces pues me toca esperar […] Pienso más en mi núcleo familiar, en avanzar yo para jalar a mi familia. (Milena, 3 de marzo de 2025)

Aunque tengamos estudios en nuestros países si nos toca venir a limpiar nos remangamos las mangas, nos arrodillamos y nos ponemos a limpiar, todo por nuestra familia, por nuestra gente… Yo he sido vendedora de seguros, taxista, repartidora, comercial de puerta fría y ahora promotora, mientras que salga la oportunidad uno se mide. (Daniela, 7 de marzo de 2025)

Mujeres que tienen sus carreras en Colombia de administrativas, enfermeras... y aquí están limpiando porque no tenían otra opción. En medio de las circunstancias trabajan y no importa si no es en lo suyo. (Gloria, 9 de marzo de 2025)

Sin embargo, frente a este mandato de entrega, emergen anhelos individuales que reclaman un espacio propio. Para algunas participantes, la migración también se convierte en la oportunidad de ejercer un “ser para sí” postergado como un acto de justicia personal:

Mi felicidad era muy grande, porque yo dije “yo merezco mucho, yo he dado y he sembrado mucho” y es hora de que yo me ocupe de mí, ya no voy a vivir para nadie más. (Martha, 13 de marzo de 2025)

Esta transición hacia la autonomía se refuerza en el modelo de red, donde la acumulación de responsabilidades y la falta de apoyo mutan en un motor de búsqueda de libertad. Para las mujeres, España representa la posibilidad de romper con el estancamiento y alcanzar una tranquilidad que les fue negada en origen. Como relata Diana:

La tranquilidad al escuchar mis cuñadas que llevaban muchos años aquí diciendo que aquí era diferente, más tranquilo… Entonces todas esas cosas me hicieron tomar la decisión de cambiar de vida. Porque yo me ponía a pensar, y pensaba en mis hijos, en la niña, en las cosas malas que se ven. Yo creía que al venirnos ellos iban a tener un mejor futuro, que vieran algo diferente. (Diana, 5 de marzo de 2025)

4.3. Bloque 3. Identidades racializadas: segmentación laboral y estatus social

Los resultados de la figura 4 ilustran cómo la integración laboral en el sector de cuidados se articula mediante una compleja red de factores estructurales y subjetivos. Se observa que los procesos de racialización, alimentados por estigmas raciales y fenotípicos, operan como un mecanismo de encapsulamiento que dirige a las participantes hacia determinados nichos laborales. Este fenómeno se ve reforzado por una socialización previa basada en el autosacrificio, donde la abnegación aprendida en origen facilita la aceptación de condiciones de precariedad en destino. Esta convergencia entre la imposición externa y la disposición interna genera un impacto psicosocial caracterizado por el desgaste emocional y el desclasamiento, aunque gestionado frecuentemente a través de la espiritualidad como estrategia de resistencia.

Figura 4. Representación focalizada de las coocurrencias del bloque 3

Fuente: Elaboración propia con el uso de gráficos generados por ATLAS.ti

Partiendo de este mapa relacional, el análisis de los testimonios permite profundizar en cómo se manifiestan estas categorías. La estigmatización vinculada a prejuicios históricos constituye una de las primeras fuentes de tensión emocional, vinculándose a la herencia de violencia en Colombia:

Cuando yo llegué hace más de 24 años sí había rechazo ¡muchísimo! Era la época de Pablo Escobar, de la guerra que vivíamos de los dos carteles de Medellín y de Cali … Bomba aquí y bomba allá, entonces en ese momento a la gente le aterrorizaba bastante contratar a alguien de Colombia. (Daniela, 7 de marzo de 2025)

No obstante, este proceso de racialización se manifiesta también en la interpretación social del cuerpo y el origen en el contexto cotidiano. Los relatos sugieren que la identidad colombiana es interpretada en la sociedad receptora bajo ciertos cánones estéticos y raciales. Cuando estas expectativas no se cumplen, surgen interacciones que revelan prejuicios subyacentes sobre el mestizaje y el nivel educativo en origen:

