La comprensión rigurosa del fenómeno migratorio requiere cada vez más el desarrollo de herramientas y técnicas que permitan explorar su complejidad. En este marco, las encuestas son una herramienta fundamental para la recolección de datos que permita una medición estandarizada y comparable (Barratt et al., 2024; Vickstrom y Beauchemin, 2024). Los datos provenientes de encuesta nos permiten revisar el fenómeno desde diversos ángulos en función del objeto de estudio: de las personas migrantes podemos conocer desde sus experiencias migratorias a las motivaciones, pasando por los procesos de integración y la situación socioeconómica en las que se encuentran. De las personas originarias, podemos explorar su interés por migrar, las percepciones que tienen hacia las personas migrantes o el efecto que consideran que este conjunto de población tiene sobre la comunidad o el país en el que viven. Finalmente, encuestas más sofisticadas permiten analizar el proceso migratorio en el espacio, es decir, revisar el origen, el tránsito y el destino y las diferentes experiencias, redes y relaciones que se dan en este entorno de contacto transnacional.
A pesar de la riqueza y pluralidad de conocimiento que una herramienta como la encuesta puede proveer, su aplicación al estudio de la migración plantea desafíos metodológicos sustantivos. En gran medida, estas dificultades derivan del propio objeto de estudio: las encuestas convencionales se diseñan para poblaciones relativamente estables y territorialmente delimitadas, con atributos observables y marcos muestrales definidos que permiten estimar probabilidades de inclusión comparables. La migración, en cambio, es un fenómeno dinámico (cambios en residencia y estatus), transnacional (vínculos y trayectos) y heterogéneo (múltiples perfiles y experiencias), lo que complica delimitar con precisión la población objetivo y asegurar una medición equivalente. Por ello, cuando el objeto de investigación es la población migrante, su movilidad complica la construcción de marcos muestrales. En ausencia de registros completos o actualizados aumentan los riesgos de subcobertura y de sesgo, lo que dificulta la comparación y la generalización (Beauchemin, 2015; Font y Méndez, 2013; Ghimire et al., 2017; Méndez y Font, 2013; Reichel y Morales, 2017).
Incluso cuando se logra el acceso, el trabajo de campo enfrenta barreras lingüísticas y culturales que afectan la equiparación de instrumentos o la calidad de los datos recogidos, vinculado en ocasiones a la falta de confianza generada durante la entrevista, lo que a su vez puede traducirse en tasas diferenciales de no respuesta o en errores de interpretación (Font y Méndez, 2013; Méndez y Font, 2013). Finalmente, la diversidad interna de la población migrante (por origen, estatus jurídico, tiempo de residencia, trayectorias y perfiles socioeconómicos) desafía la construcción de categorías analíticas estables y dificulta tanto el análisis de migrantes como un grupo homogéneo, como la comparabilidad entre subpoblaciones, especialmente en diseños multinacionales donde la armonización es más exigente (Bloch, 2007; Riosmena, 2016; Vickstrom y Beauchemin, 2024).
De igual forma, comparar a la población migrante con la población nacida en el país tampoco es sencillo (Barratt et al., 2024). En encuestas de población receptora, uno de los retos centrales es que las actitudes hacia la inmigración suelen ser altamente sensibles al encuadre (cómo se define migrante, si se menciona regularidad/irregularidad, origen nacional, refugiado vs. inmigrante, etc.) y a la formulación y orden de las preguntas, lo que puede producir estimaciones poco comparables entre estudios o incluso dentro del mismo cuestionario si cambian los marcos de referencia (Schuman y Presser, 1981; Hainmueller y Hopkins, 2014). A ello, se suma que parte de la opinión pública responde con baja información o con preferencias poco construidas, de modo que los resultados pueden reflejar efectos de saliencia y contexto más que de actitudes estructuradas (Converse, 1964; Hopkins, 2010).
Además, medir rechazo, xenofobia o preferencias restrictivas enfrenta el problema clásico de la deseabilidad social: cuando un juicio negativo es normativamente sancionable, las personas tienden a suavizar respuestas en ítems directos, especialmente en entrevistas cara a cara o cuando perciben que están siendo evaluados o juzgados. Esto sesga a la baja el nivel de rechazo declarado y dificulta comparar países con normas sociales distintas sobre lo aceptable en el discurso público (Krumpal, 2013; Janus, 2010). En respuesta a ello, la literatura recomienda diseños que reduzcan presión y permitan captar preferencias latentes. Algunos ejemplos son el uso de técnicas indirectas o experimentos de viñetas y conjoint que descomponen la evaluación de perfiles migrantes y reducen el sesgo de deseabilidad social (Bansak et al., 2016; Hainmueller y Hopkins, 2014).
