Migraciones [2026] [ISSN 2341-0833]
DOI: https://doi.org/10.14422/mig.24350.025
Descendientes de migrantes marroquíes en España: la emergencia de una diáspora desde el caso de la Comunidad de Madrid

Descendants of Moroccan Migrants in Spain: The Emergence of a Diaspora: The Case of the Community of Madrid
Autor
Rafael Camarero
Centre of Migration Research
University of Warsaw
E-mail: r.camarero@uw.edu.pl
ORCID: https://orcid.org/0000-0003-4789-0285
Resumen

El artículo analiza los procesos de construcción identitaria en descendientes de migrantes marroquíes en España. A partir de una metodología cualitativa basada en 17 entrevistas realizadas en la Comunidad de Madrid, la investigación examina la articulación de una “marroquinidad” posmigratoria como categoría identitaria movilizada por estas personas. Los resultados muestran que esta marroquinidad se configura en múltiples espacios de socialización —familia, comunidad, sociedad española y país de origen de los padres—, generando formas propias de identificación colectiva. El artículo sostiene que las personas descendientes de migrantes marroquíes en España protagonizan la emergencia de una diáspora, entendida como una subjetividad compartida orientada simbólicamente hacia Marruecos y socialmente situada en España. Esta investigación aporta evidencia empírica y conceptual relevante para los estudios sobre migraciones, identidad y diásporas en el contexto europeo contemporáneo.

This article analyzes processes of identity construction among descendants of Moroccan migrants in Spain. Based on a qualitative methodology and 17 interviews conducted in the Community of Madrid, the study examines the articulation of a postmigrant “Moroccanness” as an identity category mobilized by these individuals. The findings show that this Moroccanness is shaped across multiple sites of socialization—family, community, Spanish society, and the parents’ country of origin—giving rise to distinct forms of collective identification. The article argues that descendants of Moroccan migrants in Spain are participating in the emergence of a diaspora, understood as a shared subjectivity symbolically oriented toward Morocco and socially situated in Spain. This research provides significant empirical and conceptual insights into the study of migration, identity, and diasporas in the contemporary European context.

Key words

Descendientes de migrantes; migración marroquí; diáspora; marroquinidad; identidad

Migrant descendants; Moroccan migration; diaspora; Moroccanness; identity

Fechas
Recibido: 10/04/2026. Aceptado: 12/06/2026

1. Introducción

El 24 de agosto de 2017, una semana después de los atentados terroristas perpetrados en Barcelona y Cambrils, la entonces portavoz de la Fundación Ibn Battuta, Miriam Hatibi, era entrevistada en la televisión pública RTVE. Visiblemente molesta, la activista de 23 años se veía obligada a responder con contundencia a preguntas tendenciosas y cargadas de prejuicios en torno a las “segundas y terceras generaciones” y a su grado de “integración en el país”:

Hay migración y hay gente nacida aquí. Tenemos que hacer una diferencia y no podemos estar hablando de segundas y terceras generaciones [...] Yo no tengo que plantearme si me siento integrada. ¿Tú te planteas si te sientes integrada? [...] Yo nací en Barcelona y vivo en Barcelona. No he pasado por ningún proceso que me tenga que plantear mi integración. He crecido con una identidad múltiple que a veces he tenido que definir en la adolescencia, pero eso no tiene nada que ver con la integración. (Miriam Hatibi, 24 de agosto de 2017)1

Con esta entrevista, de la que muchos medios se hicieron eco por su impacto en las redes sociales (Eldiario.es, 2017, 24 de agosto; ABC, 2017, 25 de agosto), Miriam Hatibi evidenció la falta de reconocimiento y la discriminación que padece en su realidad cotidiana toda una generación de jóvenes descendientes de migrantes marroquíes, nacidos y socializados en España.

La configuración demográfica de las comunidades marroquíes en España presenta cierta especificidad con respecto a otros países europeos, siendo el momento actual especialmente pertinente para su análisis, pues es ahora, en pleno siglo XXI, cuando observamos la presencia de toda una generación adulta de descendientes de migrantes marroquíes, nacidos o socializados la mayor parte de su vida en España (Téllez Delgado & Madonia, 2018). Por otra parte, las poblaciones marroquíes en España no conviven en el territorio con otras poblaciones arabo-musulmanas de origen magrebí equiparables en número o densidad, como sucede, por ejemplo, en Francia, donde tunecinos, argelinos y marroquíes comparten experiencias similares. Esta especificidad del caso español deriva en procesos de conformación identitaria endógenos, con dinámicas propias distintas de las experimentadas por otras minorías étnicas instaladas en el país y no extrapolables a otras realidades migratorias de países vecinos.

La investigación recogida en este artículo sostiene como hipótesis de partida que los procesos de conformación identitaria observados entre personas descendientes de migrantes marroquíes en la Comunidad de Madrid se inscriben en un proceso emergente de diasporización de las poblaciones marroquíes en España. A raíz de esta hipótesis se formulan las siguientes preguntas de investigación: ¿cómo se desarrollan las relaciones de pertenencia e identificación de las personas descendientes de migrantes marroquíes con respecto al país y la cultura de origen de sus padres? ¿En qué términos construyen una marroquinidad como categoría identitaria que los (des)identifica con Marruecos y con España? Dicho de otro modo, este trabajo se pregunta si existe una intersubjetividad propia de las personas descendientes de migrantes marroquíes en España y, de ser así, cuáles son sus fundamentos y contenido. El objetivo último es validar el término diáspora como herramienta de análisis del momento actual de las poblaciones marroquíes en España.

El primer epígrafe está dedicado a las cuestiones teóricas en torno a los rasgos fundamentales de un grupo diaspórico, y a la marroquinidad como categoría identitaria contestada y negociada por las personas descendientes de migrantes marroquíes. En el segundo epígrafe se presenta la metodología empleada y, a continuación, el tercer epígrafe introduce brevemente la historia de las migraciones marroquíes en España, así como las diferencias en los procesos de construcción identitaria entre las personas migrantes y sus descendientes. El cuarto epígrafe recoge el análisis de resultados, estructurado en cuatro aspectos condicionantes de los procesos de construcción identitaria en descendientes de migrantes marroquíes en España; (1) la familia y la comunidad como espacios de socialización primaria donde aprenden a ser marroquíes; (2) su propia mirada hacia lo marroquí, basada en afectos cotidianos y en la libre elección; (3) la sociedad española como espacio generador de alteridad, y (4) Marruecos como territorio de interacción con lo marroquí y espacio productor de significados. Por último, a partir de los datos obtenidos en la Comunidad de Madrid, las conclusiones recogen el análisis del proceso de diasporización en ciernes que podrían estar experimentando en su conjunto las poblaciones marroquíes en España.