Cuando llegué conocí a una mujer que me dijo: ¡Ay! ¿tú eres colombiana? ... es que, con ese pelo largo, el cuerpo, el acento, todo dice que eres colombiana… lo único es tu color de piel, que no eres morena, pero sí, pareces de por allí. Eso me chocó, porque pensé: ¿entonces si no tuviese curvas y esas cosas no podría ser colombiana? (Luisa, 23 de marzo de 2025)

La mujer se queda cuajada y me dice: ¿eres colombiana? ¿luego allá no solo hay negros? Le dije: no, claro que no. La señora dice: aun así, la educación que se recibe aquí es muy buena y seguramente eso lo has aprendido aquí, y le dije: no, justamente eso lo he aprendido en Colombia. (Luisa, 23 de marzo de 2025)

Estas vivencias exponen una tendencia a invisibilizar la diversidad del país de origen, atribuyendo frecuentemente los modales o la formación a la influencia del entorno europeo. Esta diferenciación por rasgos físicos se acentúa en aquellas participantes con fenotipos más racializados, quienes reportan episodios de hostilidad directa en el espacio público que afectan su sentido de pertenencia:

Te miran como si no fueras un ser humano, muchas veces por el color de piel ya saben que no eres de aquí y entonces ya ahí empieza el racismo, ya ahí empieza que el inmigrante, que no sé qué… Una vez en un autobús le pedí permiso para pasar a una señora de unos 50 años y me dijo ¿qué te pasa? ¿es que acaso esto es tuyo? Ándate ya para tu país. (María, 22 de marzo de 2025)

Dicha segmentación se traslada al ámbito laboral, donde el sector de los cuidados aparece en la mayoría de los relatos como una de las principales vías de inserción inicial. Para varias participantes, la regularización administrativa no garantiza necesariamente una movilidad social próxima, identificándose factores como la edad o la procedencia como elementos que dificultan el acceso a otros sectores:

Cuando escuché que los inmigrantes tienen las mismas oportunidades y derechos que un español eso me llenó de muchísima ilusión. Me metí a diferentes asociaciones, me involucré e hice muchos cursos y actividades... Antes se me decía que no tenía la oportunidad de trabajar legalmente porque no tenía los papeles en regla, y ahora que los tengo porque tengo 55 años, entonces más claro no puede ser... ya estoy buscando otra vez volver a ser interna porque no se me da otra oportunidad. (Martha, 13 de marzo de 2025)

Estos testimonios apuntan a una dinámica de segmentación laboral por origen en la que la nacionalidad tiende a actuar como un filtro de selección. Mientras se facilita la incorporación de mujeres colombianas a labores de servicios y cuidados, se identifican mayores barreras para el acceso a empleos administrativos o técnicos, independientemente de la cualificación previa:

Acá en España si usted no tiene papeles se dedica a cuidar adultos mayores, y si usted tiene papeles se dedica a lo mismo... porque si hay un puesto para una oficina y hay 6 españolas y 4 colombianas les darán el trabajo a las españolas. Mientras que haciendo limpieza funciona al revés, les darán el trabajo a las colombianas antes que a las españolas. (Marcela, 11 de marzo de 2025)

Como se observa en el relato de Juliana, este fenómeno de desclasamiento y la consecuente devaluación de las trayectorias profesionales previas generan un desgaste psicológico relevante, al verse obligadas a abandonar identidades laborales consolidadas en origen: “Siempre trabajé en oficinas, como auxiliar administrativo, entonces enfrentarme a tener que hacer otro tipo de trabajos se siente difícil…” (Juliana, 19 de mayo de 2025).

Paradójicamente, la racialización también opera a través de estereotipos percibidos como positivos que justifican este nicho laboral. Los imaginarios de la mujer colombiana como sujeto predispuesto al servicio y la afectividad facilitan que sean encajadas en trayectorias de cuidados. Al respecto, Luz menciona:

Los jefes que he tenido y la gente ha dicho que somos muy cariñosas, muy dulces, porque tenemos una dulzura en la voz que encanta, un tacto para tratar a los abuelos, una entrega, se entregan mucho, son muy responsables. (Luz, 4 de marzo de 2025)