A pesar de todas estas dificultades, el estudio de las migraciones a través de encuestas se ha expandido en las últimas dos décadas, especialmente en el Norte Global (Barratt et al., 2024; Vickstrom y Beauchemin, 2024). Este auge responde, en primer lugar, a condiciones estructurales que facilitan la producción de datos: países con larga tradición migratoria y con stocks de población extranjera relativamente consolidados han acumulado capacidad institucional para estudiar el fenómeno (infraestructura estadística, registros administrativos más completos, marcos muestrales más robustos, etc.). Esto ha facilitado incorporar a la población migrante en diseños probabilísticos, lo que permite a su vez comparaciones sistemáticas a lo largo del tiempo (Beauchemin, 2015; Reichel y Morales, 2017). En segundo lugar, la migración se ha convertido en un asunto politizado y central para la gobernanza migratoria en todas sus variantes, lo que ha incentivado una financiación sostenida por parte de los diferentes niveles de gobierno, así como por fundaciones u organizaciones internacionales. En este sentido, estos dos incentivos han impulsado evidencia cuantitativa útil tanto para ampliar el conocimiento como para informar acciones y políticas de gestión del fenómeno (Hainmueller y Hopkins, 2014; Hopkins, 2010).
En este contexto, se han consolidado al menos tres vías de expansión: en primer lugar, encuestas sociales generalistas que han normalizado módulos sobre inmigración y actitudes o que han incorporado personas de origen extranjero en la muestra general como, por ejemplo, la European Social Survey (ESS)1. Segundo, encuestas longitudinales con sobre muestreos o boost samples para captar minorías y población nacida en el extranjero (por ejemplo, UK Household Longitudinal Study / Understanding Society)2. Tercero, instrumentos especializados de gran desarrollo metodológico, normalmente multisituado, centrados en trayectorias migratorias, cambio en el estatus jurídico, redes y vínculos transnacionales, integración, etc. (por ejemplo, como hacen el Mesoamerican Migration Project (MMP) y el Latin American Migration Project (LAMP)3 o el Migrations between Africa and Europe Project (MAFE)4.
En contraste, con la evolución y el desarrollo en el Norte Global, en otras regiones del mundo, como en América Latina, la disponibilidad de encuestas comparables y con cobertura suficiente para analizar tanto a la población migrante como las actitudes y percepciones de las poblaciones nacionales hacia la migración es desigual. Esto refleja, en buena medida, el rápido cambio en los patrones migratorios en las últimas décadas, sumado a límites persistentes de capacidad institucional e infraestructuras. A partir de este diagnóstico, la siguiente sección presenta un mapa de la literatura survey based disponible, organizado en tres ejes: actitudes, encuestas a población migrante e intenciones de movilidad.
América Latina ha transitado de ser una región principalmente emisora de migrantes hacia Estados Unidos y Europa, a convertirse en un espacio de migración intrarregional compleja, caracterizada por nuevos corredores migratorios y diversificación de perfiles sociodemográficos (Durand y Massey, 2010; Cecchini y Martínez Pizarro, 2023). No son pocos los estudios que confirman el gran cambio que se ha producido en el continente en cuanto al fenómeno migratorio, pero el escaso desarrollo que se ha producido en la recogida de datos y en el análisis de estos (Cervantes-Macías, 2022). A pesar de ello, no hay duda de que la generación de encuestas en torno al fenómeno migratorio ha experimentado un crecimiento en las últimas dos décadas y, con ello, el número de investigaciones y publicaciones que hacen uso de los datos generados.
Pero, ¿cuáles son estos estudios?, ¿qué temas tratan?, ¿qué encuestas utilizan? Para responder a estas preguntas, presentamos un análisis de las publicaciones académicas (dejando fuera informes, estudios institucionales y estudios globales en los que aparece América Latina como región de análisis de forma comparada) que toman como base encuestas para analizar el fenómeno migratorio en la región. A continuación, se recogen aquellas publicaciones identificadas en las principales bases de datos académicas y con palabras clave. Si bien este análisis ha tratado de ser exhaustivo reconocemos que alguna publicación académica pudo quedar fuera. En total se han identificado 79 publicaciones académicas que toman como base encuestas de diferentes niveles y características5. Los estudios analizados se organizan en tres categorías según el objeto de estudio: actitudes y percepciones hacia la migración y las personas migrantes; experiencias/condiciones de integración y trayectorias de la población migrante; e intenciones y proyectos de movilidad6. Este análisis diferenciado nos permitirá identificar fortalezas y oportunidades en la investigación migratoria basada en encuestas en América Latina e identificar la contribución de los artículos que este dossier especial incluye.