2. Marroquinidades en diáspora: cuestiones teóricas

Desde finales de los años ochenta ha habido un verdadero crecimiento exponencial del interés por las diásporas; tanto que desde entonces parte de la discusión académica gira en torno a la proliferación del término, su multiplicidad de usos y el peligro que ello conlleva con respecto a su utilidad (Goldschmidt, 2003; Brubaker, 2005; Dufoix, 2011). Su profusión se debe en parte a que el estudio de las diásporas se ha desarrollado en paralelo —y ha ido ocupando el mismo espacio— al estudio de las migraciones y de cualquier categoría o forma social fruto de estas (Brubaker, 2015).

Aunque todo ello complejiza la definición del término y dificulta su articulación como concepto, son muchos los autores referentes de los estudios de diáspora (Butler, 2001; Safran, 2004; Brubaker, 2005; Tölölyan, 2019) que coinciden en tres elementos fundamentales que caracterizan a todo grupo diaspórico: (1) la dispersión a dos o más lugares geográficos, (2) la conformación de un sesgo endogrupal y comunitario en el lugar de residencia y (3) la orientación hacia un lugar —físico o simbólico— distinto al de residencia.

Con respecto a la dispersión continuada, la historia de las migraciones marroquíes en España se suma a la trayectoria ininterrumpida de la propia migración marroquí. A lo largo de los últimos sesenta años las poblaciones marroquíes emigradas se han ido instalando principalmente en Europa occidental y, en tiempos más recientes, en Norteamérica y en los países del golfo Pérsico (Berriane, 2018).

Para analizar las otras dos características de un grupo diaspórico —la conformación de un sesgo endogrupal en España, y la orientación física y simbólica hacia Marruecos, como lugar ajeno al lugar de residencia— el uso del término marroquinidad como categoría identitaria movilizada en el seno de las poblaciones marroquíes en España responde a la utilización que hacen de él las personas informantes en esta investigación. Estas refieren de manera recurrente intensas “crisis de identidad” en su resistencia cotidiana a los discursos dicotómicos a los que se ven sometidas en su entorno, en pro de unas supuestas marroquinidad y españolidad puras.

Desde un abordaje inductivo, la fuerza analítica de la categoría marroquinidad como identidad a secas viene precisamente de su capacidad para incluir distintas formas de pensar, negociar y (re)construir las relaciones individuales de pertenencia (Yuval-Davis, 2006; Jones & Krzyżanowski, 2008; Pfaff-Czarnecka, 2011) y de (des)identificación (Hall, 1996; Brubaker & Cooper, 2000) con la cultura y el país de origen de los padres, así como la conformación de una subjetividad compartida (Laclau & Mouffe, 1987; Krause, 2018) en torno a la condición de descendientes de migrantes marroquíes en España y a su lucha por el reconocimiento (Fraser, 2000; Kleist, 2008).

3. Apuntes metodológicos

La metodología utilizada para este trabajo es cualitativa, apoyada en una serie de entrevistas semiestructuradas a descendientes de migrantes marroquíes en España. El trabajo de campo se realizó a lo largo de los años 2021 y 2022 en todo el territorio de la Comunidad de Madrid, donde se llevaron a cabo 17 entrevistas, procurando la diversidad de género de la muestra (6 hombres y 11 mujeres). Las entrevistas fueron grabadas y transcritas con el consentimiento de las personas informantes, y tuvieron lugar de manera presencial en encuentros cara a cara, con el objetivo de identificar los procesos o mecanismos a través de los cuales se articula la identidad marroquí en un contexto diaspórico, así como las estrategias de (des)identificación con el país y la cultura de origen de los progenitores. Si bien las entrevistas tuvieron lugar en la Comunidad de Madrid, cuatro de las personas entrevistadas habían nacido o estaban socializadas en otras regiones de España.

Partiendo de la observación inicial de que los individuos que participan activamente en movimientos asociativos tienden a integrar el discurso mayoritario de la colectividad, se optó por el sistema de selección muestral de “bola de nieve” y se contactó con sujetos que no pertenecieran necesariamente al tejido asociativo o militante. Ello ha permitido distinguir todos los matices de los procesos de formación de subjetividades y de (des)identificación con Marruecos a nivel individual.

En segundo lugar, tras unas primeras conversaciones prospectivas, se constató que el género está estrechamente relacionado con la manera en la que los individuos construyen sus relaciones de pertenencia con respecto a España y Marruecos. Si bien el análisis pormenorizado de estas diferencias no forma parte de esta investigación, cabría profundizar en ello en futuros trabajos.

Por último, para esta investigación solo se han tenido en cuenta las personas descendientes de padre y madre migrantes, provenientes ambos de Marruecos. Los procesos de conformación identitaria y generación de subjetividades en descendientes de parejas mixtas (Rodríguez Reche, 2025) trascienden el objetivo de este trabajo. De igual modo, la investigación no ha prestado atención al lugar de nacimiento de las personas informantes, sino al hecho de ser descendientes de migrantes, de haber sido socializadas en España y de no haber tomado en ningún caso la decisión de emigrar; es decir, aquellas personas que nacieron o acabaron en España como parte de un proyecto migratorio familiar. Muchas investigaciones centradas en descendientes de migrantes se refieren, sin embargo, a generaciones 1.0, 1.5 y 2.0 (Aparicio, 2007; Martínez Pérez et al., 2015; Herrera Cuesta, 2021) para diferenciar entre generación migrante, personas emigradas siendo menores de edad y personas descendientes de migrantes, respectivamente; una clasificación que no se ha tenido en consideración para este trabajo.

4. Las migraciones marroquíes en España y la marroquinidad migrante

Aunque la migración marroquí fue una de las primeras en llegar a España, no ha sido hasta hace algo más de treinta años cuando podemos hablar en efecto de poblaciones marroquíes asentadas en el territorio (López García, 2004). Se trata de un fenómeno relativamente reciente en comparación con el vivido en otros países del entorno y con la propia historia de las migraciones marroquíes, instaladas en países como Francia, Bélgica o Países Bajos desde los años sesenta y setenta (Berriane, 2018). Sin embargo, en este corto período de tiempo España se ha convertido en el destino principal de la emigración marroquí después de Francia (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos [OCDE], 2017), y las personas procedentes de Marruecos son a su vez la población nacional extranjera más numerosa en territorio español (Instituto Nacional de Estadística [INE], 2026).