Esta “entrega” mencionada por las participantes no responde únicamente a un rasgo de carácter, sino que se vincula con la socialización previa en origen donde la recursividad y la disposición al trabajo se presentan como mecanismos de supervivencia y autonomía. Como explican otras de las entrevistadas:

Las mujeres colombianas siempre tienden a ser muy recursivas, entonces si se les ofrece un trabajo a ellas no les da pereza hacerlo, sino que dicen: “bueno vamos a hacerlo” aunque nunca lo hubieran hecho, están dispuestas a hacerlo con tal de sobrevivir, conseguir sus cosas, ser independientes. (Juliana, 19 de mayo de 2025)

La mujer colombiana es muy echada para adelante porque somos muy guerreras, porque nuestra cultura es así, ya venimos de un ambiente de trabajar como mulas… acá entonces es cuando uno piensa que nada le queda grande, porque si uno pudo allá con eso, uno puede acá con más. (Milena, 3 de marzo de 2025)

Sin embargo, en los relatos analizados, esta percepción de disposición al esfuerzo no suele traducirse en condiciones dignas, sino en patrones de precariedad y explotación laboral. La temporalidad y los horarios extensivos generan un desgaste físico y emocional que las participantes asocian a una instrumentalización de esa necesidad económica, tal como denuncian Marcela y Milena:

800 euros por trabajar 24 horas y 7 días a la semana. Yo me levanto desde las 7 y toda la noche con ella porque si se levanta 4 o 5 veces al baño me toca levantarla, acostarla, 24/7, es agotador. (Marcela, 11 de marzo de 2025)

La gente se aprovecha de la necesidad, la gente ve la necesidad, pero ¿cómo uno tiene necesidad que te toca hacer? agachar cabeza y asumirlo, entonces… Mis horarios son más de cuarenta horas, porque mi trabajo es prácticamente vivir allá ¡yo prácticamente vivo allá! (Milena, 3 de marzo de 2025)

Frente al impacto psicosocial de esta precariedad, la espiritualidad emerge como un recurso de resiliencia fundamental y un elemento transversal en el discurso. La fe permite identificar y gestionar consecuencias psicológicas recurrentes de este oficio, como la depresión y la soledad, permitiendo una resignificación de la trayectoria biográfica. Como ilustran Diana y Luisa, esta perspectiva facilita una recomposición de la identidad donde las adversidades se integran en una narrativa de fortalecimiento personal:

Entré muchas veces en depresión, porque verte encerrada en un lugar donde no estás acostumbrada... Yo cuando le pedía a Dios, le decía: Señor, tú me vas a dar la fortaleza, si quisiste que pasáramos es por algo, tú me vas a dar las fuerzas, yo me pegaba a Dios cuando me sentía triste, depresiva y sola. (Diana, 5 de marzo de 2025)

[…] Ahora miro hacia atrás y veo hasta donde he llegado. Las situaciones que he pasado Dios las ha usado para mi bien … A través de mis experiencias he podido ayudar a otros en sus procesos también, otros también me han ayudado a mí […] Puedo decir que he visto la mano de Dios en mi vida durante todo este tiempo y no temo los siguientes pasos porque sé que en Él puedo confiar. (Luisa, 23 de marzo de 2025)

4.4. Bloque 4. Performatividad estética, fetichización y explotación sexual transnacional

Los resultados representados en la figura 5 revelan una red donde la performatividad estética de género y la socialización hipersexualizada se entrelazan con mecanismos de control externos. El análisis de coocurrencias muestra cómo la estética ostentosa, asumida inicialmente como un símbolo de identidad, es reinterpretada por la sociedad receptora mediante la fetichización del cuerpo migrante. Este proceso alimenta discursos de alteridad peligrosa y estigmas raciales que, en última instancia, incrementan la vulnerabilidad de las mujeres. El mapa visual permite identificar que la explotación sexual transnacional se sitúa como la consecuencia extrema de esta red, instrumentalizando tanto la precariedad socioeconómica como la violencia estructural de origen para captar y subordinar a las víctimas.