El papel de las encuestas en el análisis de las percepciones hacia la población migrante en América Latina se ha vuelto una herramienta especialmente útil para medir de forma comparable y sistemática. En este primer bloque, lo que estas investigaciones están midiendo, en tanto las encuestas en América Latina así lo permiten, no es solo la actitud general, a favor o en contra de la inmigración, sino un conjunto de componentes que suelen combinarse: evaluaciones generales del fenómeno migratorio, de los inmigrantes como grupo o de las diferentes nacionalidades; prejuicio y xenofobia (incluyendo estereotipos y estigmatización); percepciones de amenaza (económica, cultural y, cada vez más, vinculada a seguridad y crimen); emociones (miedo, ira, empatía); y su traducción en apoyo a políticas. Al mismo tiempo, las publicaciones basadas en encuestas en la región permiten revisar mecanismos explicativos como el contacto intergrupal, la confianza social, la ideología política o la cohesión social. En consecuencia, las investigaciones realizadas no solo describen niveles de rechazo/aceptación, sino que intentan explicar por qué varían, cuándo se activan, y con qué efectos políticos y distributivos, por ejemplo, en el apoyo a políticas (Meseguer y Kemmerling, 2018; Martínez-Correa et al., 2022; Lerner Puyó y Cueto Saldívar, 2025; Umpierrez de Reguero et al., 2023).
Dicho esto, las investigaciones que usan encuestas para analizar las actitudes hacia la inmigración suponen, con diferencia, el mayor número de estudios que se realizan en la región que toman como base encuestas para estudiar el fenómeno migratorio. De un total de 79 documentos revisados, 39 son publicaciones sobre actitudes hacia la población migrante. Esta concentración de análisis en este área podría explicarse por dos motivos: por un lado, la influencia del norte global y la reproducción de cánones disciplinarios y temáticos sobre qué temas publicar; lo que podría revisarse como la imposición de dinámicas coloniales académicas7. Por otro lado, la urgencia empírica de comprender las actitudes de sociedades receptoras ante flujos migratorios sin precedentes, particularmente la migración venezolana, que reconfigura en pocos años países de origen, tránsito y destino, al mismo tiempo que ha conseguido tensionar las arenas sociales y políticas (Alizadeh Afrouzi, 2024; Lebow et al., 2024; Duche-Pérez et al., 2023; Gómez Robinson y Espinosa, 2021).
Un análisis de la evolución temporal de las publicaciones da buena cuenta de ello: mientras que una parte de la literatura previa se enfocaba en actitudes hacia la inmigración en términos más generales o en dinámicas bilaterales históricas (por ejemplo, Ecuador o Chile en momentos en que la inmigración todavía no era un tema central de agenda) (Orcés, 2009), desde mediados de la década de 2010 y, sobre todo, tras 2015, crece la producción que toma como objeto explícito la migración venezolana y sus efectos en Colombia o Perú (Holland et al., 2024; Blouin y Zamora Gómez, 2022; Gómez Robinson y Espinosa, 2021). Se produce, así, una respuesta al desplazamiento de 8 millones de venezolanos, de los que 7 se encuentran en la región (UNHCR, 2025). De igual forma, encontramos cómo los estudios sofistican los análisis para poder captar los efectos de la exposición a población migrante y qué explican los cambios actitudinales (Lebow et al., 2024; Vega-Méndez y Visconti, 2021; Zhou et al., 2025). También comienzan a aparecer trabajos que conectan ideología y apoyo a migrantes en coyunturas polarizadas (Holland et al., 2024) y análisis más específicos sobre el rol de la educación (Velásquez, 2024), sobre cohesión social y cambios en el tiempo en contextos excepcionales como la pandemia (Castillo et al., 2023); e incluso sobre las personas retornadas (Maldonado Hernández et al., 2020).
En términos geográficos, buena parte de las investigaciones se concentra en países concretos, con un peso notable de Chile, Colombia, Perú, Ecuador, México y Brasil, y una presencia menor de Argentina y Costa Rica (Espinoza Bianchini et al., 2022; Lawrence, 2015; Alizadeh Afrouzi, 2024; Lerner Puyó y Cueto Saldívar, 2025; Meseguer y Maldonado, 2015; Guimarães y Fernandes, 2024; Malone, 2019). Esto no es trivial: la elección de casos suele responder tanto a la magnitud y visibilidad que tiene el flujo migratorio, como a la disponibilidad de instrumentos de medición y a las capacidades para poder levantar datos o sostener series y para realizar el análisis. Algo interesante a mencionar es cómo en países que cuentan de forma tradicional con investigaciones sobre opinión pública, el fenómeno migratorio se ha incluido de forma significativa en este subcampo. En este sentido, Chile aparece como claro ejemplo para captar el paso del análisis migratorio como tema marginal a saliente en el debate público, y para observar cambios entre olas separadas por más de una década (Espinoza Bianchini et al., 2022). De igual forma, Colombia se ha consolidado como caso central por la escala del éxodo venezolano y por la posibilidad de conectar la fuerte exposición territorial con las actitudes (Lebow et al., 2024; Vega-Méndez y Visconti, 2021).