En enero de 2025 residían en España 968 999 personas de nacionalidad marroquí, con independencia de su lugar de nacimiento (INE, 2026). La Comunidad de Madrid ocupa el quinto lugar en población marroquí, después de Cataluña, Andalucía, la Región de Murcia y la Comunidad Valenciana, respectivamente (INE, 2022). Para acceder al número de descendientes de migrantes marroquíes en España debemos, sin embargo, atender al último Censo de Población y Viviendas elaborado por el INE (2021), según el cual hay 272 118 personas nacidas en España de padre y madre nacidos en Marruecos y 80 679 personas nacidas en otro país de padre y madre nacidos en Marruecos. Tomando todo ello en consideración, y teniendo en cuenta la propia historia de la migración marroquí, podemos observar una mayoría de descendientes marroquíes nacidos en España, muy significativa en términos estadísticos, que apenas debe superar los 35 años de edad. No obstante, puede haber un número nada desdeñable de descendientes de migrantes marroquíes no nacidos en España que supere esa cifra.

Los años de consolidación de la inmigración marroquí coinciden con el cambio de paradigma en el discurso político a nivel internacional, donde, tras la lucha por los ideales característica de la Guerra Fría, emerge un nuevo paradigma de lucha entre culturas y civilizaciones, alimentado por las teorías de Huntington tras el colapso de la Unión Soviética y los posteriores atentados del 11-S en 2001 (Bravo López, 2004). Como parte de este paradigma, desde principios de siglo en las sociedades europeas se hace presente de manera creciente el discurso y la práctica islamófobos.

Gran parte de las tensiones producidas en la sociedad española por la presencia de poblaciones marroquíes se sustentan en este discurso culturalista, coexistiendo la islamofobia hegemónica a nivel global con un racismo “anti-moro” de corte mucho más autóctono y fuertemente arraigado en la sociedad española (Olmos Alcaraz, 2017). Como consecuencia, los y las descendientes de migrantes marroquíes se encuentran actualmente en un vórtice de ideas enfrentadas que no les permite asumir con facilidad ninguna de las categorías excluyentes que el discurso culturalista les proporciona.

Siguiendo la articulación de filiación y afiliación que en su momento desarrollara Said (1983 [2006]) en el ámbito de la crítica literaria y los estudios culturales, las personas emigradas de Marruecos mantienen una relación filiativa con su país de origen. Su relación de pertenencia no es objeto de un fuerte cuestionamiento interno o externo, pues aunque la filiación sea fuente recurrente de emociones y sentimientos, no puede sentirse directamente; nadie “siente” de modo inmediato la filiación a su país, sino que simplemente “es” —en este caso de Marruecos (Camarero Montesinos, 2023)—. Por el contrario, la afiliación “tiene que ver con las afinidades electivas, con los vínculos que uno elige y desarrolla por propia decisión y de una manera, si se quiere, racional, o por lo menos, consciente” (Alba Rico, 2021, p. 31).

Como se observa en este trabajo, para las personas descendientes de migrantes marroquíes se hace necesaria una cierta voluntad de pertenencia al país y la cultura de origen de sus padres que no existe per se. Esta es la diferencia sustancial entre la generación migrante y la descendiente de migrantes en cuanto a las relaciones de filiación y afiliación con Marruecos. La primera cuenta con eso que Said (1983 [2006]) llama “filiación instintiva” (p. 38), pues como decimos pertenece de hecho a Marruecos, pudiendo o no desarrollar además una relación afiliativa a posteriori. Por el contrario, la generación descendiente de migrantes, nacida y socializada fuera de Marruecos, no cuenta con ninguna relación filiativa instintiva con el país de origen de sus padres, y puede a partir de ahí construir de manera consciente y voluntaria —afiliativa— su pertenencia a Marruecos. Como se presenta en el análisis de resultados, la marroquinidad de los descendientes de migrantes marroquíes busca definir desde lo colectivo los términos de esa relación afiliativa con el fin de establecer una conexión duradera con el país y la cultura de origen de los progenitores.

5. Análisis de resultados: en busca de una marroquinidad posmigratoria

Mi tierra es esta; España, y es verdad que a partir de los 14 años, pues tienes ahí tus inquietudes, aparte de que tus padres te obligan a pensar y te obligan a convencerte de que eres marroquí. Y tu pelea interna de que “¿pero cómo voy a ser marroquí si voy a Marruecos y no entiendo?”. A ver, verbalmente me entiendo, pero culturalmente yo, personalmente, no me entendía. (E12, mujer, 38 años)

Durante el trabajo de campo se ha podido confirmar que la marroquinidad en las personas informantes actúa como proceso de construcción identitaria complejo que se desarrolla “gracias a una socialización multisituada, entre y a través (y no al margen) de los diferentes mundos simbólicos y materiales de sus vidas diarias” (Madonia, 2018, p. 130). En el caso de las personas descendientes de migrantes marroquíes en España se han podido identificar distintos espacios de socialización —mundos simbólicos y materiales— desde los que expresaban sentirse interpeladas en base a su marroquinidad. La familia y la comunidad marroquí en España constituyen los espacios principales, los fundamentos de su marroquinidad, donde aprenden qué es ser marroquíes. España, su país, y la sociedad española actúan como espacios generadores de alteridad que condicionan poderosamente sus procesos de conformación identitaria a nivel de pertenencia e identificación, y donde ensayan formas diversas de expresar y performar esta marroquinidad. En ese contexto de alteridad, la pertenencia y la identificación —la marroquinidad— se negocian, debaten y generan a través de dinámicas con la sociedad española, pero también con sus iguales. Por último, Marruecos, el país de sus progenitores, los contrapone con su propia marroquinidad diaspórica y les ofrece significados identitarios a los que potencialmente afiliarse.

El modo en que los descendientes de migrantes marroquíes entienden y viven sus vidas como sujetos concretos se desarrolla fundamentalmente en torno a estos cuatro espacios de socialización —familia, comunidad, España y Marruecos— que les otorgan una imagen real o imaginada de la cual poder reconocerse como parte —la marroquinidad— y que, como veremos, ellos y ellas negocian y reconstruyen desde lo colectivo y lo individual. A nivel externo —en relación a los procesos de reconocimiento e interpelación por parte de los demás— y a nivel interno —desde la identificación individual— se enfrentan a un mismo cuestionamiento: cómo vivir como ciudadanos y ciudadanas españolas sin renunciar al origen de sus padres, y cómo vivir su diferencia cultural respecto a la cultura dominante.

5.1. Los fundamentos: familia y comunidad

En todos los relatos y experiencias narradas por mis interlocutores aparece la familia nuclear como primer espacio de socialización en el que la cultura y la religión de origen de los padres son transmitidas, estableciendo una separación material y simbólica con respecto al contexto vivido fuera del hogar. Es en el entorno familiar donde desde edades muy tempranas se les recuerda su diferencia frente al resto de la sociedad; diferencia que pronto es percibida fundamentalmente como limitante y por ello fuente de conflicto y tensión.