Figura 5. Representación focalizada de las coocurrencias del bloque 4

Fuente: Elaboración propia con el uso de gráficos generados por ATLAS.ti

Partiendo de esta configuración, se observa que la belleza se erige como un símbolo de identidad y resistencia cultural; la ostentosidad y la vanidad son descritas como atributos distintivos asumidos con orgullo. Claudia y Luz describen esta performance:

Pues como mujer colombiana la descripción que puedo dar es sobre todo la misma elegancia, el saber salir a una calle, el saber combinar un vestido con todos los demás accesorios que requiere. De pies a cabeza siempre mirando mucho por el tema de su cabello, sus uñas, un buen maquillaje. (Claudia, 4 de marzo de 2025)

Yo siempre he sido un poco presumida, me ha gustado vestir bien, a la moda y todas esas cosas, creo que sigo mi misma línea… Yo cuando llegué aquí notaba que nadie se pintaba las uñas, las colombianas hemos integrado alegría y belleza, somos muy presumidas, nos gusta estar bien arregladas. (Luz, 4 de marzo de 2025)

No obstante, esta estética propia se encuentra con la fetichización por parte de la sociedad receptora. Los cuerpos son exotizados y la alegría es reinterpretada como apertura sexual, dejando a las mujeres expuestas a una alteridad estigmatizada:

Piensan que somos un objeto sexual, solo piensan que somos prostitutas, a los hombres españoles les encantan las mujeres colombianas, no sé por qué, pero casi la mayoría que yo he escuchado dicen que, porque son de la vida alegre, son calientes, son diferentes, eso es lo que yo he escuchado… ¡Qué pesar que seamos tan maltratadas! (Fernanda, 2 de marzo de 2025)

Esta fetichización alimenta estereotipos de “mujer peligrosa” o “vividora”, generando una hostilidad que Diana y Marcela describen como una etiqueta impuesta de la que es difícil escapar:

No tenemos muy buena imagen porque dicen que venimos solamente a hacer cosas malas, a dedicarnos a la prostitución, a conseguir maridos ajenos, que somos quitamaridos ajenos [risas]. (Diana, 5 de marzo de 2025)

Nos ven como unas vividoras, trepadoras (yo lo he vivido), las españolas creen que venimos a quitarles los maridos. Colombiana es sinónimo de prostitución, de mujeres fáciles, es sinónimo de que viene por papeles con los hombres. Una mujer colombiana no puede tener un sentimiento bonito con un hombre español, están muy tachadas. Tenemos la fama de ser interesadas y mantenidas. (Marcela, 11 de marzo de 2025)

El impacto de estos imaginarios se manifiesta con crudeza en el ámbito laboral, donde la erotización de la nacionalidad en ocasiones justifica el acoso sexual. Marcela relata cómo su identidad étnica fue utilizada por un empleador para normalizar la violencia verbal y el asedio:

Con este hombre duré dos meses [como cuidadora interna], me miraba las tetas todo el tiempo. Me preguntaba si tenía novio, si no necesitaba un hombre […] Él decía: “es que ustedes son buenas para la cama, es que Colombia es prostitución, consigue un hombre que te dé dinero porque debes ser buena para la cama” […] Yo le decía que no venía a acostarme con ningún español, y decía: “¿entonces a qué vino? vaya a vestir santos”. (Marcela, 11 de marzo de 2025)

Según señala la participante Luz, las ofertas de explotación sexual dirigidas a mujeres colombianas ya eran habituales desde los años noventa. En aquel periodo, Colombia se consideraba un área geográfica estratégica para la exportación de mujeres cuyos estereotipos cumplían una función instrumental en el mercado del sexo (Hurtado, 2018).

Como consecuencia última de este proceso de vulnerabilización, la explotación sexual transnacional aparece vinculada a redes de captación que instrumentalizan la necesidad y la violencia de origen. Luz narra un intento de captación en un punto de tránsito:

Cuando yo llegué al aeropuerto llegó una chica muy elegante y me dijo: ¿quieres trabajar en mi empresa? Tengo un trabajo buenísimo… Me preguntó en que quería trabajar y le dije que cuidando o limpiando, y me respondió: ¡con eso te vas a ganar una miseria! En mi empresa te vas a ganar un montón de dinero… Yo tengo varios clubs, pues ahí toca “comerse los viejos”, y yo le dije que no. Me contestó: entonces quítale las etiquetas de Colombia a las maletas porque vendrán más colegas mías a contratarte. (Luz, 4 de marzo de 2025)