Respecto a las nacionalidades o colectivos bajo estudio, el predominio venezolano, como ya adelantamos, es muy marcado en los últimos años, y además aparece con enfoques múltiples: xenofobia y estigmatización (Alizadeh Afrouzi, 2024; Duche-Pérez et al., 2023), amenaza y estereotipos (Gómez Robinson y Espinosa, 2021), ideología y apoyo a migrantes (Holland et al., 2024), efectos de crisis y pandemia (Zhou et al., 2025), o vínculos con políticas públicas (Lerner Puyó y Cueto Saldívar, 2025). Pero no es el único grupo. Persisten trabajos que exploran actitudes hacia inmigración intrarregional en clave Sur-Sur a través de casos históricos de movilidad como de población peruana a Chile (González et al., 2010), de nicaragüenses a Costa Rica (Malone, 2019) o de centroamericanos, entre otros grupos, a México (Sánchez-Montijano y Maldonado, 2025). Estos estudios no son los únicos, por ejemplo, encontramos investigaciones en las que se analizan prejuicios hacia la población migrante y se comparan grupos muy distintos (por ejemplo, haitianos y alemanes, además de venezolanos, en Brasil [Guimarães y Fernandes, 2024]). Esta diversidad importa porque se detecta que la disciplina empieza a alejarse de la idea del grupo migrante como categoría homogénea y se abre a revisar la presencia de diferencias y jerarquías que importan a la hora de analizar actitudes (Blouin y Zamora Gómez, 2022; Lawrence, 2015).
Finalmente, en cuanto a las bases de datos utilizadas, encontramos tres tipos. Por un lado, las publicaciones que revisan encuestas comparativas regionales, que permiten análisis multinivel y comparaciones entre países, pero que suelen imponer límites por diseño (preguntas disponibles, comparabilidad o cobertura temporal en buena medida por las divergencias de cada país: países de origen, de tránsito o destino; países con mucha migración y otros con poca; etc.). En este conjunto destacan especialmente Latinobarómetro y LAPOP/AmericasBarometer. El Latinobarómetro se usa especialmente para análisis regionales comparativos y aparece explícitamente como fuente en trabajos que sintetizan tendencias recientes de opinión pública en la región (Marroquín y Saravia, 2022). Por su parte, LAPOP/AmericasBarometer aparece como base para modelar sentimiento antiinmigrante en perspectiva regional (Meseguer y Kemmerling, 2018) y para conectar inmigración con preferencias redistributivas incluyendo datos de stocks/flujo migratorio (Martínez-Correa et al., 2022). Más recientemente, también aparecen encuestas comparativas globales para ampliar la cobertura temporal y de países, como la World Values Survey, utilizada para estudiar las percepciones durante la “crisis migratoria” (Bessen et al., 2025).
Por otro lado, se encuentran las encuestas nacionales. En algunos países, existen series relativamente estables que se vuelven básicas para las investigaciones en este campo: en Chile, por ejemplo, la Encuesta CEP aparece como insumo para comparar momentos en que la inmigración era un tema emergente a un fenómeno consolidado (Espinoza Bianchini et al., 2022) y como base para lecturas más amplias del fenómeno (González et al., 2019). En México, se utiliza, por ejemplo, la encuesta “México, las Américas y el Mundo” para explicar actitudes a inmigrantes desde claves económicas y sociales (Meseguer y Maldonado, 2015) o en contextos de crisis (Sánchez-Montijano y Maldonado, 2025).
Finalmente, junto a estas encuestas, una proporción importante de estudios, especialmente desde la psicología social o desde diseños experimentales, se apoya en recolección propia: desde muestras específicas (p. ej., profesionales de la salud en Ecuador; Dressel et al., 2020), encuestas locales en ciudades concretas (Klimenko et al., 2020), hasta diseños más sofisticados para mitigar deseabilidad social en diferentes nacionalidades (Guimarães y Fernandes, 2024) o experimentos de encuesta en línea para aislar el efecto de atributos del migrante (Lawrence, 2015). Esta estrategia muestra innovación, pero también es reflejo de una limitación estructural de la región: la falta de series comparables y sostenidas obliga a fabricar datos específicos, con consecuencias en tamaños muestrales, representatividad y capacidad de generalización, algo que las propias investigaciones discuten cada vez más al hablar de robustez o validez externa (Velásquez, 2024; Lawrence, 2015).