Tú, desde pequeña te están diciendo “tú eres marroquí”, o sea, tú eres musulmana, tú no te juntes a lo mejor con ese tipo de gente. Porque si no, no queremos que pierdas la práctica, no queremos que no sé qué. Entonces tú ya vas como muy despacio. Tú vas en alerta siempre. (E15, mujer, 27 años)

Al igual que en muchos otros casos, en el entorno familiar se establece un diálogo y una negociación constantes entre padres e hijos, pero, en el caso de familias inmigradas procedentes de Marruecos, la cultura y la religión, y sus respectivas implicaciones en el día a día, son los elementos centrales de la negociación, pues gran parte de las restricciones que se viven en el entorno familiar se aplican precisamente apelando a la especificidad cultural y religiosa. Todo ello provoca que, en no pocas ocasiones, en ese proceso de pensarse como diferentes, se opte por una construcción identitaria reactiva a la marroquinidad vivida en el entorno familiar, donde todo aquello relacionado con la cultura de origen de los padres produzca rechazo:

Porque al final, lo que me unía a mi país de origen era todo lo negativo que a mí me estaba pasando como adolescente ¿no? O sea, no me dejaban salir porque en nombre de la religión y de la cultura, no podía salir. No me gustaba limpiar pero en nombre de la religión y de la cultura, tenía que limpiar. [...] Y todo se justificaba con eso, con lo cual yo rechazaba mi origen y he estado rechazando mi origen durante mucho tiempo. (E9, mujer, 47 años)

Por su parte, el resto de la comunidad marroquí en España se ha convertido en un espacio de negociación continua de las identidades traídas y desarrolladas por la generación migrante en torno a lo marroquí, desencadenando reacciones diversas que van desde el abandono traumático de la comunidad en términos identitarios hasta la conformación de un sesgo endogrupal propio al margen del resto; una marroquinidad movilizada por y para las personas descendientes de migrantes marroquíes. Debido también a la especificidad en torno a la que se construyen en el seno de sus familias, es precisamente dentro de la comunidad donde encuentran más facilidades para socializar con otros iguales, sobre todo en el momento en el que, pasados los años de infancia, aflora de manera más evidente esa diferencia.

No tienes las mismas condiciones que el resto de niñas o niños de otras familias, con lo cual sí, te empiezas a dar cuenta de que eres diferente y ahí es donde empiezas a buscar más ese grupo de iguales. Ese grupo de iguales es chicos y chicas que sienten y padecen lo mismo que tú. Ese es el grupo de iguales. (E9, mujer, 47 años)

Relacionarse con otros descendientes de migrantes marroquíes con los que se comparte una misma realidad en términos de especificidad y diferencia parece facilitar la tarea de construirse como individuos autónomos frente al resto de la sociedad y en el seno de la comunidad y la familia. En este sentido, se observan importantes desigualdades generacionales en cuanto a la construcción identitaria, pues los descendientes de migrantes marroquíes de mayor edad apenas pudieron tener contacto con otros iguales en sus años de juventud.

Si bien el análisis de estas desigualdades generacionales trasciende el objetivo de este artículo, baste señalar aquí que las personas informantes nacidas antes de la década de los años noventa —momento en el que se produce un incremento importante de la migración marroquí en España— remarcan en sus discursos la ausencia de otros iguales a ellos y ellas con los que compartir la especificidad inculcada dentro de casa. Esta ausencia de iguales es señalada como el principal motivo para no haber desarrollado una identidad marroquí tan fuerte como aquellos que han crecido en una comunidad ya conformada como tal.

La comunidad es referida por todos mis informantes como potencial fuente de tensiones y desencuentros, pues en su seno son frecuentes los juicios y presiones para llevar un determinado tipo de vida acorde con la tradición y la cultura marroquíes. Percibida como la extensión de la familia en el barrio y en todo el espacio público a la hora de imponer restricciones, la comunidad es descrita como un todo orgánico que obliga a los descendientes de marroquíes a llevar en muchos casos una doble vida frente a todos aquellos considerados por ellos como iguales. Aquellos y aquellas que afirman haberse alejado de las prácticas y del comportamiento que se les presupone como marroquíes, sostienen haber experimentado rechazo en el seno de la propia comunidad.

Siento que hay mucho rechazo en la comunidad. Por ejemplo, yo trabajo en ALDI ¿no? Y vienen clientes que son marroquíes, y a lo mejor yo les atiendo y hablo en dariya con ellos, y luego a lo mejor salgo en el descanso y me estoy fumando un cigarro, y me miran super mal. Incluso hubo uno que me dio una charla, [...] Y ese rechazo dificulta mucho. (E10, mujer, 22 años)

Por último, se observa una brecha de género significativa entre mis informantes que responde a una doble causa. Por un lado, las familias y la comunidad inculcan en los hijos e hijas unos roles de género muy diferenciados y desiguales que las sitúan a ellas en una posición subalterna. Como resultado, las mujeres tienden a construirse de manera mucho más reactiva a la cultura transmitida por los padres y cuestionan mucho más la tradición y los valores adscritos a la familia. A su vez, el clima hostil y restrictivo que viven en casa funciona como estímulo en los estudios, pues entienden que la única manera de escapar a los estrictos roles de género imperantes en el entorno familiar y comunitario es ascender de manera autónoma en la escala social. No quieren verse reflejadas en sus madres ni convertirse en amas de casa o depender de ningún hombre. Todo ello tiene efectos directos en la producción de una nueva marroquinidad que recae fundamentalmente sobre las mujeres. Ellas son quienes buscan y necesitan pensarse y construirse en términos identitarios desde otro lugar, si bien siempre desde la conciliación con sus familias y orígenes.

En este sentido, tanto en referencia a la familia como a la comunidad, hay una actitud generalizada de comprensión y respeto hacia la generación migrante. Los descendientes de marroquíes son conscientes del miedo que hay a que se “pierda la identidad” (E11, hombre, 39 años) debido al contacto cotidiano con un entorno y una sociedad que los mayores muchas veces no consideran que combine con los valores tradicionales marroquíes. En definitiva, los descendientes de migrantes marroquíes ven necesario revisar las categorías identitarias inculcadas por sus padres y movilizadas en el seno de la comunidad marroquí musulmana en España, y adaptarlas a su propia realidad; no de migrantes en una sociedad de acogida, sino de ciudadanos españoles en igualdad de derechos.