Esta realidad ha experimentado pocas variaciones estructurales. Hablando específicamente de la trata con fines de explotación sexual, resulta ineludible constatar la continua predominancia de la nacionalidad colombiana entre las víctimas. De acuerdo con el balance estadístico 2020-2024 sobre trata y explotación de seres humanos en España, emitido por el Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO,2024), las colombianas se posicionan en el primer lugar en el listado de víctimas por nacionalidad. La captación se apoya en una falsa expectativa de éxito y búsqueda de libertad, que se desvanece al llegar al destino:

Ellos me impulsaron y yo estaba segura de que era la oportunidad para ir a avanzar y de que todas las expectativas que decía la oferta eran una oportunidad que no se puede desaprovechar. (María, 22 de marzo de 2025)

Yo sabía por qué venía, pero nunca me imaginé en qué condiciones iba a estar. El sistema de trabajo es complicado, se ve mucha droga… Mi expectativa era llegar, hacer eso rápido y poderme salir y conseguir un trabajo normal, pero por tema de papeles eso era imposible […] Las condiciones de la casa a la que llegué horribles, con cucarachas, dormíamos como en hacinamiento. Trabajábamos al cincuenta por ciento con esa casa, nos daban de comida lo básico... Yo a veces solo dormía tres horas, pasaba dos o tres días de tiro largo sin poder dormir y tenía que drogarme para poder aguantar. (Leidy, 13 de abril de 2025)

Otros planes de captación se basan en ganar la confianza de las mujeres para inducirlas a una deuda por viaje y posteriormente forzarlas a la prostitución:

A este amigo lo conocí en una fiesta, se hizo mi amigo, se ganó mi confianza, fuimos amigos por seis o siete meses […] Me dijo que al cambio el dinero de este país era mucho más y así podría terminar mis estudios, que solo teníamos que venir a trabajar por dos meses, pues él conocía familias que contrataban niñeras y yo me regresaría a mi país con el dinero que había ganado… (Juliana, 19 de mayo de 2025)

Finalmente, la falta de conocimiento de las leyes y del entorno facilita la permanencia involuntaria de las víctimas dentro de los clubs. Estos grupos criminales se aprovechan de su vulnerabilidad, fomentando un discurso de temor hacia las condiciones externas. Las advertencias sobre la ausencia de oportunidades laborales y la posible detención a causa de su situación irregular facilitan la sumisión de las víctimas, quienes, ante el aislamiento forzado y la falta de redes de apoyo externas, terminan por percibir el espacio del club como el único entorno conocido y disponible dentro de su desorientación geográfico-social:

A pesar de que yo sabía que podía salir no sabía para dónde, ellos se aprovechaban de eso de alguna u otra manera, como que decían: “dejémosla que como no conoce, como no ha salido”, y yo era fiel en el sentido de que había normas como que tú no podías dar tu número a los clientes, porque de pronto uno se llevaba los clientes de la casa… Yo no conocía a nadie, pues yo decía ¿a dónde salgo? Todo eso me daba inseguridad de mí misma. (Leidy, 13 de abril de 2025)

5. Discusión

En primer lugar, el análisis de los resultados permite establecer la vulnerabilidad estructural de las participantes, clarificando la relación sujeto-espacio del cuerpo femenino dentro del territorio de conflicto. Los resultados de la figura 2 exponen que la violencia no es un evento aislado, sino un nodo de origen que fractura el proyecto de vida. Bajo esta lente, las participantes se constituyen en el ejemplo paradigmático de las dinámicas de apropiación y expropiación (Tibaduiza, 2017). Los hallazgos del trabajo de campo demuestran que esta expropiación es multidimensional: se manifiesta en la pérdida material de tierras y cultivos descrita por Luz, pero también en una expropiación de la autonomía personal. Este fenómeno se alinea con la perspectiva de Segato (2016), quien plantea la expropiación del cuerpo femenino como un mensaje pedagógico y un soporte de poder. Así, las agresiones en contextos criminales no solo dañan la integridad física, sino que buscan espectacularizar la soberanía absoluta de los actores armados sobre el territorio.