El uso de encuestas para estudiar a la población migrante en América Latina está buscando medir trayectorias migratorias, condiciones materiales, acceso efectivo a derechos, y experiencias de violencia y discriminación. Así, entre los principales temas trabajados entre las publicaciones revisadas, un total de 25, destacan: las condiciones de vida y vulnerabilidades socioeconómicas (incluida la inseguridad alimentaria), acceso y utilización de servicios (especialmente de salud), salud mental y estrés cultural, discriminación percibida, contexto de recepción como base para la integración, así como experiencias de violencia en el tránsito. Una primera implicación que podemos observar es que la mayoría de los estudios analizados muestran la integración como una realidad que puede observarse (si se usa o no los servicios básicos y cuáles; si existen barreras en el uso de estos servicios; si perciben encontrarse en situaciones de seguridad o no; o si han tenido alguna experiencia de discriminación y de qué tipo) y que varía por perfiles y contextos. En paralelo, al revisar realidades descriptivas vinculadas a las condiciones de vida de las personas migrantes, un importante grupo de investigaciones analizan los mecanismos explicativos asociados, entre ellos el efecto en la integración de: estatus migratorio, posición socioeconómica, género, composición del hogar o territorio de asentamiento (Cabieses et al., 2012; Hernández-Vásquez et al., 2023; Márquez-Lameda, 2022; Mougenot et al., 2021).
A pesar de esta aparente diversidad temática, lo cierto es que gran parte de la literatura analizada queda anclada al estudio de la salud, entendida de forma distinta: salud pública/epidemiología, acceso y uso de servicios de salud (incluida salud sexual y reproductiva), nutrición/inseguridad alimentaria, psicología/salud mental, etc. De hecho, 21 de las 25 referencias analizadas están centradas de forma directa o indirecta en este tema. Por ejemplo, en Chile existe una línea de investigación sostenida en el tiempo que usa encuestas de base poblacional para comparar inmigrantes y población nacida en el país en cuestiones como la discapacidad, el acceso y el uso a los servicios de salud o las brechas y las barreras a la protección social (Cabieses et al., 2012; Cabieses y Oyarte, 2020; Oyarte et al., 2022). De forma similar, en Costa Rica, el caso de migrantes nicaragüenses muestra cómo estatus y relación con el Estado condicionan trayectorias de acceso a salud, incluyendo prácticas de evitación y arreglos privados para cubrir necesidades (Fouratt y Voorend, 2019). Las otras cuatro publicaciones que se apartan de este énfasis sanitario sitúan el análisis en dimensiones sociopolíticas de la integración como: la discriminación percibida como fenómeno social (Berríos-Riquelme et al., 2023; Smith-Castro, 2010); la discriminación en el ámbito laboral (Cuberos et al., 2025); y la criminalización, sus implicaciones y el trato institucional hacia migrantes (Freier y Pérez, 2021).
Al igual que sucediera con los estudios sobre percepciones y actitudes, el giro temporal más importante surge con la expansión regional de la migración venezolana. Desde finales de la década de 2010, y con mucha más fuerza desde 2021, proliferan estudios centrados en población venezolana. Un total de 15 estudios tratan de forma directa y explícita la población venezolana, especialmente en Perú y Colombia dada la concentración de nacionales venezolanos en estos dos países. En Perú, por ejemplo, el corpus muestra la consolidación de una agenda muy definida en torno a la inseguridad alimentaria como indicador de vulnerabilidad, estimada a nivel de hogares y vinculada a determinantes socioeconómicos y condiciones migratorias (Al-kassab-Córdova et al., 2023; Hernández-Vásquez et al., 2023). De forma complementaria, la discriminación percibida aparece como mecanismo que no solo afecta al bienestar subjetivo, sino que opera como barrera concreta para el tratamiento de enfermedades crónicas y para el uso de servicios de salud (Delgado-Flores et al., 2021), además de asociarse de forma directa con salud mental (Mougenot et al., 2021). A ello, se suma una línea visible sobre salud sexual y reproductiva, centrada en mujeres migrantes: factores que predisponen el acceso, así como patrones de uso de anticonceptivos, mostrando desigualdades internas a la población migrante por género y posición socioeconómica (Márquez-Lameda, 2022; Moncada-Mapelli et al., 2024).