5.2. Una mirada propia hacia lo marroquí

Sí, a ver, el llegar a mi casa y tener un salón marroquí eso ya es cercanía. Es así. Y el que en verano yo me ponga mi gandora y salga al DIA a comprar, pues eso ya… Yo qué sé, sí, pues ese tipo de cosas. En plan hay cosas muy pequeñas que ya están super normalizadas, pero que en verdad son por Marruecos. La comida; por ejemplo, el ir a un restaurante marroquí y encontrarte allí a toda la morería. En Ramadán fuimos a un restaurante en Fuenlabrada y es que era Marruecos eso, te lo juro. Parecía que estábamos en un restaurante de Marruecos. Y yo, a mí eso… y dije, estoy en Tánger. ¡Estoy en Tánger! Muy guay, sí, sí. Sí, siento conexión, por así decirlo, con Marruecos, en algunas ocasiones, pero no lo… creo que lo tengo muy normalizado. (E8, mujer, 20 años)

En su articulación de la pertenencia, Jones & Krzyżanowski (2008) destacan la trascendencia de “las cosas mundanas del día a día” y los apegos —siempre “(re)construidos y (re)interpretados por los propios actores”— en la conformación identitaria, pues, si bien pueden parecer asuntos banales en su cotidianidad, contribuyen poderosamente en su totalidad a la definición que cada uno hace de sí y de su pertenencia (p. 43). Otros autores (Hedetoft, 2002; Sicakkan & Lithman, 2005) también apuntan a la importancia de la dimensión sentimental y simbólica en la construcción de la pertenencia, donde los apegos vehiculan la conformación identitaria con un cierto grado de irracionalidad. La comida, el idioma, los olores o la música son elementos cotidianos en la vida de mis informantes que de una forma u otra favorecen la afiliación al país y la cultura de origen de sus padres configurando con ello toda una intersubjetividad positiva en torno a lo marroquí.

En mi casa vivimos como… yo siempre digo que vivimos en una especie como de mini Marruecos. [Risas] En mi casa directamente… O sea, desde la decoración, la tele. O sea, es como que el contacto con Marruecos es todos los días. [...] Es como si estuvieras en una casa marroquí. Tú entras y está [risas] los cuadros del Corán, porque eso, en cualquier casa marroquí vas a encontrar un cuadro del Corán, la tele marroquí, o sea, en mi casa, es muy marroquí. (E3, mujer, 24 años)

Aquellas personas que se identifican fácilmente o que verbalizan su vínculo con lo marroquí, lo hacen en base a elementos culturales cotidianos de su vida; esos apegos y cosas mundanas que en su totalidad conforman los fundamentos de la pertenencia. Nombran con frecuencia tradiciones y costumbres adquiridas fundamentalmente en el hogar familiar y alrededor de las cuales se ha creado una cierta especificidad autopercibida en términos positivos. Hacer ciertas cosas distintas a las que hace la mayoría de personas de su alrededor les hace sentir bien; en sintonía con su parte marroquí y sin que su cotidianidad en la sociedad española se vea afectada en absoluto. Muchas de estas costumbres están rodeadas por un halo de nostalgia que los transporta directamente a su hogar familiar; esa dimensión sentimental y simbólica que vehicula la construcción de la pertenencia a través de elementos comunes relacionados con lo marroquí que ellos y ellas reivindican.

Reproducen lo que han vivido en sus casas familiares o lo que aspiran a reproducir cuando tengan sus propios hogares. Desde su autopercepción, ir al hammam, llevar determinado tipo de ropa o tener decoración marroquí en casa, entre otros, son elementos que los conectan con la cultura y el país de origen de sus padres. Igualmente, los vínculos creados entre personas a través de esas costumbres conforman una identidad colectiva en torno a lo marroquí. Existe por tanto una marroquinidad generada en el contexto diaspórico con base únicamente en elementos culturales, simbólicos y sentimentales; esa identidad que une a los descendientes entre sí y los vincula a su vez al país y la cultura de origen de sus padres.

5.3. La mirada de los otros. La marroquinidad desde la estructura social

La identidad como elemento clave de la realidad subjetiva se halla en una relación dialéctica con la sociedad y se forma, en consecuencia, por procesos sociales determinados por la estructura social (Berger & Luckmann, 1968). A diferencia de la mirada propia, donde los vínculos y los apegos libremente elegidos facilitan los procesos de identificación personal y de pertenencia, la mirada de los otros se refiere a esa estructura social que determina y condiciona mediante tensiones y negociaciones la identidad de los sujetos; esos procesos desde fuera hacia dentro que validan o excluyen la pertenencia al grupo o a la colectividad con la que los individuos se quieren identificar.

Si el reconocimiento es decisivo en “el desarrollo del sentido de sí” (Fraser, 2000), muchos/as de mis informantes desarrollan su construcción identitaria a partir de la negación del reconocimiento. Las frustraciones derivadas de no poder satisfacer las expectativas que se proyectan sobre ellas y ellos en cada uno de los mundos simbólicos por los que transitan derivan en ocasiones en el rechazo por completo de una de sus pertenencias. De igual modo, los desajustes identitarios y la disociación producidos como resultado de la acción de la estructura social sirven de fundamento para la conformación de una intersubjetividad común entre los descendientes de migrantes marroquíes. A lo largo de la etnografía realizada para esta investigación se han podido observar respuestas comunes que en definitiva pasan por (re)construir desde lo colectivo a partir de las tensiones generadas una marroquinidad propia de los descendientes de migrantes marroquíes:

Digamos que aprendimos a vivir y a ir reconciliándonos con nuestro origen, por medio de Chaabia2. Y sobre todo a afrontar los desafíos que nos presentaba lo que es la sociedad de acogida. Porque tanta responsabilidad tiene nuestra familia como la sociedad de acogida. Porque yo cojo un teléfono y llamo a un trabajo para una entrevista y por mi acento soy madrileña. No sufro ningún tipo de discriminación. Si me ves por mi físico, tampoco. Pero en el momento que digo [mi nombre], ahí ya, ojo, se lo piensan más. (E9, mujer, 47 años)

De los discursos y de las experiencias vitales de las personas informantes se desprende una “lucha” constante en su día a día por encajar en la sociedad y buscar la aceptación y el reconocimiento de sus conciudadanos. Todos y todas han experimentado en algún momento el señalamiento por parte del resto y han sufrido la discriminación en base a su condición de musulmanes e hijos de inmigrantes marroquíes. Su percepción generalizada es que la sociedad española no es consciente ni termina de aceptar su propia diversidad, y tiende en consecuencia a extranjerizar a las personas por su nombre, religión o aspecto, entre otros. Existe un señalamiento constante como marroquíes y musulmanes en su cotidianidad que desencadena reacciones diversas por parte de mis informantes, pero que afecta en cualquier caso a su conformación identitaria fundamentalmente en términos de pertenencia e identificación.