Esta convergencia de violencias se materializa con crudeza en el relato de Martha, cuya experiencia con un cónyuge vinculado al narcotráfico ilustra cómo el control territorial y el dominio patriarcal se entrelazan. En su caso, la amenaza de no poder abandonar el hogar debido a la pertenencia del marido a un grupo criminal revela que la mujer es concebida como una propiedad más dentro de la economía de guerra. El cuerpo femenino funciona como un territorio de conquista donde se extrae obediencia, confirmando que las estructuras del narcotráfico ejercen un disciplinamiento que clausura la vida en origen (Hernández, 2021).

A pesar de la diversidad de sus orígenes, las entrevistadas comparten un significado común en sus historias: la resistencia ante la desposesión absoluta. La búsqueda de libertad identificada en el análisis de coocurrencias revela que el desplazamiento no es solo una huida, sino un reflejo de agencias femeninas que ejercen como instrumentos de resistencia y resignificación (Carosio, 2020).

Más allá de la génesis del desplazamiento, emerge un segundo eje articulador centrado en el condicionamiento estructural de las identidades femeninas, donde el autosacrificio emerge como el nodo central que articula la experiencia vital (figura 3). Se observa que las funciones atribuidas a las mujeres se ejecutan de manera desproporcionada, trascendiendo la esfera del cuidado para convertirse en una obligatoriedad económico-productiva que sostiene redes familiares transnacionales. Como se deriva del análisis, el sostenimiento de los hogares colombianos recae significativamente sobre la mujer migrante, cuya remesa es el motor de supervivencia del núcleo de origen (Souto García y Ambort, 2022).

Esta dinámica se alimenta de una socialización que inscribe un mandato de sacrificio en la narrativa de responsabilidad familiar (Hernández, 2014). Los resultados muestran que la excesiva generosidad es interiorizada y asimilada como una característica identitaria; un fenómeno que Leidy describe al definir a las participantes como “mujeres de esencia” que vienen a “reventar por su familia”. Esta identidad de “mujer guerrera” o “echada para adelante” —mencionada por Milena y Daniela— funciona como una estrategia de resiliencia frente a la precariedad, pero opera al mismo tiempo como un mecanismo que estetiza el sufrimiento y legitima su sobreexplotación. Al transformarse el cansancio extremo en una marca de honor, se invisibiliza la violencia estructural que lo produce. Además, contribuye a normalizar la ausencia de compromiso masculino. Al percibirse a los hombres como sujetos carentes de competencias para la corresponsabilidad, la mujer interioriza el sostenimiento económico como una misión individual (Hernández, 2014), descargando el peso de la crisis sistémica en el esfuerzo privado femenino.

Por otro lado, mientras la migración facilita una mayor autonomía y seguridad, persiste una asimilación de roles asimétricos. La búsqueda de libertad, que motiva la salida de mujeres como Diana, coexiste con una estructura de entrega que posterga los deseos propios en favor del progreso familiar. Esta ambivalencia demuestra que el espacio migratorio no genera una emancipación automática, sino que se convierte en un escenario de negociación conflictiva. Aunque el cambio de contexto permite resquebrajar el estancamiento y ensayar el “ser para sí”, los hilos invisibles de la red transnacional siguen condicionando los proyectos vitales. En última instancia, la exaltación del autosacrificio funciona como un disciplinamiento que garantiza la red familiar a costa de una “fuga de cuidados” (Torrens, 2012), donde la mujer posterga su vida para sostener a otros.

En la misma línea, la discriminación basada en el racismo opera mediante una reclasificación de los cuerpos en el espacio receptor. Al migrar, la población mestiza experimenta una desposesión de sus ventajas relativas en origen para ser subsumida en una alteridad racializada (Mancilla, 2022). Este fenómeno, evidenciado en las interacciones sobre el “parecer colombiana” reportadas por Luisa, revela una mirada colonial que esencializa el cuerpo a través de cánones estéticos y fenotípicos específicos, negando la diversidad del sujeto y reafirmando una jerarquía social basada en la procedencia (Bard y Artazo, 2017).