Además del estudio de población venezolana, los estudios que analizan a los migrantes en general, sin especificar nacionalidad, son el segundo grupo más revisado y en este caso se realiza desde Chile (Cabieses et al., 2012; Cabieses y Oyarte, 2020; Oyarte et al., 2022), lo que parece consistente con su diversidad migratoria y con la tradición del levantamiento de encuestas que hay en este país. Finalmente, cabría destacar el análisis de personas migrantes que están en movimiento. El estudio sobre migrantes en tránsito por México hacia Estados Unidos reconstruye experiencias de violencia y factores asociados en un periodo extendido (2009-2015), mostrando cómo la violencia y el riesgo que viven los migrantes es una cuestión estructural de varias de las rutas que siguen (Leyva-Flores et al., 2019).
En términos geográficos, aunque el listado incluye Chile y Costa Rica, son Perú y Colombia los dos países que concentran buena parte de las investigaciones. Esto responde tanto a la magnitud del flujo como a las capacidades para captar población migrante en encuestas con cierta robustez. En Chile, el énfasis está en contrastes inmigrantes/nativos con insumos de base poblacional y series comparables (Cabieses et al., 2012; Cabieses y Oyarte, 2020; Oyarte et al., 2022). En Perú, varios trabajos se basan en encuestas sobre hogares migrantes y permiten análisis multivariados centrados en vulnerabilidad (inseguridad alimentaria), acceso a salud y salud sexual-reproductiva (Al-kassab-Córdova et al., 2023; Moncada-Mapelli et al., 2024). En paralelo, conviven levantamientos locales que permiten entrar en territorios específicos, pero con menor capacidad de generalización: discriminación en Tarapacá, Chile, (Berríos-Riquelme et al., 2023) modos de vida en un asentamiento en Barranquilla, Colombia, (Fernández-Niño et al., 2018) o discriminación laboral en municipios concretos del norte colombiano (Cuberos et al., 2025). Entendemos que esto podría estar reproduciendo un patrón estructural en la región: donde hay encuestas nacionales capaces de identificar población migrante se consolidan líneas comparables; donde no, la evidencia depende de la capacidad local de los investigadores y, si fuera el caso, de financiamiento específico.
En cuanto a las bases de datos analizadas, en primer lugar, los estudios utilizan encuestas nacionales de base poblacional que permiten comparar inmigrantes y nacidos en el país, particularmente en Chile (Cabieses et al., 2012; Cabieses y Oyarte, 2020; Oyarte et al., 2022). En segundo lugar, se observan encuestas poblacionales específicas dirigidas a población migrante o a hogares migrantes, muy utilizadas en Perú para medir inseguridad alimentaria, discriminación, utilización de servicios y salud sexual-reproductiva (Al-kassab-Córdova et al., 2023; Hernández-Vásquez et al., 2023; Moncada-Mapelli et al., 2024). Finalmente, nos encontramos con levantamientos ad hoc y encuestas locales en regiones o ciudades concretas, que permiten captar contextos de alta vulnerabilidad o frontera, así como estudios comparados que aplican instrumentos estandarizados, en contexto de recepción y discriminación (Fernández-Niño et al., 2018; Berríos-Riquelme et al., 2023; Cuberos et al., 2025; Smith-Castro, 2010).
A pesar de la tradición emigratoria de Latinoamérica, sorprende la falta de proliferación de estudios académicos basados en encuesta que analicen este fenómeno. En esta revisión tan solo pudimos identificar 15 referencias académicas. Probablemente, y como ya comentábamos, esto refleje una combinación de varios factores, entre ellos: sesgos temáticos en agendas editoriales, limitaciones de medición y comparabilidad, y, en algunos contextos, baja priorización institucional de financiar encuestas específicas sobre intención de emigrar.
Las referencias analizadas se centran en estudiar el proceso previo (e hipotético) que lleva a plantearse la migración como estrategia vital. Estas investigaciones parecen operacionalizar la migración como una decisión que puede medirse con variables como la intención, el deseo, la aspiración o los planes, que capturan momentos diferentes. Al mismo tiempo viene vinculado con tres tipos de factores: bienestar subjetivo y expectativas de movilidad social (Cárdenas et al., 2009; Graham y Markowitz, 2011) y, en menor medida a rasgos psicológicos (Canache et al., 2013); violencia, inseguridad y miedo (Wood et al., 2018; Hiskey et al., 2018; Paredes y Navarrete, 2025), incluido el miedo derivado de la pandemia de COVID-19 (Durán, 2023); y evaluación del régimen político, la gobernanza o la ideología (Hiskey et al., 2014; Saravia y Marroquín, 2023). En términos generales, la literatura confirma que las intenciones migratorias son un objeto empírico útil para medir el papel de las presiones estructurales y de las disposiciones individuales. En cualquier caso, parte de esta literatura resalta el problema en las encuestas disponibles por posibles sesgos de selectividad y, especialmente, por las brechas entre la intención y la realización (Chort, 2014; Hamilton y Savinar, 2015).