Una señora me dijo, “¡Ah qué bien hablas el español!” Y me dijo ella, “¿qué te consideras? ¿marroquí o español?”. Me hizo esta pregunta. Y le digo, “señora, usted cuando me mira a la cara ¿qué piensa?” Dice, “marroquí”. Digo, “pues cuando usted deje de pensar que soy marroquí, podré decir que soy español”. Porque aunque yo lo quiera decir, la gente va a decir que no. (E11, hombre, 39 años)

El ocio y la religión son los dos elementos principales que marcan un diferencial en la cotidianidad de mis informantes al alejarlos de la mayoría de sus compañeros y compañeras de clase y de sus vecinos y vecinas. De manera general, expresan que la práctica religiosa y los valores inculcados por sus familias no encajan en las formas de diversión que tiene una gran parte de los jóvenes de los que se rodean, más relacionadas con beber alcohol, salir de fiesta o ligar. A menudo se encuentran ante la disyuntiva de vivir de acuerdo con sus principios y valores o relacionarse y socializar con el resto de jóvenes. No quieren sentirse marginados ni aislados, pero muchos acaban alejándose de sus amigos/as de la infancia porque participar en ciertas actividades e ir a determinados espacios los hace sentir incómodos. En consecuencia, la especificidad con la que han crecido en sus casas se ve reforzada y la frustración y desazón aumentan al no poder desarrollarse como individuos sociales sin tener que cuestionarse a cada momento lo idóneo de ciertas actividades. Igualmente, no celebrar con el resto de compañeros/as festividades religiosas muy señaladas como el Ramadán o el Eid también aumenta el sentimiento de especificidad y extrañeza.

Empecé a darme cuenta cuando ya empecé a ser más mayor, en el instituto, pues haces un grupo de amigas y empiezas a salir y te das cuenta de que lo principal, que el ocio, no era el mismo. Ellas empezaron a irse de botellones, fumar, beber, chicos y tal, no sé qué… [...] Y también, a ver, yo lo he notado, cuando era más pequeña, lo notaba mucho en las navidades, en el Ramadán, cuando llegaba el Ramadán y todo el mundo me miraba raro porque era Ramadán. (E8, mujer, 20 años)

La exclusión de los principales espacios de ocio y socialización en los primeros años de juventud, unido a la falta de conocimiento y reconocimiento por parte de sus conciudadanos, empuja de nuevo a los descendientes de migrantes marroquíes a cuestionarse su identidad y pertenencia. De este cuestionamiento emerge a su vez la necesidad de redefinir su marroquinidad; su manera de estar en una sociedad diversa, encontrarse entre iguales y reivindicar sus orígenes sin por ello renunciar a sus derechos.

En España hay poca conciencia de la diversidad. [...] Siempre —y yo creo que ese es un sentimiento que tienen todos los hijos de los inmigrantes— como que tú te tienes que adaptar a las opciones de ocio, a los pensamientos, a las visiones del mundo del otro, ¿sabes? Y no puedes exigir nada, porque tú al final eres la minoría y no puedes… Entonces es como que eso también hace a veces difícil las relaciones sociales, ¿no? Porque la persona que es parte de esa minoría no se siente aceptada del todo y no se siente cómoda del todo. (E3, mujer, 23 años)

Tal y como relata E3, el elemento cultural se intensifica y acaba distanciando a la mayoría de los informantes de aquellos que no los reconocen como iguales ni pertenecen a la minoría. Frente a la necesidad de pensarse a sí mismos dentro de la sociedad y ante la falta de inclusión y aceptación por parte de la mayoría, los elementos culturales, materiales y espirituales comunes a todos los descendientes de migrantes marroquíes cobran mayor importancia —sobre todo en los primeros años de juventud— y actúan de vínculo primordial en la búsqueda de otros iguales y en la conformación de una identidad propia endogrupal que vehicule la necesidad de pertenecer a algo mayor que los trascienda, en lo que se sientan reconocidos/as y que a su vez los reconozca. En este proceso de búsqueda de iguales y reflexión colectiva en torno a una realidad material y subjetiva compartida surge una nueva marroquinidad en términos de pertenencia e identificación conformada por y para los descendientes de migrantes marroquíes en España.

5.4. Marruecos, algo más que el país de los padres

Sí, yo voy todos los veranos [a Marruecos]. Casi todos los veranos voy. [...] A mí, por ejemplo, todas esas cosas me fascinan; la calma, la noción del no tiempo [...] conectar pues con otras historias de otra parte de mí que no conecto aquí ¿no? Con la historia de mi abuela o de mi abuelo, ¿sabes? Son cosas que me conectan. La comida, escuchar el adhan, ir a las mezquitas allí. Esas son cosas que, a mí, me conectan. Luego hay una parte de identidad política y de enaltecimiento del nacionalismo marroquí que me parece una locura en un país donde hay una desigualdad social y económica brutal. Pues Allah, Al Watan, Al Malik no me parece, ¿sabes? Ese nacionalismo exacerbado, esa idea de que el Sáhara es marroquí, ¿sabes? como cosas que me generan conflicto. (E3, mujer, 24 años)

Marruecos como territorio y como espacio de interacción con lo marroquí representa para mis informantes algo más que el país de sus padres; un mundo simbólico y material desde el que se sienten interpeladas de forma particular en su proceso de construcción identitaria. Todas las personas descendientes de migrantes marroquíes en España con las que he tenido la oportunidad de conversar a lo largo de mi etnografía tienen una relación fluida con Marruecos; es un país y una sociedad que conocen y que visitan con frecuencia. Esta es quizás una particularidad de las poblaciones marroquíes en Europa frente a otras minorías procedentes de otros lugares, y muy especialmente de las poblaciones marroquíes instaladas en España, donde la cercanía geográfica con Marruecos facilita enormemente el contacto periódico con el país. No obstante, al margen del contacto físico que tengan con el territorio en sí, Marruecos está siempre presente como espacio generador de significados en torno a la marroquinidad que condiciona las subjetividades de mis interlocutores y sus procesos de identificación y pertenencia.

Todos mis informantes relacionan Marruecos con largas temporadas estivales que pasaban durante su infancia en compañía de sus familiares; los también venidos del exterior y aquellos que residían en el país. Marruecos es ante todo sinónimo de vacaciones, infancia y familia. Aun así, no está exento de convertirse también en un espacio generador de tensión. Por ello, como se muestra en este epígrafe, su (des)identificación con Marruecos tiene que ver con aquello que quieren preservar y aquello de lo que nunca se sintieron parte.