Asimismo, las experiencias de hostilidad en el espacio público descritas por María demuestran que el fenotipo activa marcadores de exclusión (Bard y Artazo, 2017). Esta lógica se traslada al ámbito laboral, donde los elementos de etnia y género convergen para insertar a las mujeres en nichos de servidumbre (Lugones, 2007). Los testimonios de Marcela y Martha exponen una estratificación del mercado donde la regularización administrativa no garantiza movilidad social; por el contrario, factores como la procedencia y la edad actúan como barreras que las confina de forma persistente a la limpieza y el cuidado, nichos laboralmente precarizados y fuertemente feminizados (García-Calvente et al., 2004; Meneses y García, 2025). Esta realidad visibiliza una tensión entre la cualificación previa en origen (administrativas, enfermeras) y los empleos no cualificados disponibles en destino, donde la demanda del mercado receptor veta su capital intelectual y las desclasifica profesionalmente. En este escenario, la recursividad o polivalencia laboral de las mujeres no debe interpretarse como un rasgo de personalidad inherente, sino como una estrategia de supervivencia agencial frente a la hostilidad estructural. Esta disposición se instrumentaliza a través de los mandatos de género tradicionales de complacencia y docilidad, obligándolas a aceptar la subalternidad laboral como vía de inserción.

En última instancia, la racialización opera también a través de estereotipos positivos de dulzura y afectividad (Hernández Martínez y Vilanova Becker, 2022). Como sugiere el relato de Luz, la percepción de la mujer colombiana como un sujeto predispuesto al cariño facilita su instrumentalización en el sector de cuidados bajo condiciones de explotación (Souto García y Perosa, 2022). Ante el desgaste emocional, la soledad y la insatisfacción vital derivados de la precariedad en los cuidados (García-Calvente et al., 2004), la espiritualidad emerge como una estrategia de resistencia y autogestión. La fe, central en los discursos de Diana y Luisa, permite resignificar estas secuelas psicológicas, transformando la segregación en una narrativa de fortalecimiento y agencia moral.

Por otra parte, los estilos descritos por Claudia y Luz reflejan expresiones resignificadas de la narcoestética donde el cuerpo actúa como recurso de salvación y visibilidad frente a la precariedad (Vega, 2018; Rincón, 2009). Sin embargo, este ejercicio de subjetividad activa en el país de destino una mirada colonial que esencializa a la mujer colombiana bajo estigmas de disponibilidad sexual, transformando su visibilidad en una vulnerabilidad que en ocasiones justifica el acoso laboral, tal como reporta Marcela.

Esta mercantilización de la identidad facilita la inserción de las mujeres en la industria del sexo, donde la racialización erotizada se convierte en un capital comerciable que sostiene el orden patriarcal (Hurtado, 2018). Como denuncian Marcela y Fernanda, el estigma de “mujer fácil” trasciende lo simbólico para alimentar redes de explotación sexual transnacional. En este mercado, la búsqueda de libertad es instrumentalizada por redes de captación que, mediante deudas y engaños, anulan la autonomía de mujeres como María, Leidy y Juliana, forzándolas a una subalternidad donde el confinamiento dentro del club opera como una consecuencia directa de la desorientación y la hostilidad del entorno externo. Esta realidad estructural se confirma con los datos del CITCO (2024), donde las colombianas lideran las estadísticas de víctimas de trata en España.

6. Conclusión

Los hallazgos de esta investigación emergen desde una aproximación cualitativa sensible a la interseccionalidad, permitiendo identificar cómo se cruzan las dinámicas de género y condición migratoria en las experiencias biográficas de las trece participantes. En este entramado, la estratificación socioeconómica y los componentes raciales, asociados comúnmente a la ocupación y a los imaginarios en destino, operan de forma simultánea como dispositivos de segmentación. Por su parte, la categoría género, además de ser también determinante en el tipo de ocupación, se vincula estrechamente a la corporalidad y su objetivación, así como a los mandatos de responsabilidad familiar y autosacrificio.