México y Centroamérica (7 publicaciones) tienen un peso notable en las publicaciones revisadas, lo cual no sorprende por su centralidad como región histórica de origen de emigrantes, principalmente hacia Estados Unidos. De igual forma, estos países cuentan con una importante disponibilidad temporal de instrumentos que permiten medir este fenómeno. México, además, funciona como laboratorio para examinar la brecha entre la intención y la emigración efectiva (Chort, 2014; Hamilton y Savinar, 2015), así como para revisar el papel de los jóvenes en este tipo de movilidad (Nieri et al., 2012; Hoffman et al., 2015). Por su parte, Centroamérica permite revisar cuestiones vinculadas a cuestiones muy específicas como la violencia (Paredes y Navarrete, 2025) o a la crisis del COVID-19 (Durán, 2023).
Además, el corpus incluye estudios comparados dentro de la región latinoamericana que aprovechan la variación entre países para identificar patrones más generales en las aspiraciones e intenciones de emigrar. Su valor añadido es situar la decisión de emigrar en el marco de factores contextuales que aparecen de forma constante en la región y que pueden explicar la intención de migrar: vínculo entre bienestar subjetivo/satisfacción con la vida (Cárdenas et al., 2009; Graham y Markowitz, 2011); el peso de factores político-institucionales como democracia, gobernanza o desajustes ideológicos (Hiskey et al., 2014; Saravia y Marroquín, 2023); o el papel de crimen, la victimización sufrida y la percepción de inseguridad (Hiskey et al., 2018; Wood et al., 2018). Aunque no incluidos dentro del corpus de estudios analizados aquí, cabe mencionar que Latinoamérica también se incluye dentro de estudios globales, permitiendo comparar esta región con patrones globales (por ejemplo: Migali y Scipioni, 2019).
Respecto a las encuestas utilizadas, la categoría muestra una combinación de tres familias de datos. Primero, predominan las encuestas regionales comparativas, especialmente LAPOP/AmericasBarometer (Hiskey et al., 2014; Hiskey et al., 2018; Canache et al., 2013) y Latinobarómetro (Cárdenas et al., 2009; Graham y Markowitz, 2011), que permiten comparar países y revisar intenciones de emigrar incorporando determinantes de bienestar, política y seguridad, pero también rasgos individuales como la personalidad. Segundo, aparecen encuestas nacionales y paneles, muy útiles para observar la brecha entre intención y migración efectiva y discutir problemas de medición en encuestas de hogares. Un ejemplo son los trabajos basados en la Mexican Family Life Survey, un panel que permite seguimiento longitudinal de personas y hogares (Chort, 2014; Hamilton y Savinar, 2015). En tercer lugar, conviven levantamientos ad hoc/locales, sobre todo con jóvenes, que captan mecanismos psicosociales (violencia interpersonal, religiosidad, ideación suicida) vinculados a aspiraciones migratorias, aunque con posibles problemas de validez y generalización (Nieri et al., 2012; Hoffman et al., 2015).
En línea con el diagnóstico previo, esta sección monográfica parte de una premisa simple: en América Latina, las investigaciones basadas en encuesta para estudiar el fenómeno migratorio son escasas. Aunque las encuestas disponibles presentan problemas de cobertura, temporalidad o comparabilidad, las publicaciones sobre la región cubren pocos temas, pocos países y apenas comienzan a dibujar un panorama regional. Es precisamente por ello que los trabajos aquí reunidos tienen el valor de continuar explotando los datos existentes de forma creativa, en tanto que recontextualizan marcos teóricos dominantes y abren nuevas líneas de conocimiento en un campo survey based que aún se está consolidando.
En conjunto, los tres artículos dialogan con dos rasgos centrales del panorama que identificamos: primero, la fuerte concentración de la producción regional en estudios de actitudes hacia la inmigración, particularmente desde mediados de la década de 2010 con el giro hacia la migración venezolana. Segundo, la necesidad de avanzar hacia agendas que conecten la migración con contextos políticos más amplios y que van más allá de las revisiones clásicas del norte (legitimidad, cohesión, violencia, transnacionalismo) y con innovaciones de medición y estrategia analítica.