O sea, es verdad que cuando estás con la familia [en Marruecos], eres uno más. Pero luego, cuando estás en la calle y fuera, no eres uno más; eres un madrileño, eres el de España. [...] Y eso hace también que luego cuando bajamos en verano; porque sabes que todos los marroquíes bajan en verano, la Operación Estrecho, pues luego nos buscamos a nosotros mismos. O sea, yo luego quedo con mis amigos que han nacido aquí, que han crecido aquí pero nos buscamos en Tánger, nos buscamos en Marruecos. Porque es como con quien… ahí es con quien estamos más a gusto, claro. (E1, hombre, 24 años)

Según relata E1, los jóvenes procedentes de la diáspora en Europa tienden a relacionarse entre ellos cuando están en Marruecos por la extrañeza que les produce la sociedad marroquí. A pesar de que sus familias los han educado recordándoles que no eran españoles sino marroquíes, y que así debían sentirse, su experiencia en Marruecos está marcada por el rechazo recibido por parte del resto de la sociedad marroquí, que no los percibe como iguales, unido a las dificultades que ellos y ellas mismas encuentran para desenvolverse en el día a día de una sociedad bien distinta a aquella en la que han crecido, encontrando mejor refugio en los otros hijos de migrantes retornados.

En Marruecos se experimenta desde lo colectivo una forma distinta de marroquinidad —aquella conformada por los marroquíes nacidos y venidos del extranjero— en contraposición y en diálogo con la marroquinidad local —la performada o representada por las personas que viven en Marruecos y son de ahí—.

Las subjetividades positivas y negativas se combinan a la hora de hablar de Marruecos como país y sociedad con la que potencialmente identificarse o a la que pertenecer. Si atendemos a los elementos positivos que conforman la intersubjetividad de mis interlocutores en lo referente a Marruecos y que emergen de sus discursos, podemos apreciar ante todo una cierta nostalgia que conecta directamente con la infancia, las vacaciones y la familia. La nostalgia es el elemento central sobre el que articular una marroquinidad propia de los descendientes de migrantes, pues a la vez que contribuye a conformar una subjetividad positiva, aleja a mis interlocutores de la marroquinidad “real” experimentada en la infancia en Marruecos, aquella a la que confrontaban su marroquinidad importada y producida en diáspora. Conscientes de que nunca más volverán a vivir esos veranos en familia con la misma intensidad y de que sus vidas los irán alejando cada vez más de ese Marruecos experimentado cuando eran pequeños, temen incluso que el devenir de sus vidas los aleje del país de origen de sus padres y con ello de “sus raíces”. Esta vez es el territorio lo que promueve y los empuja a (re)construir su vínculo con lo marroquí; es Marruecos como territorio lo que se conforma como espacio de confrontación y negociación para esa nueva marroquinidad propia de los descendientes de migrantes marroquíes.

Y quieras o no, me alimentaba ahí [en Marruecos] muchísimo de muchas cosas. O sea, he visto que me ha aportado cosas buenas también. [...] O sea, hay valores allí en Marruecos, que aquí no hay. Y yo iba a Marruecos y todo lo que es la unión, esa comunidad, esa... O sea, al ser familias numerosas, al hacerlo todo en sociedad, la generosidad, porque ahí todo es de todos, o sea, se comparte. Ahí no es aquí cada uno con su piso, sino que es todo de barrio. Todo es… Y claro, a mí eso me aportó muchísimo. (E15, mujer, 27 años)

Al igual que en el caso de la familia y la comunidad, la confrontación y la negociación desde la que surge una marroquinidad alternativa es a menudo conflictiva y extremadamente tensionada. Ello puede provocar en algunos casos que la experiencia negativa en Marruecos culmine en un proceso de desidentificación con lo marroquí, sobre todo cuando falta el elemento colectivo. Sentirse rechazado en Marruecos como marroquí —a pesar de haber sido criado en España como tal— y experimentar la frustración que puede provocar no saber desenvolverse en el día a día en unos códigos sociales distintos a los españoles puede desembocar en un proceso de construcción identitaria reactivo, donde todo lo relacionado con Marruecos sea aquello que provoca rechazo. Durante mis conversaciones he podido comprobar que aquellos interlocutores que tenían más dificultades para identificarse con lo marroquí eran precisamente aquellos que, o bien relataban mayores experiencias negativas en Marruecos —donde no se percibía ninguna subjetividad positiva—, o bien apenas habían tenido contacto con el país. Este fenómeno evidencia la importancia del territorio como espacio de socialización en el que construir una marroquinidad alternativa. Marruecos como país, territorio y sociedad con los que se tiene contacto continuo —siempre presente en los recorridos vitales de mis informantes— los obliga también a repensarse como marroquíes desde otro lugar y frente a otro lugar.

A mí me encantaría ir todos los años. Pero cada vez que voy me siento más perdida allí, me siento más alejada. A ver, yo lo que estoy intentando hacer —empezamos ya el año pasado—, las primas de aquí organizarnos y hacer un viaje allí todas juntas, porque estamos perdi… O sea, con velo o sin velo, da igual. Que no nos aceptan. (E12, mujer, 38 años)

De los discursos se puede deducir una intersubjetividad común a todos los descendientes de migrantes marroquíes en lo que respecta a su percepción negativa de Marruecos. El único elemento de esa subjetividad negativa basado en las vivencias y experiencia de todos mis informantes es, sin lugar a dudas, el rechazo sufrido en Marruecos. Al llegar a Marruecos se enfrentan a que el resto de marroquíes no los vean como iguales y, en consecuencia, se cuestionan —a veces por primera vez— su pertenencia. Cabría preguntarse cómo se desarrollaría su conformación identitaria con respecto a lo marroquí si nunca hubiesen tenido que confrontar su marroquinidad diaspórica con la articulada por la sociedad marroquí. En este sentido, se evidencia la trascendencia del territorio como espacio de confrontación —y de conformación— de las diversas marroquinidades.

Además de la intersubjetividad negativa basada en las propias vivencias, existe también toda una serie de elementos negativos al margen de su experiencia individual que promueven la desidentificación de los descendientes de migrantes con respecto a Marruecos. Se debe tener en cuenta, ante todo, que muchos de los marcos interpretativos en los que mis informantes basan sus juicios a la hora de (des)identificarse con Marruecos beben de corrientes de opinión y de las lecturas y análisis imperantes en la sociedad española de la que ellos y ellas también participan. Los valores democráticos y los avances sociales en cuestiones como la igualdad y la aceptación de la diversidad también influyen en la necesidad de construir la afiliación a Marruecos desde otro lugar.