Se evidencia que la migración femenina colombiana hacia España no es solo un tránsito geográfico, sino una relocalización de las lógicas de exclusión. Al explorar los procesos de inserción laboral y social en el contexto receptor, se concluye que estos se dan de forma precarizada y segmentada. El sistema receptor no genera una integración plena, sino que tiende a encapsular a la mujer en nichos de servidumbre que dependen de su procedencia y fenotipo (Esguerra, 2021; Souto García y Perosa, 2022). La regularización administrativa no rompe el techo de cristal; por el contrario, la estructura económica española funcionaliza la vulnerabilidad de origen para sostener el sistema de cuidados (Hochschild, 2000), convirtiendo la movilidad social en un estancamiento burocratizado.

Esta arquitectura de desigualdades no es fortuita, sino que se inserta en una lógica de colonialidad que permea las migraciones contemporáneas. Los resultados demuestran que esta matriz colonial actúa como un dispositivo vigente que organiza la trayectoria vital de la mujer migrante: desde la expulsión en origen por violencias estructurales, hasta una inserción en España donde se produce un sistemático desclasamiento y la invalidación de sus trayectorias profesionales previas. Así, la colonialidad deja de ser un marco histórico para convertirse en una fuerza activa que limita la autonomía de las participantes, validando que su identidad social en destino queda supeditada a su utilidad en el mercado de servicios y cuidados.

Bajo este marco, las dinámicas de poder trascienden lo laboral para ejercerse directamente sobre los cuerpos. Se concluye que los imaginarios heredados —que asocian la nacionalidad colombiana con la disponibilidad sexual o el servicio afectivo— son determinantes en la gestión de las fronteras sociales. Estos prejuicios operan como una criba de perfiles migratorios que predefine la recepción de estas mujeres, no como sujetos de derecho pleno, sino bajo las expectativas de exotización y servidumbre del contexto receptor (Gutiérrez-Rodríguez, 2013; Malheiros y Padilla, 2015; Souto García y Perosa, 2022).

Esta presión estructural no solo condiciona la inserción externa, sino que permea la dimensión identitaria, generando una tensión irresoluble entre la construcción de una identidad de resistencia y autonomía y la persistencia del autosacrificio como mandato de género. Las participantes habitan una contradicción constante donde la búsqueda de libertad coexiste con una servidumbre económica transnacional que se desplaza al ámbito privado. Así, la identidad no emerge como una categoría estática, sino como un proceso de negociación permanente donde las mujeres deben gestionar su “ser para otros” (familia y empleadores) mientras intentan reclamar un “ser para sí” que la precariedad les arrebata sistemáticamente.

En este escenario, el cuerpo se constituye como el territorio final de expropiación. El cuerpo de la migrante colombiana funciona como una frontera donde convergen tres campos de poder: el campo de guerra de su origen (Tibaduiza, 2017), el campo de trabajo de la servidumbre doméstica y el campo de sexo derivado de la fetichización nacional. Esta tríada evidencia cómo las lógicas de la colonialidad fragmentan la experiencia corporal de la mujer, transformándola en una mercancía funcional al sistema receptor.

No obstante, frente a esta lógica de cosificación, emerge la agencia como un eje transversal en las trayectorias de las entrevistadas, operando como una potencialidad promotora de resiliencia y reconstrucción de significados. A través de la espiritualidad y la resistencia moral, estas mujeres despliegan una autogestión que subvierte las lógicas de cosificación, reclamando la soberanía sobre un cuerpo que deja de ser percibido como mercancía para reafirmarse como territorio de dignidad y esperanza.

Declaración de acceso a los datos

Los datos cualitativos generados en este estudio (entrevistas autobiográficas, grabaciones, transcripciones y consentimientos informados) no pueden hacerse públicos debido a compromisos de confidencialidad adquiridos con las participantes y a las restricciones establecidas en la Ley Orgánica 15/1999 sobre la Protección de Datos de Carácter Personal.

Las entrevistas contienen información personal sensible que podría permitir la identificación indirecta de las participantes, por lo que no es posible depositarlas en un repositorio ni compartirlas con terceros.

Los datos están custodiados de forma segura por los/as investigadores/as principales y pueden facilitarse parcial y exclusivamente en forma anonimizada, previa solicitud razonada y siempre que no comprometa la privacidad de las participantes.

Referencias

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