El texto de Zuleta Buschmann y Doña-Reveco se inserta de forma directa en el núcleo duro de la producción regional: las actitudes hacia la inmigración. Su contribución va más allá de describir niveles de rechazo/aceptación o de replicar correlatos conocidos, porque coloca en el centro un problema teórico-metodológico que atraviesa buena parte de la literatura en la región: las dificultades para hacer propias las teorías desarrolladas en el Norte Global. A partir del caso de la migración venezolana, y utilizando datos de la encuesta regional más revisada, Latinobarómetro 2020, para Brasil, Chile, Colombia, Ecuador y Perú el artículo evalúa la aplicabilidad condicionada de las teorías clásicas. El hallazgo principal es muy relevante para el debate regional: en contextos de alta desigualdad y capacidades estatales limitadas, las actitudes hacia la inmigración venezolana se estructuran sobre todo en torno a percepciones de competencia fiscal y distributiva y de disputa por bienes públicos, más que por amenazas culturales o incluso laborales en sentido estricto. Con ello, el artículo aporta una lectura situada que conversa con la evidencia reciente que vincula migración y percepciones materiales, pero afina el mecanismo: no se trata únicamente de competencia económica en abstracto, sino de cómo la ciudadanía interpreta la inmigración en escenarios de bienestar fragmentado y escasez institucional, donde la frontera relevante es el acceso desigual al Estado. Esta relectura permite, además, matizar el peso de atributos individuales y desplaza el foco hacia condiciones estructurales de recepción, algo especialmente pertinente para una región donde los regímenes de bienestar y la capacidad fiscal operan como limitantes centrales de la inclusión.
El segundo artículo, firmado por Umpierrez de Reguero et al., se ubica en un terreno poco transitado por la literatura global sobre migración: el vínculo entre (in)seguridad ciudadana, inmigración y apoyo a la democracia. Si bien nuestra revisión previa sobre América Latina mostraba que efectivamente son varios los artículos que toman el contexto político para analizar las actitudes o las percepciones todavía son escasos los trabajos que vinculan de manera sistemática la migración con dinámicas político-institucionales más amplias, como la confianza en las instituciones o el apoyo a la democracia. Así, este artículo avanza precisamente en ese vacío: analiza el caso ecuatoriano en el periodo 2020-2024, combinando dos tipos de fuentes que rara vez se articulan de forma sistemática en el campo regional: datos del Latinobarómetro (2020 y 2023) y encuestas online post-estratificadas (2021 y 2024). El resultado es una contribución que no solo amplía el objeto (apoyo a la democracia), sino que también muestra un modo concreto de enfrentar limitaciones de medición y de comparabilidad a través de diseños complementarios de dos encuestas. El artículo muestra que la victimización percibida tiene un impacto limitado y que orientaciones como actitudes punitivas y pluralismo se asocian positivamente con el apoyo democrático, mientras que la inmigración no presenta efectos directos significativos sobre ese apoyo, aunque sí se vincula con percepciones de (in)seguridad y con la confianza institucional. Este patrón complejiza la idea de un efecto directo y lineal de la inmigración sobre la legitimidad democrática y aporta evidencia para entender cómo se articulan estos mecanismos en contextos de fragilidad democrática.
Finalmente, el tercer artículo de Biderbost et al. desplaza el foco hacia un objeto y una población que no está presente en el panorama que revisamos: el transnacionalismo político, observado a través de una diáspora del Norte Global asentada en América Latina. En contraste con la predominancia regional de estudios sobre actitudes hacia inmigrantes dentro de la propia región y con la escasa presencia de investigaciones basadas en encuesta sobre prácticas políticas transnacionales en la región, este trabajo utiliza una encuesta internacional para analizar las competencias cívicas de suizos residentes en América Latina mediante técnicas multivariantes. Los hallazgos muestran una combinación interesante: alta disposición actitudinal a vincularse con el sistema político del país de origen, pero baja participación efectiva, y una confirmación parcial de la teoría de la exposición política (mayor residencia previa en Suiza asociada a mayores competencias). Además, el artículo propone un índice de transnacionalismo político, contribuyendo de manera explícita a la discusión sobre medición y comparabilidad a nivel global y abre una agenda comparativa sobre expatriados en distintos contextos de recepción.
En definitiva, esta sección monográfica aporta a la investigación sobre el fenómeno migratorio basada en encuestas en América Latina, pero también a nivel global, en tres dimensiones. En primer lugar, en el plano teórico, pone a prueba y recontextualiza marcos dominantes a partir de condiciones estructurales y contextuales propias de la región. En segundo lugar, en el plano sustantivo, incorpora agendas todavía poco exploradas en la literatura regional, como la importancia de los contextos de regímenes de bienestar muy limitados, el vínculo entre inmigración, (in)seguridad y apoyo a la democracia, así como el análisis de poblaciones del Norte Global afincadas en la región y sus relaciones transnacionales. Finalmente, desde el punto de vista metodológico, muestra estrategias de análisis y medición particularmente valiosas en un entorno de datos escasos y heterogéneos. Con ello, los tres artículos no solo dialogan con la literatura existente que identificamos en la sección anterior, sino que también señalan rutas concretas para la acumulación de conocimiento sobre el fenómeno migratorio y el uso de las encuestas para su estudio.
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