Para mí hay como una fractura muy grande entre como yo me siento culturalmente y luego mis ideales, ¿sabes? Es como… a nivel político-social, yo no, yo no comparto visiones que tienen muchas personas marroquíes sobre muchos temas, en muchas temáticas sociales y yo creo que ahí es donde está la diferencia. Yo me he socializado en un entorno muy distinto. Creo que en parte también ahí es donde choco con mis padres ¿no? En esa parte que tiene que ver con visiones del mundo y de otras personas, otros colectivos… ¿Sabes? Actitudes más… Yo siento que tengo actitudes más tolerantes que las que tienen mis padres. Entonces es un poco ahí la división. Entonces, en ese sentido sí me siento que estoy más influenciada por… por eso, por España y por… No sé… Y por estar socializada en una democracia al final ¿no?, que te tiene que afectar en algo ¿no? En valores, en aceptación de la diversidad, ¿sabes? (E3, mujer, 24 años)

En suma, Marruecos aparece en el discurso de todos mis informantes como espacio generador de una amalgama de subjetividades negativas y positivas, y de confrontación entre diversas marroquinidades; la de los descendientes de migrantes, producida en un contexto diaspórico, frente a la articulada por la sociedad marroquí, experimentada en Marruecos e importada por la generación migrante. Los aspectos negativos asociados a Marruecos alejan enormemente la marroquinidad diaspórica de la identidad nacional promovida y pretendida por el Estado marroquí. Ello sumado a experiencias negativas relacionadas con el rechazo y la discriminación en el contacto cotidiano con el resto de la sociedad marroquí, empuja a los descendientes de migrantes a conformar una marroquinidad propia articulada en torno a las experiencias y aspectos positivos de su relación con Marruecos. Muchos de estos elementos positivos están rodeados por un halo de nostalgia que los transporta a sus años de infancia en los que pasaban largos veranos en contacto con sus familiares y seres queridos.

6. Conclusiones

Esta investigación ha examinado los procesos de conformación identitaria de descendientes de migrantes marroquíes en la Comunidad de Madrid en relación con el país y la cultura de origen de sus progenitores. Aunque las entrevistas tuvieron lugar en la Comunidad de Madrid, cuatro de los/as informantes nacieron o están socializados/as en otras regiones de España. Por ello, cabría observar procesos similares también allá donde las poblaciones marroquíes comparten características sociodemográficas e historia migratoria parecidas, como Andalucía, Cataluña o la Comunidad Valenciana.

A partir de los resultados obtenidos, podemos inferir la existencia de una intersubjetividad propia de los y las descendientes que, a diferencia de la generación migrante, sienten la necesidad de construir activamente una relación de afiliación con lo marroquí, mientras que en sus padres esta se da de manera más “instintiva” (Said, 1983 [2006]). En este sentido, se han identificado distintos espacios de socialización desde los cuales se construye una marroquinidad posmigratoria, diferenciada de la marroquinidad importada por la generación migrante y en diálogo constante con las vivencias en España y en Marruecos.

En primer lugar, la familia nuclear y la comunidad marroquí-musulmana en España constituyen los principales espacios de socialización primaria. En ellos se producen las primeras tensiones y negociaciones en torno a la pertenencia, así como la diferenciación con respecto al contexto externo. Como resultado, las personas descendientes de migrantes marroquíes tienden a buscarse entre sí para construir colectivamente una marroquinidad distinta a la de la generación migrante. En esta búsqueda emergen afectos y elementos culturales de la vida cotidiana, elegidos de manera más voluntaria —afiliativa—, que conectan positivamente a estas personas con la cultura y el país de origen de sus padres. Esta mirada propia hacia lo marroquí fomenta los procesos de identificación personal y de pertenencia a nivel individual, que posteriormente deben ser validados y negociados en el seno de la sociedad española, donde la falta de reconocimiento condiciona de manera significativa dicha construcción identitaria.

El tránsito continuo entre estos distintos espacios —familia, comunidad, experiencias personales y estructura social en España—, así como las tensiones que en ellos se producen, favorece la aparición de un sesgo endogrupal entre las personas descendientes de migrantes marroquíes, elemento necesario para la conformación de una comunidad en diáspora. No obstante, este sesgo no es exclusivo de este colectivo, sino que puede encontrarse en otras minorías étnico-raciales, migrantes o religiosas. Lo que diferencia a un grupo diaspórico es la orientación sostenida del endogrupo hacia un lugar, físico o simbólico, distinto al de residencia (Safran, 2004). En este caso, Marruecos emerge en la subjetividad de las personas informantes no solo como el país de origen de sus padres; sino también como un territorio conocido y frecuentado, y como un espacio relevante de interacción con lo marroquí.

En relación con las experiencias individuales, la investigación identifica una intersubjetividad positiva especialmente vinculada a la infancia, la familia y las estancias vacacionales en Marruecos. Si bien determinados aspectos, como la situación política del país o algunas dinámicas sociales, pueden generar distancia, las relaciones familiares y sociales cotidianas, así como las tradiciones y prácticas culturales son señaladas como elementos que refuerzan el vínculo con lo marroquí. Por otro lado, la falta de reconocimiento como iguales dentro de la sociedad marroquí, junto con las dificultades para desenvolverse en sus códigos sociales, contribuyen a la configuración de una marroquinidad diaspórica, distinta tanto de la marroquinidad dominante en Marruecos como de la transmitida por la generación migrante.

En definitiva, estos procesos apuntan a indicios de una progresiva diasporización de las poblaciones marroquíes en España. Este fenómeno implicaría una transformación en la construcción de la pertenencia, que pasa de una filiación involuntaria, propia de la experiencia migrante, a una afiliación voluntaria característica de las generaciones descendientes. Así, las poblaciones marroquíes en España ya no están compuestas únicamente por personas migrantes, sino también por ciudadanos y ciudadanas nacidos y socializados en España que, desde su autonomía, construyen sus vínculos con Marruecos de forma activa y colectiva. Esta afiliación voluntaria, desarrollada en el contexto español y en diálogo con la generación migrante, permite empezar a hablar de formas emergentes de una marroquinidad diaspórica con rasgos propios.

Declaración de datos

Los datos analizados en este estudio no están disponibles públicamente debido a los compromisos de confidencialidad acordados con las personas informantes. No obstante, los datos necesarios para respaldar los resultados de este estudio se presentan de forma anonimizada en el artículo.

Agradecimientos

Este artículo se enmarca en los resultados del proyecto Los legados históricos del Magreb en disputa. Discurso, nación y ciudadanía (PID2024-157462NB-100), financiado por la Agencia Estatal de Investigación, Ministerio de Ciencia e Innovación, MICIU/AEI/10.13039/501100011033/FEDER, UE.

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